Foto de familia
Avena, hoy cuando volvíamos del colegio, me hablabas de tus hermanos. Ibas haciendo equilibrios entre las ramas del bosque, como siempre. Yo te digo que tengas cuidado con los escarabajos, a veces hacen sus nidos debajo de las ramas y tú, que eres tan delgado, prefieres pisar las finas, las que aún, aunque caídas y rotas, tienen brotes verdes. Te explico que los nidos de animales pequeños suelen estar ahí, debajo de los brotes que son tejado y alimento. Entonces me he distraído pensando en otra primavera, otra más a tu lado. Tú me has llamado, te he visto lejos y te he dicho que no corras y me dices que venga que te estás aburriendo, que vaya. Salgo de mis pensamientos y corro un poco hasta alcanzarte. Tú sigues hablando, me cuentas una de tus historias de miedo y me preguntas si cuando aprendas a escribirlo podrás narrarlas en tu cuaderno, como haces tú yaya, ¿crees que seré capaz? Te acaricio el pelo fosco, rebelde y me río por dentro imaginando cómo lo peinarás cuando cuando crezcas, historias de miedo, así seguido, como tú, ¿crees que seré capaz?Así, como hago yo en las tardes de otoño, al lado de la ventana, mirando hacia el campo cuando no encuentro las palabras y de pronto vienen y entonces vuelvo a mi cuaderno y te veo mirándome, sonríes, porque sabes que las he encontrado y me dices que parece como las hojas de otoño. Nos miramos, nos reímos juntos de tus ocurrencias.
- Claro, claro que serás capaz Avena pequeño.
Seguimos caminando, me dices que tienes hambre. Hoy me olvidé de llevarte la merienda, últimamente estoy en otras cosas, pienso en tu madre y en los bebés que vienen, en los brotes de avena que ella aún está gestando.
- Es verdad, no hemos merendado.- te respondo.
- ¡Corre yaya! Me duele mi tripa, ¡corre!
Y salimos corriendo sin darnos cuenta ya de las ramas chiquititas.
mariposas, saltamontes, pequeños caracoles, escarabajos, ciempiés, tijeretas
Y salimos corriendo.
- ¿Puedo coger un bicho bola, yaya? ¿puedo?
- Sí, cógelo con cuidado, que no se asuste.- te respondo.
Sé que ya te has olvidado del hambre, que solo piensas en la casita de madera que hemos construido juntos en nuestra puerta para que aniden los insectos esta primavera.
abejas, avispas, moscas, mosquitos, chinchillas, mariquitas
Empujo el pestillo de la puerta de madera y entramos, huele a flores, ayer recogimos pequeñas margaritas y la casa huele a manzanilla y miel.
Me dirijo hacia la mesa de la cocina y cojo la hogaza de pan, la madera cruje al empujar el cuchillo sobre la corteza.
Nos sentamos a la mesa, yo me he preparado un té, no tengo hambre. Tú devoras tu rebanada, ¿tenías hambre, mi niño? Sonrío. Tú no me escuchas porque estás pensando en tu historía, la que escribirás cuando aprendas a escribir. Me preguntas si las historias se pueden escribir en la cabeza y guardarlas intactactas hasta que puedan ser escritas. Te miro. Me vuelves a preguntar, la verdad es que no sé que responder.
- Sí, sí es posible, pero serán un poco distintas a las que escribiste en tus pensamientos. Habrán cambiado con la luz de la mañana o con los sueños de la noche, a veces pueden cambiar con las estaciones.
-Yaya.
- Dime Avena.- te respondo sin mirarte.
Y tú empiezas otra vez con las orujas, las lombrices, las hormigas rojas y las arañas
He cogido mi cuaderno y estoy ahora mirando a través de la ventana. Me llamas de nuevo. Te he oído, pero tú querido Avena que tienes impaciencia por vivir, por ver qué habrá después de lo siguiente, preguntas incesante hasta que te atiendo. Tus ojos de almendra tumbada me miran expectantes desde lo negro, siento tu espera inquieta a esa respuesta que explique un poco este mundo inmenso en el que vives y que nosotras tallamos para ti, para que no se te haga demasiado grande, ni tampoco demasiado pequeño.
Escuchamos el sonido de la puerta abriéndose, sé que es tu madre. He escuchado su respiración profunda al acercarse. En estos días de preñez le cuesta respirar. Llega cansada y parece lejana. Nos mira sin vernos y se acerca a besarte en el pelo.
- Mamá.- repites una y otra vez. Mamá, mamá, mamá...hasta que nos ve, nos sonríe, sentimos su cansancio, la vida que está creciendo en su vientre, imparable.
Te pregunta cómo ha sido tu día en el colegio.
Te levantas, le coges de la mano y le besas la tripa, un beso de plumón que traspasa los tejidos, que roza imperceptible los cuerpos dados, las madejas ordenadas que saldrán al mundo para vivir. Respirar.
mariposas nocturnas, grillos, libélulas, luciérnagas
La invitas a sentarse, la acaricias y le dices algo al oído, ella sonríe y a mí me parece escucharte que es la tripa que le crece con los hijos.
Me he levantado a por un vaso de agua fresca, el sol se está yendo, otro atardecer.
Nos quedamos en silencio.
- Esta noche habrá luna rosa.- dice ella.
