martes, 25 de diciembre de 2012

¿ Madrid 2012 ?


Me he vestido tres días seguidos con la misma ropa, tal vez por rebelarme contra este mundo de hábitos que no comprendo. Cada día me he preguntado delante del armario qué prefería ¿té o café?, todos los días la misma pregunta, entonces, me lanzaba hacia los vaqueros, el jersey morado que rescaté de la basura y mi chaqueta de cuero de un pound que aún huele a viejo. Al final siempre elegía té, también por romper la rutina de esta ciudad de recuerdos cristalizados. Alguien me toca el hombro por detrás y me dice que mire el caleidoscopio, pero en ese momento me escuecen los ojos tanto que no doy a basto con el suero fisiológico, las manos se me anegan de botecitos esterilizados que he abierto sin darme cuenta de que ya tenía otro en la mano, y otro más, y otro más, y así hasta que me he olvidado de lo que estaba haciendo.
¡Bien! Por esta vez nadie me ha visto y puedo salir a la calle, no quiero encontrar nada que pueda reconocer y me maquillo los hombros con el agua de las aceras, de pronto me entran unas ganas enormes de dibujarme acuarelas por el cuerpo y busco desesperadamente el pincel, lo he olvidado en casa, claro, con las prisas. No importa, pasaré otra noche más sin mis acuarelas, sin embargo, he logrado pasar desapercibida. 
Estoy sola, mi piel y las aceras.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Sin anestesia, por favor


El otro día escuché en la radio que Shubert se enfrenta a la vida sin anestesia, de modo que me decidí a tomar el séptimo té de la mañana y ponerme a asfaltar el suelo de la cocina. La verdad es que con el sol que entraba sentí sueño y me quedé dormida sobre el asfalto aún húmedo. Cuál fue mi sorpresa cuando al despertarme en mitad de la tarde, ya de noche, comprobé que no podía desprenderme del suelo. Llamé a mi madre, pero claro, no pudo escucharme porque hace ya muchos años que no vive conmigo; llamé a mi perra, pero tampoco pudo venir, no sé la verdad. Yo veía la lámpara y recordaba con alegría los días de verano, cuando me balanceaba en la cocina bajo el cielo de Londres y me aferraba al cable para que el tiempo no me llevase. Pero el tiempo te atrapa y te hace perder la memoria de quien fuiste, te fusila en el retrete mientras luchas por expulsar la última gota de tu cistitis crónica y te duele en la frontera de tu útero. 
No hay nadie, no habita nadie y el bosque se ha vuelto inodoro, e insípido, ¡ja!
Cerré los ojos para intentar olvidar mi estúpida situación y me acordé de cuando me quedé encerrada en la pantalla del ordenador. Siempre lo mismo, me dije, los objetos siempre me atenazan.
Y de pronto la navidad parece verano y el verano septiembre y los días relojes de arena y el tiempo perdido trabajos de amor y los dedos facturas de la comunidad y mi vida un tejido lunar y tú, no seas mi sueño.

sábado, 24 de noviembre de 2012

BiOgRaFíAs UrBaNaS...


La caravana de mujeres recorre mi imaginación, pita en las vías que se han conformado entre mis piernas y pierde su destino, ¿por qué? En el control los hombres se preguntan sin saber por qué, entran y salen ansiosos y no encuentran lo que buscaban ¿qué buscaban?
Uno de ellos recuerda a su esposa, le abandonó la noche anterior y aún no le ha llamado, se ha refugiado en el trabajo, pero aún así, ella sigue presente. La busca sin querer, como el tren perdido sin estación. Detenido en el cruce de caminos, almidonado de contaminación en el atardecer impersonal de una ciudad del sur, ciudad le llaman, por decir algo me digo. No es más que un pueblo sin historia, un pueblo de casas, como mi barrio, que no se llama ciudad, que no se llama pueblo, a donde se llega en metro. 
La chica guapa se ha ido en dirección contraria, no me ha mirado, no importa.

Era domingo y en la casa de mi abuela olía a flores de plástico, ese día mi abuela se había vestido con su bata color ocre, ella decía que era por cautela, pero yo prefería aquella de grandes estampados, la que se ponía siempre que regaba sus flores. Mi abuela tenía flores gigantes en la terraza, tan grandes, que cuando intentabas hablar con la vecina (no turca) nunca podías verla y siempre se te metía en la boca algún trozo de estambre o lo que era peor, alguna hoja rota, desprendida, casi reseca. Te la tragabas para disimular, como no, como no. Todo junto.Estaba perdida, mi abuela fue a la cocina, ella sabía que yo a veces me quedaba sobrevolando los fogones mientras se recalentaba la comida, ella sabía. 
La vi entrar, como otras veces, ella no miró hacia el techo, lo hacía siempre, no sé por qué. Entonces pude respirar. Entendí y pude retomar. 
- ¡Cuidado!
- A veces te sales otra vez y la puerta...???...se puede cerrar.

