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viernes, 13 de enero de 2017

El caracol



Soy caracol. 

Tengo concha, coraza y escaras de piedra salada, fósiles que el mar ha olvidado en mi superficie. 

Mi cuerpo se arrastra desnudo y deja un rastro de espuma invisible, una espiral de agua y burbujas que no llegan a explotar. El pavimento está helado esta noche y mi piel se va congelando en su recorrido. 

fricción

vacío

soledad

Llevo sobre mi lomo el peso de mis pertenencias que es nada. Las empujo hacia mi caracola para cargarlas todas en un viaje y descubro que son mi hogar. 

Soy la caracola.

Soy mi techo y mis recuerdos. Soy mi texto, mi legado, mi soledad ambulante. Soy mi casa. Soy la casa. Recorro el mundo o las calles de Londres cargando mi nada, olvidando en mi baba la ruta preconcebida. 

Tengo mi casa y la abandono cada amanecer. Durante la mañana busco un lugar para asentarme y empleo hasta la tarde edificando. Sueño con el hogar que me guardará del frío por la noche. Entonces duermo. Tengo mi casa.


miércoles, 30 de octubre de 2013

...martes...multitud


Hay veces que la necesidad de escribir se convierte en un vómito o en un aullido, yo ya lo sabía. Pero el aullido se vuelve hiel cuando no puede salir en forma de bocanada rabiosa o de mariposa bocetada. Y ahí estás, con toda la bilis encajada en tus encías, empujando, intentando hacer entender a todos que es una necesidad imperiosa. Pero la boca no se abre y no hay salida y cuando no hay salida, se vuelve de nuevo hacia atrás, absurdamente hacia atrás y hacia atrás no es retroceder ni cambiar ni siquiera renegar, hacia atrás es, no vomitar. Es tan solo volver para atrás lo que venía empujando, dejar que la bilis recorra el camino de retorno y que vuelva a algún lugar, porque tú te has quedado con las ganas y te das cuenta entonces de que vomitar no era nada especial y de que podrías vivir aguantándote las ganas, más de lo que pensabas, pero también sabes que si eres honesta contigo misma, no podrías resistir eternamente, no podrías aguantar el vómito por mucho tiempo. Es igual hacia adelante o hacia atrás, simplemente no podrías.
Y pasan algunos días, y te preguntas de nuevo por qué has vuelto a perder el camino desde la cama al cuarto de baño, te preguntas por primera vez cómo es posible olvidar algo que ya creías saber de memoria o que sabías de memoria, pero no. 
Entonces empiezas a pensar donde podrás arreglarte y te acuerdas de la biblioteca y la añoras y entonces parece que ya tienes pasado, que eres algo y que te pareces a todos los que ves por la ventana, a los que van a trabajar o vienen de comprar leche o llevan el periódico en la mano o el paraguas o esperan el autobús, como Ella. Y tú te quedas en el pasillo, mirando todas las manchas de humedad que han quedado impresas en las paredes y todavía escuchas el sonido del agua goteando en la cocina y no te atreves a encender la luz, porque es demasiado brillante y ya no hace gracia.
Y vuelves a soñar y vuelves a soñar y vuelves a soñar...y te acuerdas de cuando te sentabas en el balcón. 
Y hace frío otra vez. 
Y cada noche lo mismo otra vez. 
El aeropuerto, la maleta, María que a veces es otra vez pequeña y mamá y papá que me miran sin resentimiento y el aeropuerto, cada día diferente pero siempre un aeropuerto y el tiempo y el reloj y la prisa porque no puedo olvidarme de que tengo que llegar a tiempo, porque el avión despega y yo ya no me puedo arrepentir ya no puedo pensar y a veces voy con Ella, pero no siempre. Cada noche, cada noche, cada noche...eternamente y sin pasado, cada noche, cada noche...
Y se convierte en algo cotidiano soñar cada noche con que te vas de España y es ya una rutina despedirte cada noche y podría ser ya un hábito de vida o tal vez mi pasado en la Isla, pero el caso es que es tan solo un sueño, un sueño nocturno que se repite incesantemente, insaciablemente, incansablemente, implacablemente...
Sola, muda.
A mi alrededor el sonido aumenta, ruge, crece, se enrabieta y yo sigo golpeando el teclado, con la luz blanca de la pantalla que me delata y tal vez nadie me mira y tal vez...multitud.

