Entra en casa, la madeja se enreda por las estanterías y enredará tus tobillos.
En la puerta de mi habitación el viento vuela mis textos.
lunes, 16 de junio de 2014
Camino del Cierzo
Cuando estoy en Madrid nunca puedo respirar.
Cuando estoy en Londres nunca me ahogo.
Repito frecuencias desubicadas, abro brechas en el aire, camino sin estrujar las ramas de absurda hierba que no cierra mi paso.
Y no puedo respirar, como cuando no puedo respirar, pero sin motivo. No intento escribir la frase, porque no hay gramática.
Cuento las baldosas de la acera hasta perder la cuenta y entonces vuelvo a empezar. Me peleo con los espacios no conocidos y aprieto los ojos muy fuerte, como cuando se me caían las piedras de los bolsillos.
Alguien me interrumpe en mi vacío.
-Se le ha caído.
-¿Qué?...What?...¿Qué?
Me mira desde muy lejos. Son los segundos justos de quien espera antes de irse, sin seguir lo que empezó, porque realmente había dudado ya antes de parar.
Se va.
Se me ha caído. Mi diario. Este no es el diario de Londres. Lo recojo por si acaso, lo sujeto flojo, con la esperanza de que se caiga de nuevo. Camino.
Los belfos me ablandan las comisuras y la saliva empuja y se abre un surco, goteo, las baldosas de la acera me pretenden.
Agujeros, piedras, vacíos en mi ropa.
Intento pasar desapercibida y reanudo la cuenta.
1...2...3...4...
viernes, 23 de mayo de 2014
...sábado...la ratonera...
Entonces Alicia otra vez, la casa se ha vuelto pequeña, tan pequeña que ya no es habitable. Nos hemos arrinconado en el espacio que hay entre el sofá y el suelo, pero es muy incómodo, sobre todo para ella, que sin ser Alicia, es gigante. Yo intento no moverme, pero como no paro de toser a cada golpe de tos me doy con la espalda en el suelo del sofá y me está saliendo un moratón horrible. Ella quiere mirarlo a toda costa, pero yo le dijo que no se mueva, que luego no va a poder volver a encontrar la postura y con lo que aquí tardan en venir para solucionar cualquier reparación pues que se le pueden ir los meses, no sé, la verdad es que ya no sé qué decirle porque la situación es tan descabellada que disimular es peor que no, pero una siempre piensa con esta moralina cristiana que le dejó no se sabe quien, que mejor no hablar de lo malo, aunque sea evidendente, porque así todos se sienten mejor. Yo me pregunto si ella se siente mejor.
Hoy no comemos, se nos ha olvidado con tanto pensar en como acomodarnos, y otra vez la tos.
viernes, 28 de marzo de 2014
Adolescentes
Alguien me ha avisado de que se me caía, he mirado su cara de cacahuete, sus ojos de insecto apuñalado, su olor de madre de vinagre.
- No me mires, no me preguntes, no te me acerques, don´t touch my stuff...
- Are you Spanish, are you French, are you Spanish, are you Spanish...what..? what..? shut up, are you Spanish, miss, miss, miíss...
Me estoy tragando la bocanada de vómito, pero va a volver, sé que va a volver porque siempre pasa.
Están delante de mí, con su cara aplastada y brillante de pasa prematura, apestanto a sudor y
a colonia de marca o de mercadillo, o a sudor mezclado con la colilla rechupada del último cigarrillo.
Desgarbados, desaliñados, sin belleza, sin sentido, abortados y embotados y embobados, embrutecidos, uniformados, repetidos, repetidos, repetidos...every where.
Y lo he hecho, he mirado, he dibujado con mis pupilas montañas de adolescentes asesinados, descuartizados, desangrados...y caminaba con mis Doc Martens de tacón de aguja y clavaba la punta en su carne deshidratada, cercada de infancia y mancillamiento, deshilachada y perdida. Caminaba, clavaba una vez más el tacón y sentía el sonido aceitunado de su piel apretada y tenía que esforzarme para mantener el equilibrio. Arriba, más arriba, montañas de muertos, y los odiaba y los expulsaba y los olvidaba mientras olvidaba que un día los amé, porque no son nada, tan solo el error fallido de un experimento de laboratorio...
Aún tengo los bolsillos de mis pantalones rotos y se me pierden las palabras.
Arriba, estoy arriba, pongo mi culo sobre sus cuerpos desparramados y me olvido de que existen, de que algún día existieron. Tiempo erróneo que solo pasa una vez y tan fugaz, que no es nada, los eternos olvidados que un día me desviví por revivir.
Descanse en paz
Antes...ahora
Antes era una persona, ahora soy una lombriz. Antes era una profesora, ahora soy una aspiradora. Antes barría la casa, planchaba mi ropa, regaba las plantas, paseaba a mi perra, ahora no soy nada.
Esta noche duermo sobre una montaña de ropa sucía, es la única manera de no hacerme pis en la cama, la taza de wáter es inaccesible. Antes, pesaba 63 kg, ahora, no tengo báscula. Antes tenía sentimientos, ahora solo emociones. Antes tenía amigos, ahora miro sin ver, oigo sin escuchar, no hablo, no toco, no huelo.
Nariz de hojalata, pezón de chapa, dedo de alambre.
Antes creía, ahora no creo. Antes creaba, ahora cultivo acelgas. Antes tenía voz, palabras, sílabas, ahora recojo mis pensamientos en un único sonido de mantequilla de cacahuete. Antes era amable, ahora no respondo, antes me gustaba imaginar, ahora no pienso. Antes, antes, cuando era grande...
jueves, 27 de marzo de 2014
Itaka, Constantino Kavafis
Cuando emprendas tu viaje a Itaka
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaka en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaka te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el
Howl by Alan Ginsberg (for Carl Solomon)
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