(Un viejo con boina se para y me habla como si fuese una niña 
-sonrisa de falta de fe- "como si fuese una niña" me repito sin haberle escuchado)
- ¡Qué bonito!...¿Te lo vas a poner?
(Le sonrío de nuevo. El viejo se queda estático, mirándome. Creo que es un viejo verde, "un viejo verde", ¡qué tópico! me digo, un viejo verde) 
Entonces decido no hablar con él.
Se va.
Más viejos, la "ciudad" está llena de viejos que me miran. Escribo en los contenedores de basura como si nada. Ahora me siento un poco incómoda.
- Pero...¿estás bien?
- No, hoy he comido carne.
Corro, corro, corro entre los obstáculos que adornan la calle, "adornan la calle" y pienso como este país se agota en adornar lo viejo, los viejos, el viejo, mi viejo, mí o mi.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Huesos


he paseado descalza por la cocina, estaba llena de cristales, pero he conseguido esquivarlos sin mirar. no he podido evitar, sin embargo, ver como se desmoronaban los huesos, como se habían descarnado y evitado estar presentes. 
se descabellan las sombras del vacío sin forma y de nuevo otra vez
los huesos se me afilan y se me clavan en la espalda cuando ruedo por la hierba cuesta abajo, la hierba
huele a campo y a lluvia, aquí no puedo escucharte, porque con el frío, he cerrado las ventanas

miércoles, 14 de noviembre de 2012

I shit in art

banco
el parto fue doloroso, me pareció escuchar a mi madre ¿mi madre?, mientras empujaba con fuerza en el paritorio. yo realmente no quería salir, me sentía como aquel personaje de 25 estampas de la España antigua, pero nunca me ha gustado ofrecer resistencia, y salí de nuevo vomitando por la vagina de mi madre.
lo primero que hice fue coger el metro, me colé por supuesto, como hacen todos los recién nacidos y sentí, antes de sentarme en el banco de púrpura, un tremendo dolor de ovarios
taxi
me quedé dormida y soñé que no estaba sola, que nunca volvería a estar sola, 


bici
recordé al despertar aquel libro de Ana Frank que nos obligaban a leer en la escuela, yo odiaba a Ana Frank porque odiaba leer, porque odiaba a mi madre que todas las tardes leía en el sillón bajo la ventana mientras yo paría hijos infinitamente
boca
.escupí de nuevo en el tapete de ganchillo, me levanté aún con el cordón umbilical colgando y no puede evitar gotear por mi vagina manchando una vez más el parqué del salón. abrí la puerta y salí a la calle, nada había cambiado, todo sonaba igual y yo otra vez me quería morir.
                                                           perfil
quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero ser transparente quiero
ser 
transparente
quiero
ser
quiero
(...)



lunes, 12 de noviembre de 2012

Aeropuertos


El monstruo ha venido hoy conmigo al aeropuerto y mientras sacaba mi pasaporte que parece que es el único visado para entrar en este país, pues como iba diciendo, mientras sacaba mi pasaporte a duras penas porque me temblaban las manos y quería disimular y tenía que disimular y esta jodida manía de no pasar desapercibida y la policía restregando su sexo en el esquinazo del escáner y el monstruo que empujaba con su dedo, que empujaba con su dedo, que empujaba con su dedo...como siempre. Entonces, no me he desmayado. Cada vez, cuando estoy en este aeropuerto sueño con desmayarme, en una ocasión me concentré de veras, apreté los dientes con fuerza y dejé de respirar por quince minutos, estuve a punto de desmayarme, pero nada, no lo conseguí. La gente me miraba con asco. Yo, no miraba a nadie.
Hoy otra vez he estado en ese aeropuerto, apestaba a azufre y a carne, apestaba a cuerpos sucios de no lavarse en semanas. 
El suelo se deshacía levemente y todo el mundo caminaba con cuidado. Si alguien rozaba las junturas de los azulejos podía ser expulsado y perder su avión y perder su avión y perder su jodido y repugnante avión, el avión que le llevará de vuelta a casa home sweet home. Y nada otra vez. 
Yo no podía caminar con cuidado, porque tenía miedo de la nada, el vacío otra vez, la descorazonadora idea de romperse el corazón. 
El monstruo empuja con el dedo, restriega su uña ennegrecida por mi piel, por la parte trasera de mis muslos y se ríe de mí. Me recuerda que una noche hicimos el amor en el balcón, delante del tren y que los vecinos no nos vieron, pero que tal vez mi vecina turca nos escuchó y que por eso nunca volvió a saludarme por la mañana y que ya nunca más podré volver a Londres y que no voy a encontrar mi pasaporte y que mi tarjeta de embarque ha caducado y que me sonarán todas las alarmas y que la guardia de la aduana me violará silenciosamente y que nadie se dará cuenta y que con sus garras desarmará mi osamenta y desprenderá pequeñas tiras de mi piel. 
El monstruo me quiere bien, el monstruo me quiere, sí. Nadie nos comprende, pero el monstruo es bueno conmigo. Y empuja de nuevo su uña ponzoñosa y me sonríe con su baba maloliente y me mira de reojo, como en el balcón y yo siento la arcada y no puedo contenerme esta vez y vomito en la aduana y estoy sola porque nadie se ha quedado esta vez a despedirme en la cinta de tela y la de seguridad ha venido a pedirme algo en inglés y mi boca estaba paralizada y el monstruo me empujaba con su uña y yo, pero si yo tenía que estar en la aduana. 
- Por favor, es que voy a perder el avión...por favor...