lunes, 3 de septiembre de 2012

31/8/2012


Ultimo dia. Mi viaje ha terminado. Mi ordenador blanco y pequeño escribe ahora en modo ingles y no tengo tildes. Escribo esta entrada con el dolor encajonado en la maleta de mano, escribo porque el tiempo pasa implacable y los acontecimientos no puedo detenerlos. Me hubiese gustado tantas veces cambiar el eje del planeta. Hoy por ejemplo, ella estaba entre mis brazos, me sostenía con fuerza increpando mi belleza en el arsenal de la niebla. Me empujaba contra la columna y ahogaba mis palabras. Me soñaba con fuerza de luchadora de esgrima y me decía, Don’t give up.
London me espera en Angel, Am I an angel, my love?
Volvere a tus brazos,  volvere a este London de sudor repetido, volveré a sus calles humedas de envoltorios de comida, volveré a Hackney, volveré a ¡casa! volveré a mi vida, volveré con una maleta diferente que no contendrá ropa, que contendrá simplemente tazas para el te. Una maleta llena de envoltorios de caramelo azul.
Hay días confusos, días en los que no se puede vivir, porque la vida es inmasticable. Hoy por ejemplo, no logro pasar por mi garganta este trozo de tarde que se me ha atravesado.
Quiero un planeta para mi sola, quiero olvidar mi existencia en orgasmos, quiero deglutir esta espuma amarga que me deja siempre la vida en las comisuras de los labios. Quiero que pase el tiempo y agotar en mis besos el absurdo. Quiero beber agua en tragos absurdos y locos.
Hoy no es un dia para escribir, pero nadie me ve. Llevo aquí dos meses y me he convertido en las letras pensadas, ahora nadie me ve. He logrado derrotar al tiempo. He logrado dar esquinazo a la ansiedad que me quería derramar en el aeropuerto. Pero sigo siendo un párrafo.  No, no es un dia para escribir. Pero mi blog se merece una ultima entrada para London’s diary y es esta. Pobre entrada en un dia donde el limite entre la vida y la muerte, la razón y la cordura, se besaron antes de entregar el pasaporte.
Esta tarde, he vencido a la locura.
London’s diary acaba aquí, no necesito mas este diario. Volvere a Londres, pero ya no contare los días.
Lo vivido esta aquí solo en una pequeña parte, porque este diario nunca entenderá que yo no fui a Londres de vacaciones, que no fui de viaje, que no lleve ninguna maleta. Pero este diario hablaba cuando yo aun no sabia que podía decir, cuando yo era un puente entre old y new. Ahora ya no necesito relatar como una tarde en una acera de Dalston Kinsland encontré un pedazo de mi camiseta de rayas. Ahora ya no necesito narrar. La búsqueda acaba aquí. La interrogante se cierra  en una piel oscura, en el segundo piso de un autobús, en un trago de alcohol. La interrogante queda como una pieza de museo. Porque pensar ya no es pensar, pensar es solo seguir pensando. Los valores se han destrozado, el caos impera en el descansillo. Ya no tengo casa, ya no existe la casa, porque la casa es un espacio infinito donde me escondo en un pijama verde.
Tal vez en un rato me quede dormida.
Solo una cosa mas.  A veces, no puedo reconocer la realidad, como ahora.
Tengo que pensar, mañana.

sábado, 25 de agosto de 2012

24/8/12



Escalfada, en aguas podridas, marrones y turbias. Sola sin brazos. Recordando lo olvidado. No estoy, me busco en el agua berenjena y los ojos se me llenan de fango. Tengo apenas 12 años, la adolescencia llama a mi puerta y me interroga, quiere saber si me hallo, me trae el reloj, me agarra con violencia la muñeca para calzarme sus agujas. Yo me deshago, me desprendo, me desaprieto, me corro con mi dedo índice y me renuevo gastada. No hay nada que decir, no hay ya nada de lo que hablar. He olvidado mi idioma, he perdido mis referentes, no soy nada y no me pienso, ya no me tengo.
Vivo sin días, recorro mi voz para no reconocerla y me encuentro con tus manos oscuras. Tengo apenas 12 años. No he tenido tiempo para crecer. He salido apenas de tu regazo porque nunca me quisiste, porque me empuñaste sin ganas y me abandonaste en un cajón vacío, pero allí estaba la madre, la verdadera madre, la que me acompañó pero nunca me perteneció.
He bajado al Thames a ver si te encontraba, pero tú nunca estabas. No te llamaba, porque me anegaba en orines líquidos y me quedaba exahusta. Manejaba las noches con torpeza reconocida, me escondía en los pasillos oscuros caminando sin hacer ruido, recogía mis destrozos en la lavadora soñando con  no ser descubierta.