No me escucha, ella hace su trabajo como si diese una clase de gramática, como si escribiese un libro, como si compusiese una obertura, como si diseñase un edificio moderno, como si le oliese el aliento y me echa el aliento en mis labios, y me lame con la visera de su gorra gris llena de caspa y me dice que es lesbiana y que yo no tengo ni idea de quién soy, que mi pasaporte es falso que en este país se pasan el DNI por los cojones, que mi tarjeta de embarque ha caducado...y yo..."pero si es que llevo una hora en la cola...", pero a ella le da igual, sigue restregándome los brazos y sonriendo con su mueca estúpida.
He perdido el avión. Me acuerdo perfectamente, estaba en el suelo, jugando a morir, simulando que el cuerpo me reventaba, que la presión de las venas bajo la sangre era incontenible, que tal vez explotarían, pero que antes de explotar mi cabeza habría reventado y que antes de reventar yo ya no sería y que antes de no ser tendría que soportar un poco más esta agonía. Una agonía absurda, porque termina y nunca se recicla porque recorre mi cuerpo un líquido putrefacto de basura orgánica de varias semanas en bolsa desechable y que no me lamo, aunque me gustaría.

La foto es demasiado hermosa para tantos aeropuertos...............fffffflllllllllaaasss............

Y cayó en picado.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Café latte

Entre la neblina que se me ha pegado hoy al bajo de los pantalones se ha desplegado un vacío tan descomunal, que nadie se ha atrevido hoy a dirigirme la palabra por la calle. Yo realmente no me he percatado hasta que la he tenido encima, "demasiado tarde", me he dicho, y entonces me he acordado de que ayer por la noche tenía encajado el ordenador en la cabeza. No sé, la verdad es que muchas veces ya no sé...

Mmm!!!cómo me gustaría ahora mismo estar tomando un café por la calle, con mucha espuma y en un vaso de papel, es una de las cosas que más me gustan de Londres.
Miro la neblina y se deseca entre los restos de hilo sucio por la contaminación de las aceras, al otro lado de la niebla, parece que hay alguien, pero no me atrevo a asomarme. Escucho algo, remoto, tal vez real...



Salvajemente escurrida, se desgastó tu lana sagrada. 
No me mires ya más en las madrugadas.
Salta la luna y escupe, vomita tus bellezas. Regaladas  ?
¿Quién te ha visto? ¿Has pasado otra vez tan dejada?
Te revuelves en tu cama. Gastada.
Gastada tú y tu luna deshojada, 
gastada o sagrada o esquilmada.
Déjame Regalada, 
te has vestido una capa prestada
y te encuentras en las sombras de tu alma.
Te odié por tu lluvia, 
te odié por tu calma,
te vendí en la calle devanada.
Lana sagrada, lana sagrada, lana de cúrcuma y de caña, 
que no me acerques tu baba inmaculada, 
que no quiero verte, que no puedo verte.

Turbia y pura, con ojos de aguas estancadas, 
te enzarzas y te esperas,
te envuelves y te embravas.
Pero estás sola, estás sola y lo sabes, 
Regalada.

(Y gimió la noche. Rosas plastificadas. Carbúnculos, piedras preciosas, nada. Se escucha el chirrido de un carricoche mientras se cierra el telón. Oscuro. Aplausos. Vacío)

Y otra vez el vacío, otra vez más el vacío, el vacío, el vacío, este puto vacío. 


Por favor, ¿me da un vaso de agua? Gracias.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Skype


Me he despertado bruscamente en mi futón, he mirado a mi alrededor y no veía nada, claro, pero...cómo claro. El ordenador estaba encajado en mi cabeza, he intentado desasirme y nada, la pantalla cuadrada se me había incrustado y si intentaba moverme los cristales de plástico se me clavaban por el cuello adelgazado. Nada...nothing to do...rien...
No sé qué hacer, me quedo un rato inmóvil debajo del edredón y me acuerdo del tendero del Corner Shop, el que me daba las vueltas de la leche cuando no reconocía las monedas, claro que ahora tampoco las reconozco. Tal vez me pase como con los euros, que no logró aún pasar de pesetas a euros cuando pasa de 6000, no sé...tal vez estoy perdiendo la memoria.
No puedo escribir, porque con el ordenador en la cabeza no veo el teclado, estará debajo de alguna lata de cerveza o tal vez enredado en la maleta que aún no he guardado cuando vine de London I.
Me aburro, me aburro tremendamente y pienso en hacer ganchillo con los subtextos perdidos, entonces me doy cuenta de que detrás del ordenador que se me ha incrutado en la cabeza, todo es un inmenso vacío, que mi habitación es un desierto desolador y que cuando escupo palabras delante de la pantalla, todo el teclado se encharca y la pantalla se llena de gotitas. Entonces decido no hablar más, no decir una sola palabra más delante del ordenador, no pienso volver a hablarle. Echo de menos algún ser humano, ¿hay alguien por ahí? Nobody.
Why..?
Siempre igual, cuando creía que por fin había llegado alguien, resulta que todo sigue igual. 
De pronto me vuelven las ganas de vomitar y pienso que es mejor aguantarme, porque tal vez el ordenador se anegue y mi cabeza se vea envuelta en este asunto tan desagradable. No sé, pero siento tanto vacío, tanta vergüenza y tanto desprestigio aquí, debajo del ordenador, que tal vez me voy a quedar dentro. Sí, mejor así. Eso sí, soñaré con que sobrevuelo la cocina sin rozar el fluorescente.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Bi Fur Ca Das


El camino se extraña de la senda que lo atraviesa y pregunta por las luchas remotas. La montaña se arrasa y se renueva, pero todo es un hueco. Una mano gigante se cuela por el agujero y nadie dice nada, parece como si todos quisieran disimular, olvidar que el tiempo se derrite por el vacío de los días.
No hay nada, la nevera está vacía y sueño con no volver a comer, con desintegrarme en este cuerpo adelgazado que me delata, que me cuelga los años por los escasos pliegues. 
Bebo agua, bebo agua, bebo agua, bebo té...a cup of tea? ¡No! Siempre vuelve a ocurrir, el té es tea y tea es, ¿será por eso que ahora solo bebo té? ¡Curioso! Tal vez...

Quiero lamer las aceras de London y aspirar cada brizna de olores endulzados, quiero volver, quiero volver, quiero volver...¿dónde estoy? La vida se dimensiona y de pronto ya no sabes en dónde está tu materia. Realmente no sé de qué estoy hecha, de modo que voy a flotar de nuevo. Daré un paseo sobre la cocina sin intención de tomarme un té. Es bedtime, pero hoy no obedezco a la lógica. Me desmorono en este espacio oscuro donde puedo mentir, donde me visto el personaje destructivo que solo puede memorizar.

Bisexuales..???

Furniture

Caca

Dalston, y hago trampa, total, no hay reglas, estoy sola, callo a los interlocutores.

domingo, 21 de octubre de 2012


Patines de destrezas invisibles que invitan a una cena desesperada en el límite de la cama, 
la frontera del beso se desmenuza y me cepillas el pelo con la almohada.
Serenamente pasa la luna humedecida de lenguas insonoras
que silencian la calma
que claman insonoras.
Insonoras, insonora tú que amedrentas al miedo,
camuflada en arenas movedizas donde me embarco sin ruido.
Navego en brazadas de barro, para desprender la lluvia.
Ven, 
vente conmigo.
Soñaremos con los días incontables,
con las fugitivas noches bajo la luz de París.
Sonríe, vive furtiva y aprieta los labios en un instante sin sol.
La lluvia está cayendo y se desestructuran las manchas del miedo.
Camino, miro apenas la linde del agua,
el río no fluye y tú escurres tu camisa.
Mírame.

...the end...the beginnign.