Podría herirme, pero se lo he prometido.

martes, 21 de agosto de 2012

21-8-12


This is the thinking's balcony, this is the passings's balcony, this is the doubts's balcony...this is my English.

lunes, 20 de agosto de 2012

Ganas de vomitar


Nada ha cambiado, en Essex Road estaban asfaltando la calle y he vuelto a sentir esa sensación de que la vida sigue su curso. He estirado el brazo en el segundo piso del autobús, creí que se me escapaba un globo, nadie me ha mirado salvo cuando me he golpeado la cabeza contra la barra. He vuelto a calcular mal, he perdido el globo, alguien me ha tranquilizado y sin embargo no ha sabido responder a mis preguntas. Tengo frío porque llevo los calcetines rotos y la lluvia se me cuela entre los dedos todos los días. He recorrido varias veces el camino al cuarto de baño para intentar vomitar, pero no sale nada. Se me he indigestado el porvenir y la náusea no me deja respirar. El miedo intoxica mi sangre y solo quiero dormir. Voy a luchar contra él, la vigilia me adelgazará las manos y podré dejar de escribir definitivamente. La comida se pudre en la nevera y he decidido andar desnuda por la casa. Sé que hoy no vendrá el monstruo, tal vez más tarde saldré a gritar al balcón, para llamarle, sé que de nuevo escandalizaré a los vecinos, pero ya no me importa. Se me han roto todas las tazas de lunares entre las manos y me sangran los dedos. Así es mejor, porque me olvido del frío. No voy a dormir no, no voy a dormir...
Si hoy fuera el otro día, hablaría de Londres, escribiría como las ciudades son igual que los grupos de amigos, diría que cuando se juntan seres magníficos la espiral asciende del círculo y todos se paran a mirar, todos sienten envidia y desean pertenecerles, diría cómo esta ciudad es como esos grupos, como esos amigos que se encuentran y todos quieren serles. Diría más y más cosas, podría pensar y desarrollar ideas que ahora están en mi nevera, pudriéndose con la leche amarga que me recuerda al té inacabado. Si hoy fuera el otro día...

jueves, 9 de agosto de 2012

9-8-12


Acabo ahora de barrer la entrada de mi casa, mi verdadera casa no tiene techo, solo un balcón por donde veo pasar la vida desdibujada, donde entiendo en este pliego de frases que se diluyen en la lluvia londinense detrás del cristal que, no hay palabras, que no puedo leer la vida, que finalmente el libro que llevo toda mi vida buscando en las librerías de viejo, no se ha editado. Tantos días perdidos en las ferias del libro, en las bibliotecas, en los kioskos, en las esquinas...tantos días para olvidarlo finalmente...no libro.
Pero, entonces me doy cuenta de que no sabía leer, claro, me digo, aquellos métodos infantiles...no leer, solo escribir, escribirme a mí misma para no ser. No ser. Olvida el principio de la frase, no tiene coherencia, ¿buscar la coherencia? ¿a la vida? ¡Ja!
He barrido como siempre hago, porque hay acciones, olores o sabores que siempre se cuelan en tu maleta, porque no es posible dejar todo en casa, ¿casa? ¡casa!
Mi maleta es una porquería, ayer fui a coger unas bragas limpias y resulta que se está derritiendo.
He colocado de nuevo la esterilla en su sitio y no he regado el laurel. Hoy no me toca.