                                                            Hollow...howl...aullidos.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Greguerías


Ha amanecido en la ventana, la lluvia persiste viajera y sueña con átomos de fresa masticada. Se renuevan las instancias y nadie sabe de nadie. 
Te busco en la costura de una toalla, pero el sol de la bombilla me ciega. 
Serenamente, me desperezo y me pongo el pijama verde de parasaits. Entonces tarareo aquella canción adolescente.

lunes, 8 de octubre de 2012

Decisiones estúpidas



He decidido no dormir esta noche, he decidido que voy a pasar toda la noche escribiendo encima del teclado vomitado. Los restos de mi digestión abortada se resecan ahora en este espacio cotidiano. El olor ha remitido, pero persiste. Tal vez, me digo, cuando el vómito se va resecando, la materia orgánica se diseca y si no recuerdo mal, los animales disecados ya no huelen.
Creo que hay alguien por ahí que disecó a su perro, a mí nunca se me ocurrió, pero tal vez podría haber disecado a mi boxer para ponerla de adorno en el salón. Por qué no. Realmente la vida es como mi teclado. Así podría haber llegado cada día a mi casa del trabajo y haber sonreído con sarcasmo a la muerte, la habría desafiado y la habría pasado de largo. Realmente así podría haber sentido que me salto todos los límites, como ahora, que no hay nada a lo que ya respete, en lo que ya crea, nada que sobreviva. 
Mañana no quiero ir al colegio, no soporto mezclarme algunos días con lo cotidiano, sobrevuelo la cúspide de los días y no encuentro el suelo. Antes, por ejemplo, me encontraba sobrevolando la cocina y no he logrado alcanzar el agua que estaba hirviendo para preparme el décimo té del día. El agua se ha evaporado en el cazo y el cazo se ha quemado sin que yo pudiese hacer nada. He intentado bajar con movimientos bruscos, olvidarme de que era domingo, de que no había salido a la calle, de que me encontraba sola y no podía pedir ayuda. He intentado olvidar una vez más la imagen persistente de mi perra no disecada en el salón, he intentado gemir, prepararme otro té para disimular, he intentado luchar sin creer en ese verbo. He intentado olvidarme de mí misma y no pensar más, pero este día las palabras se han amontonado en mi cabeza como absurdos bastiones de conquistas inservibles.
En un golpe de suerte he caído al suelo, me he mirado a mí misma y he pensado, qué absurda soy, no creo que nadie se quede flotando sobre su cocina incapaz de prepararse un té. O sí, tal vez ella, como no.
He caminado hasta el salón estudiando la estrategia, pero el camino se mezclaba con mi sueño de esta noche y no encontraba el modo de llegar hasta el sofá. La verdad es que estaba agotada y no sabía muy bien si el cielo se movía, o si estaba en Caion, Sangrilá. Llevaba una cesta de mimbre con la merienda para mi padre y para mí. 
Parece que entonces no era compatible con ahora, parece como si ahora estuviese escuchando el sonido del mar y como si no hubiese pasado un verano sin mí, exiliada dice mi madre. Perdida.
El camino de vuelta no existe y de nuevo intento regresar a la cocina para calentarme con el tostador, hace frío, pero con esto de la crisis no quiero encender la calefacción. Voy a acurrucarme sobre la mesa  intentaré dormir.   

Bedtime

Tiempo de dormir
Tiempo para dormir
                                     Tiempo de cama
La noche
               Ssshhssshhh....

domingo, 7 de octubre de 2012

Hotmail


Bandeja de entrada, bandeja de entrada, bandeja de entrada, bandeja de entrada, bandeja de entrada, bandeja de entrada, bandeja de entrada y bandeja de entrada y bandeja de entrada, jodida bandeja de entrada y más bandeja de entrada...como un vómito de letras que se repiten, siento la náusea desde la boca del estómago, siento la puta náusea otra vez retorciéndome el puto intestino. Me rebelo contra la poesía y me lanzo al abismo enmierdado de las palabras prohibidas, de las palabras sin metáforas y me pregunto, ¿qué son las palabras sin metáforas? ¿que son las putas y jodidas palabras sin metáforas? Son  accidentes, como yo, que soy un cuerpo sin metáforas, un cuerpo que no tiene poesía, un cuerpo marcado por cicatrices prestadas, una poesía sin rima y sin poesía que ni siquiera intenta ser poema.
No soy poeta, no soy artista, no sé pintar, no sé caminar, no sé mirar, no sé vivir. 
Obsesiones, obsesiva, obsesión...bandeja de entrada, bandeja de entrada, bandeja de entrada. 
Tengo una arcada, vomito en el teclado de mi ordenador y sigo escribiendo. Los dedos se me mojan y se me llenan de tropezones. El olor ácido sube hasta mi nariz y aspiro, cierro la ventana, cierro la puerta, cierro mi coño y lo pongo todo en la mesita de noche, junto al vaso de agua y el suero. Mi abuela ponía su dentadura en un vaso.
Esta noche voy a cenar una barra de salchichón mientras escucho a Patti Smith y sueño que estoy en Nueva York, que soy feliz, que camino sin peso y que en este jodido mundo aún hay algunos lugares donde puedo respirar.

martes, 2 de octubre de 2012

El amor


Amar es triturar los resquicios de los huesos mondados, rechupar el tuétano caducado de las vacas sagradas, retozar en el fango y llenarse los ojos de arena.
La playa zumba y en su rugido de basura marinera recuerda a los bañistas que el amor no existe, que amar es mentira, que soñar es solo una ficción, como su propia palabra indica. 

Teñíos los intersticios del corazón, no domestiquéis a las emociones, dejadlas turbias y fétidas que apacienten en los estercoleros. Porque el amor no existe, porque el amor es solo una palabra, un significante vacío, un conjunto de fonemas absurdos que pudiesen haber sido otros.
Como nosotros, que podíamos haber sido otros, que podríamos haber pasado por la vida sin amar. Pero no, hay que vivir el jodido amor para confirmar que no existe. Que el sentido insignificante de la luna es transgredir a la noche. 
Desde mi ventana los insomnes vigilan insensibles. Nadie siente en la ciudad, nadie cree, nadie ama. Tal solo las televisiones encendidas en ese afán de borrar el silencio, de eludir al vacío soñando con una casa llena de gente.
- ¿Mamá? ¿Hoy viene alguien a casa?
- No, ya nunca viene nadie casa, hija. Enciende la tele.
- Pero si es de día...

Un pájaro diminuto se ha estrellado contra mi ventana, la sangre ha golpeado como en un borbotón caliente y el pájarito se ha escurrido sin desplegar las alitas. Yo me he quedado contemplando las gotitas rojas de sangre hasta el amanecer, momento en el que la sangre, ya reseca como mis ojos, ya no escurría por el cristal de mi ventana. 
Los vecinos han logrado conciliar el sueño, pero han dejado las luces encendidas por si acaso, por si venía luego alguien a casa, para que viese, para que no tropezase con ningún mueble. Y entonces ha llegado el cataclismo, se ha vuelto a romper la correa del reloj, la casa se ha llenado de darditos y las mujeres, desnudas, se han ofrecido en el altar del mueblecito, junto al televisor. Ha desangrado sus capilares dulcemente, como antaño, manchando la sala de estar. La luna no estaba. La televisión...Los presentadores de televisión sobrecogían el altar con su traza de titanes.
Nadie había, nada había. Ningún. Porque el amor no existe.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Claveles


De niña odiaba la escarcha en sus manos, le sudaban las palmas y creía morir de dolor. Nunca fue aventurera y los campos de Jaén la caminaban sin rumbo, parecían llamarla a veces en la noche como en un aullido marino para que embarcase en cualquier barco, en cualquiera de aquellas calesas que pasaban cada día por Porcuna. Ella soñaba despacio, sin grandes pretensiones, como en un espacio en blanco entre el atarceder y la cena. Ponía siempre la mesa, colocaba los platos en un afán desidioso por culminar la tarea, no llevaba nunca medias, porque le habían dicho que delataban las olivas. Creía de todo, como en costura y aguardaba a la vida sin ambición, como quien llena cubos de agua para fregar la loza. Vivía, vivía entre realidades pulidas y encontraba cada día, un motivo más para respetar a sus padres.
Aquella mañana la escarcha cubría sus manos, todos dormían, el padre roncaba en un afán desbocado por silenciar a los grillos. Ella querría mascar la paja seca sin pensar en lo que hacía, ella quería retomar lo espontáneo, lo que no sabe a nada. 
Su hermana la sacó de aquel ensueño y la condujo hasta la cámara, allí se secaban los chorizos de la matanza. En el altillo aún gritaban descomunales los aullidos de los cerdos. Probó el chorizo que colgaba de un clavo en el techo y sintió la sangre bullir en su intestino.
Cerró los ojos, soñó que estaba en casa, que su madre preparaba un café que aromaba toda la sala, que su madre...y cerró los ojos de nuevo. La serranía tomaba los espacios vividos y ella decidía que no se quería ir, que se escondería en el hueco de la sombra de la nada, que se camuflaría entre la nada, que dejaría de existir. 
Se llenó los bolsillos de olivas y escupió en la arena escarchada. No podía respirar y un nudo cercenaba su garganta. Sin embargo, nada había cambiado.