martes, 7 de agosto de 2012

7-8-2012



Rosas rosas, rosas mentirosas, rosas olorosas, rosas embaladas, rosas acompañadas, rosas confundidas, rosas mezcladas, rosas estampadas, rosas soledadas, rosas que gritan, rosas que agarran, rosas que escupen, rosas que amarran, rosas que callan, rosas que aguardan, rosas abandonadas, como mi perra, abandonada. Olvidada en la trama de mi confusión de los días bestias, rosas con el olor de mi perra que también olía a rosas. Rosas de Proust, rosas inglesas, rosas inglesas, rosas inglesas, rosas de Londres, rosas estúpidas, ingenuas, destrozadas, magestuosas, rosas y rosas y rosas y rosas y rosas y rosas y más y más rosas. Rosas como las que recibía mi madre entre borbotones que eran nauseas de hombre desesperado, rosas con pelos, rosas desnudas, rosas que me enseñan su coño virgen, rosas vírgenes, rosas vírgenes, rosas vírgenes, como era yo, ayer.
Me acurruco, me duermo, me estampo, me busco, me llamo.
Me lamo.

martes, 31 de julio de 2012

PÁNICO o 30-7-2012


Cuando me he levantado estaba colgada de la lámpara de la cocina. No sé de qué modo extraño he llegado ahí y me he quedado dormida. El viento entra por el resquicio de la ventana y me da en el rostro. Ya no me recuerda a nada, qué extraño, me digo. Escucho en mi cabeza la guitarra de Jimmy Hendrix y quiero salir al balcón de la calle. Quiero ver pasar el tren detrás del cristal de la baranda por si es un lugar común, un punto de referencia. 
No sé cómo bajar de la lámpara y me está entrando hambre. Tengo que aprovechar porque la comida se me está pudriendo en la nevera, la casa se llena de polvo y la suela de mis Doc Martens está cubierta. 
Se me ha bloqueado la garganta y no puedo tragar saliva, siento que no puedo respirar. Es curioso, me digo, porque es el primer día que me pasa desde que he llegado. 
La guitarra sigue sonando, me pregunto si alguien ha subido el volumen del equipo y se está riendo de mí, por mi extraña ubicación.
Me gustaría llamar a la vecina turca, pero no me sale la voz. Miro al suelo y en la basura se pudre una flor. 
Estoy sola y la calle también está sola. De pronto me pregunto si soy el único ser vivo sobre el planeta y me viene la ansiedad. Aquí en la lámpara es más complicado, porque no puedo moverme por si se rompe el cable y la inmovilidad, acrecienta mi ansiedad. 
Tenía miedo a irme a la cama y aquí en la lámpara no puedo alcanzarla. No sé cuánto tiempo me queda aquí, en la lámpara, pienso que tal vez no pueda volver a pasear por estas calles ni subirme al segundo piso del autobús.
No me importa no comer, pero tengo miedo por si me siento inmensamente sola.

viernes, 27 de julio de 2012

26-7-2012


I'm exhausted.
My eyes sting.
I have worked all day on my theatre monologue.
I have gone out to the balcony so that the breeze caresses my skin.
I want to see the view from afar.

miércoles, 25 de julio de 2012

martes, 24 de julio de 2012

23-7-2012


Me he despertado con la ropa de ayer llena de barro por todas mis pesadillas. Esta noche, la cama se ha revuelto y no he podido conciliar el sueño. Casi no me da tiempo a dormir de noche. En el Círculo Polar apenas dura la luna. Yo intento eludir al amanecer, pero me acosa implacable.
He viajado muy lejos para no encontrarme a nadie por la mañana cuando bajo a comprar la leche, para reordenar todas mis contradicciones mientras me distraigo con esta sonrisa feliz a todas horas, como si estuviese encantada, mientras intento entender qué moneda tengo que sacar ahora. 
He querido borrarme del mapa camino a casa, el sol delataba la soledad y la puerta se cerraba sin ruido. 
En casa, en el balcón corredero donde asoman todas las puertas, he encontrado la paz. Hay un pequeño escalón donde me hago la ilusión de que es verano, de que estoy en casa, y este aire atlántico que continuamente me roza el rostro sin que yo quiera. No puedo esconderme de él, es demasiado sexual para eludirlo y me huele y me encuentra, aunque esté cansada, aunque esté distraída, aunque esté concentrada. No respires, viene una ola de arena...fffffffffffffffffffffffffffff.....plaf!!!
Los vecinos viven en Turquía, su país tiene dos metros cuadrados y se apuntala sobre una alfombra que siempre está tendida en la baranda, como para dismular, como para que ese aire natal, como mi océano, no les dé todo el tiempo en el rostro y sientan demasiado la añoranza.
El verano es extraño porque pone estos brillos que delatan quién eres.

lunes, 23 de julio de 2012

22-7-2012

                                    The sun is the sun is the sun is the sun.