Escupir


Hoy he estado escupiendo en la calle, justo ha sido al salir de casa que no he podido refrenar este impulso y, realmente, como ahora ya solo me muevo por impulsos escatológicos me he dicho... ¿refrenar? Total, que he caminado hasta el metro escupiendo cada cinco segundos sin interrupción y cuando iba a la mitad del camino me he dado cuenta de que ya no me quedaba saliva. Ha sido muy desagradable, la verdad, porque he tenido uno de esos momentos de pánico en los que no puedes tragar porque el miedo se te atraviesa en la garganta y te clava una astilla en la traquea. Estoy acostumbrada, ya sentía la astilla en las noches del orín, de las bolsas de plástico, del desprecio de mi abuela que siempre te decía ¡nena!, del caminar en silencio, del soñar con ser invisible, con que mis sábanas mojadas amaneciesen planchadas en la balda de mi armario infantil, diminuto. Nunca sucedía, tal vez porque lo real es real y acontece, tal vez porque aunque dé marcha atrás al reloj, el tiempo no cambia, tal vez porque es necesaria más de una noche para que la sábana se seque y, sin embargo, el olor persiste. 
Ensayaba este arte de eludir y se me olvidaba todo.

Hoy he esperado en el descansillo al monstruo, incluso me he desnudado sin depilarme y he mostrado el vello de mis piernas desmelenado y mi pubis sin atavío. No ha venido. He querido orinarme otra vez, así, en el descansillo, como mi perra, dejar el rastro por el ascensor y recordar a todos, que aunque me he ido a London, seguimos aquí, que no vamos a parar de orinarnos en el hueco de la escalera hasta apestarlo todo, hasta que ya nadie pueda vivir aquí y decidan alquilar sus casas y marcharse a alguno de esos barrios estúpidos de la periferia donde se hacinan las propiedades vacías y los amores obsoletos, donde las historias ya estaban escritas en el Super Pop y nunca tuvieron una banda sonora, porque aquí la música no existe, porque aquí las cuerdas vocales no son capaces de cantar en la calle, bajo el sol otoñal que persiste implacable. 

A veces me recuerdo comprando comida orgánica o pisando las aceras de noyó...a veces me recuerdo y no me recuerdo, a veces cuando me recuerdo me olvido inmediatamente y ya no puedo volver a recordarme, a veces me escupo a mí misma, en el pubis claro, o en cualquier otro lugar de mi cuerpo, pienso después, en restregar la saliva con mi mano derecha e introducirla en cualquier lugar hueco de mi cuerpo, la nariz por ejemplo; pero a mitad de camino, me vuelvo a olvidar. Siento la humedad absurda que quiere recordarme que el sexo existe, que a veces el sexo se mezcla con el amor, que el amor puede soñarse o que soñar está permitido, y entonces, en un movimiento sonámbulo, froto y froto y froto y froto hasta hacerme una roncha rosácea en mi piel y froto y froto, para sentir solamente el cuerpo, para levantar la epidermis y dejar que las venas se oxigenen, para enmudecer el grito que atraería las miradas de los transeúntes, para enmudecer, para enmudecer, para enmudecer... Y cierro los ojos, y invoco a los darditos y miro mi muñeca desnuda e intento recordar el balcón, pero ya nada, como en un orgasmo ahogado, no veo nada.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Volar


Hay días que entre las montañas apenas sale el sol, se refugia una sombra macilenta y saltea las charcas. Hay días como nubes que se estampan contra tu cara y se te retuercen entre los resquicios de los dedos. No hay días. Dame un solo día más, solo un día, solo uno para dejar todo, dijo mientras volaba, mientras oteaba su escultura desierta y de estatua. Pero ya nadie lo escuchaba, porque era de aire, como siempre había imaginado en su niñez, cuando jugaba a ser globo y se imaginaba flotando entre las nubes, oteando lo escondido para después memorizarlo. ¿Cantaba una canción?
Como una figura de Chagall, como una fina figura de Chagall que no puede estamparse como las nubes, pero que se enreda en ellas. El globo cuelga de una cuerda o era la cuerda la que colgaba del globo, ya no recuerdo el juego, ¿qué? ¿qué? ¿qué?....
..... y se quedó prendido de una sílaba, sin articular palabra, tan solo intentando memorizarla, memorizarla, memorizarla.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Nubarrones



El aire ha estrujado mi ventana y ha roto en un solo golpe el cristal, el frío del otoño avisaba, pero nadie podía escucharlo. Yo me he dejado llevar, he soñado otra vez que estaba en London, que la vida no se me derramaba en acciones de papel. He soñado, he vuelto a respirar. Voy a apretar muy fuerte los ojos, como si pudiese desaparecer.