No encontraba la postura y al mismo tiempo me acomodaba como en una casa. He sentido la presencia de lo desprendido. Me he fascinado con lo de siempre, como si no me perteneciera. No tengo nada, no quiero que nada me pertenezca. Me desprendo.
Hoy volveré a dormir con la ropa, desde aquí, no se escuchan las campanas. 
Espirales de música dormida.
Cuando sienta tanto frío, me cubriré sin pensar.

sábado, 21 de julio de 2012

20-7-2012



No quiero pensar en el calendario, realmente me angustia la idea de irme, porque no quiero irme, porque me quiero quedar a vivir aquí, porque aquí, aunque no salga el sol, me sobra el espacio.
Hoy es la primera vez que he sentido una infinita alegría al ver el sol, aproximadamente han sido 15 minutos, suficiente para ser consciente. Es curioso, ha tenido más capacidad el sol para hacerme consciente que nada en estos días. Sí, porque no pienso apenas, I come just me. Incluso creo que pierdo cosas, me olvido de lo que me había propuesto y no consigo ajustar la lógica a este cerebro prestado. Tal vez sea por lo de los idiomas, verdaderamente creo que mezclar las lenguas es entrar en la dislexia, aunque siempre he pensado que yo la sufría, sin embargo solo me ha servido los primeros días para librarme de morir atropellada. Desde que hablé con la niña pelirroja he sufrido tres o cuatro momentos de infarto, me refiero al conductor, aunque tengo que decir que su cara era como si nada, yo, con mi look suicida que me colgué en los días bestias, me río de los pasos de cebra y de los night bus a pesar de que Blogopausas se desquicie en España.

Hoy me he topado con el río, estaba cubierto de bombillas y no se podía diferenciar el agua. Como las bombillas estaban encendidas toda el agua se ha electrocutado y las pequeñas olitas han convulsionado varias veces. Como me suele ocurrir, nadie ha visto nada, ni siquiera la niña de Pakistán, aunque ella solo, por un momento a entrecerrado sus ojos como si hubiese notado algo, pero luego ha vuelto a masticar su burrito y ha mirado por la ventana del autobús. Yo he tenido ganas de subirme al piso de arriba, como siempre, y saltar por la ventana y nadar volando como en mis sueños. Se me ha ocurrido que podría cruzar el río sin mirar a ningún lado por esta vez.

viernes, 20 de julio de 2012

19-7-12



A veces me pasa que al entrar en casa pierdo la cuenta. Hoy por ejemplo, mientras se hacía de noche no lograba contar cuántas personas había en mi casa. He probado con el dedo, pero me temblaba la mano y las citas se multiplicaban entre mis dedos ciegos. Debe ser por esta sensación de hambre que me entra cada noche un rato antes de irme a dormir. Siento ahora, por ejemplo, ganas de desayunar.


La soledad es un arma de doble filo, he entrado tímidamente a la cocina, por si alguien cabalgase a lomos de las vías del tren y no había zorros. He sopesado de nuevo la posibilidad de hacer equilibrismos sobre el filo cortante, como en los días de las agujas. He cerrado muy fuerte los ojos y he soñado que me mordía y que me agarraba hasta la sangre, he suplicado que me lamiese unas heridas desvanecidas, aunque se hicieran visibles. Aunque la sopa de la cena se llenase de dientes macilentos. He rogado su aullido inmaculado, he gemido hasta la afonía para que me pisase el alma con su garra sucia y su uña desgastada, la he llamado sin pausa, he perdido el hilo de mi respiración en una circunferencia de sabor a tiza, en esa espiral dulce de los días de la fiebre, cuando todo anunciaba lentamente el vómito negado que siempre se esparcía por la cama y me manchaba las piernas, como en la noche de tu orín, he perdido el rastro de tu pelo embarrado y el calor animal de tu vientre. 
Me eludo a mí misma en este mundo que me he inventado para apurar mis días en dos meses, para empezar de nuevo y no volver a casa. En este mundo donde he borrado con rabia, incluso tu amor. He apurado en excrementos todo lo cálido para no volver a recordar el sabor a hierro oxidado de tu aliento materno. El hálito de los días de invierno, de las tardes infinitas donde me evaporaba en palabras de hienas.

No pienso resurgir, he exiliado al ave Fénix porque ya no creo en sus plumas de fuego fatuo. He recordado el veneno de la soledad desterrada. He entrado en casa, y no había nadie. 
A veces una, puede girar la cerradura y, al poner un pie en casa, tambalearse apenas ante el acantilado del pasillo.

jueves, 19 de julio de 2012

18-7-2012

Torres de Babel
lujurias encontradas que secuestran amores olvidados
penumbras desgastadas en poéticas sin nombre.
¿Dónde estás?
Me invento tu idioma para soñar que me escuchas.
Desde la sala vacía
llega el goteo de los grifos oxidados.
Todo aquí oxida las estrellas,
luminarias desoladas.
Tabícate en los hombros de los ojos anónimos
para regalar a la amanecida,
tan solo palabras sueltas.
Reconoce que me escuchas
admite que mi palabra
acaricia tu oído sordo.

El pan recién horneado se ha quedado mudo
la leche de nuevo se agria en la nevera
y entre los dedos se te han colado margaritas ingenuas.
Revíveme, estoy cansada de soñar con parajes afirmados,
salid a la calle.
Nadie  hablará allí, vuestro idioma.

Dormid, dormid, malditos...

miércoles, 18 de julio de 2012

17-7-2012


Recorro calles de nuevo, esquinas que vi por primera vez a mi llegada. Cuando no sabía nada y ya me dejaba llevar por esta ciudad con sabor a galleta revenida. Cuando no reconocía nada, solo un poco por los días que vine, por las primeras veces, cuando no viví, cuando solo venía. London Fields es un espacio que reconozco poco a poco, pero que he pisado ya varias veces con mis deportivas. Allí hay un prado inmenso y hoy he sentido el frescor atlántico en mi rostro, el olor a hierba recién cortada, como dice blogopausas. Su nostalgia es mi mirada ingenua, una mirada que a veces no mira porque se envaga entre ensoñaciones y supervivencias.
Mis alumnos dicen que sus diarios son muy subjetivos. Como si eso importase. Mi diario es mi respiración en esta ciudad donde puedo respirar desde el primer día. Mi diario es mi agradecimiento a sus calles que me permiten posar las suelas de mis Doc Martens una y otra vez. Mi respiración pausada y mi mirada ondulada que puede pasarle desapercibida.
Hoy he querido fotografiar London Fields, el parque de los perros diferentes donde giro cada día, para que me duelan las piernas, porque necesito sentir los músculos clamándo adormecidos en su insomnio doloroso.

martes, 17 de julio de 2012

16-7-2012


Está amaneciendo, la verdad es que siempre he sido un desastre para esto de irme pronto a la cama. Recuerdo cada vez cuando mi padre se asomaba feliz por el hueco de mi puerta, creo que le fascinaba cuando comprobaba que a las cinco de la madrugada aún seguía escribiendo cartas. Voy a hacer una foto a este amanecer, para recordarlo como recuerdo aquel desde la pista, el de nuestro amado pueblo, ¿recuerdas petit?
He pasado todo el día danzando por las calles de Londres, en Wapping, he decidido subir al tejado del overground, nadie me ha mirado, porque aquí, claro, nadie te mira, no importa lo que hagas.
La verdad es que el motivo de este amanecer es que hoy quería retocar el blog. No sé si alguien lo leerá por segunda vez, tal vez ella lo haga, pero lo cierto es que lo retoco y a veces lo reviso por la mañana, sobre todo cuando me he quedado dormida escribiendo. Tal vez también, ese sea el motivo de que esta entrada sea la típica entrada de blog, donde el blogger habla literalmente de su día en este estilo literario entre coña y poesía. En cualquier caso, mi madre se alegrará de leer este sencillo relato de mi día.
El caso es que en Wapping he danzado sola sobre el tejado del tren y sin miedo a perder el equilibrio, eso sí, he tenido que agachar la cabeza para no golpearme con el túnel, aquí todos los túneles son muy bajos, tanto los de peatones como los del metro. He invitado a bailar a la niña pelirroja, pero tenía miedo de hacerse un esguince y no poder ir mañana a trabajar a Camdem.
Me he colgado del techo de una nave hidroeléctrica y se me han desprendido de los pies, chispas de iones electrificados, ha sido divertido, por eso me he guardado algunos en los bolsillos, porque sabía que podría estrenarlos esta noche larga.
He volado congelada por las calles aledañas a Trafalgar Square y me he puesto a cantar a gritos, como si fuese la protagonista urbana de un Chagall londinense que coloca a sus amantes sobre paradas oxidadas de autobús.
Pero me he quedado prendida en el ángulo de una de ellas, la del 38, y por eso, no he podido volver hoy a casa.

domingo, 15 de julio de 2012

15-7-2012


He perdido el mar, sin darme cuenta lo acabo de borrar todo y ahora no puedo pronunciar palabras. Se me juntan todas en la cabeza como en un cortocircuito puntiagudo y olvido todos los idiomas. Camino traduciendo palabras sueltas que crean un idioma absurdo, sin embargo mi pensamiento juega al intelec. Aquí no hay descanso, no hay recreo para el pensamiento porque las palabras mojadas están en continua lucha y pelean duro por conquistar su territorio. Las neuronas bailan el charlestón con coreografías de bollybood y nada pasa. La verdad es que ahora no sabré como pintar esas olas planas de una tierra de nadie donde nada pasa, donde no hay sonido, donde el tamaño de las cosas está a escala de mis cuentos favoritos, de mis ensoñaciones de niña donde deseaba ser liliputiense. Parece que he llegado al país de Gulliver. Ayer por ejemplo, nos sirvió cerveza con patatas en la taberna del bosque, sonreía continuamente, porque es un hábito la cortesía. Otra vez me he quemado la lengua, siempre viva, como frotada hasta el delirio. Pero no hay besos.
La música sigue sonando y en el armario se ordenan todas las gominolas de Canterbury, me sigo preguntando cómo se llamaba aquel escritor. Seguro que mis alumnos lo recuerdan. Se han llevado, como yo, los libros amarrados en su maleta y como a mí, las letras se les escurren de las hojas impresas y cuando se van a vestir, se les llena la boca de trazos de tinta negra. Por la noche duermen y las piernas, les siguen creciendo. Yo esta noche he vuelto a soñar que crecía y que los pies me llegaban hasta la ventana de Londres donde se proyectaba de nuevo otra historia de violecia. No he querido recordarte por la tarde, porque hay demasiado dolor en nuestros costados como para que se nos caiga de la boca. Tú cierra los ojos, como siempre, aunque nunca duermas tranquilo.
Querría tener más palabras para poder contarles cosas bonitas, hoy por ejemplo, pensaba que cuando me fuese...le voy a contar un montón de cosas a la niña de Pakistán, y todas en español, solo para que me entienda con su imaginación y escuche mis ojos y mis gestos. Yo aquí lo hago cada día. Es cierto que me invento la mitad de lo que entiendo, pero esta gente es tan maravillosa que no quiero ver su cara de frustración cuando no me pueden explicar más, porque a ellos, a todos los seres humanos, también les faltan palabras.
Ahora venía del parque otra vez. La hierba seguía verde y he podido respirar, menos mal que sigue ahí y que yo puedo embarrarme sin mis deportivas. Escuchaba Absolute beginners, llevo todo el día escuchándola y, se ha colado en mi oído una percusión africana. Me he quitado los cascos y he ido hacia allí. Era una fiesta en el parque, la música otra vez, sonaba fuerte, la gente bailaba feliz, libre, con ritmos ancestrales que han invadido mi piel de una emoción inmensa. Era verdad, otras personas que no eran de la fiesta han bailado con ellos, yo misma quería bailar, pero me he sentado frente a ellos, en el banco y les he mirado. No sé por qué he empezado a llorar. Ahora no se llora por lo vivido, eso no está. Ahora solo se llora por lo encontrado, sin motivo, sin dolor, solo porque emociona, porque esas gentes tenían montañas de alegría que tapaban las casas de Hackney y los jardines londinenses desprendían sus raíces enjauladas para fundirse con las crestas de las montañas. He llorado y he amado más este pequeño pedazo de tierra donde tengo el mundo entero, donde se juntan todas las fronteras, donde no se oyen las bombas de una guerra absurda, porque esto es una ciudad, simplemente eso, una ciudad.
Estoy pensando que voy a enviar una postal a Madrid, para contarle esto.