¿Dónde está el corner shop? Me miro por si he vuelto a bajar en pijama ¿Y mi pijama verde?
Siento esa horrible sensación del miedo, de la garganta agarrotada, no puedo tragar. Me consumo en un pensamiento circular que me araña las neuronas. Me convierto al escepticismo en un golpe de aire, me dejo arrastrar por las olas de la nada y consumo los minutos como cigarrillos de recuerdos que ya he olvidado. 
Vuelvo la vista un instante, por si me he dejado algo en el hotel, pero como siempre, lo llevo todo. Cierro la puerta y estoy en mi cama, desierta y muda, como mi garganta paralizada. Voy a mirarme los pies durante un buen rato, tal vez así consiga enfocar la vista esta vez. Pero los ojos bailan su danza particular y ya no me obedecen. Me dejo llevar, el vértigo no me asusta.
No me tapo con la sábana sucia porque me recuerda a los días del verano, me he guardado un resto de sudor en el bolsillo, para rebozarlo en la cama antes de depositarme.

Good nigth, darling!

Te veo


What time is it?

viernes, 14 de septiembre de 2012

Agarraos


- ¿Baile?
- ¿Cómo dice?
- Baile
- Y..?
- ¡Bah!

Y cada uno salió por una de las puertas de la cafetería.

Yo me los encontré después, en el cine, quise preguntarles cómo se encontraban, por sus gestos estaban verdaderamente tristes, verdaderamente tristes, pero no me atreví. Me quedé petrificado, mirando sus siluetas desaparecer en el contrasol de la calle Atocha. Eran como todos, realmente nada les diferenciaba del resto de peatones, sin embargo para mí eran especiales. Se habían colado en uno de los párrafos del Orlando mientras leía en el vagón número 4 de la línea 10. Me recordaron de pronto una absurda canción y decidí cerrar el libro para mirar fijamente la pasta hasta que llegase a casa. Aún me quedaban 20' pero tal vez seguiría mirándola fijamente al salir del metro, mientras caminara por la calle. 
Tal vez.

- ¡Oh! ¡No! ¡Otra vez me he quedado dormida!...(respiración cansada) Otra vez tengo ganas de vomitar. 
Me pregunto cuándo acabará esta náusea interminable.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Timetable


He desarrollado una nueva técnica de autolesión, creo que esta vez he logrado perfeccionarla tanto que podré patentarla en alguna potente multinacional, creo también que tendrá éxito y que podré hacerme millonaria con ella.
Pasa el tiempo, pero ya no me doy cuenta, he conseguido esquivar el Madrid de charanga y pandereta, he visto a mis colegas deslizarse por un parque acuático de cerveza, anegarse los órganos sexuales con burbujas de cebada y pasar página, como si nada.
Viajo en el metro y escucho hablar de estos días de verano, observo como los urbanitas portan sus botines vacacionales cual fetiches que les aten a una vida que temen, siento como evitan en el pecho que el collar se deslice hasta rozar demasiado la piel. Evitan mirar sus pequeños souvenirs. 
Por eso he decidido clavarme entre los senos un pequeño collar que compré en un puesto de quinta mano en una calle de Nothing Hill. Me he sentado en el canal para ver la caída del sol mientras me clavaba en el pecho las pequeñas bolitas. Nada ha pasado.
Por un instante mi cuerpo se ha llenado de grasa y he sentido la fetidez de la carne, la putrefacción de los animales muertos, el olor a tristeza de los ojos los peces. He saboreado un trozo de mi camisa de Amsterdam, pero ya no sabía a nada. Y cuando estaba desprevenida, Alicia me ha disparado las flechas de su reloj rojo de comunión con un arco invisible y me ha abierto las heridas.
Ahora, simplemente me desangro sola en la casa. Todas duermen y yo despierto a la noche con el sonido loco de mi teclado que una vez acarició Sinpalabras.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Me alcoholizo o no me alcoholizo...


this is the question. Me he asomado a la puerta de casa y casi me caigo al acantilado, ¡oh, no! ¿dónde está el balcón? This is Spain?
Me voy a la nevera, cojo 1 cerveza, cojo 2, cojo, 3 cojo 4, cojo 5, cojo 6... Me emborracho sin que nadie se dé cuenta y me autoinmolo. Ya no obedezco a nadie, ya no quiero a nadie, ya no espero a nadie, ya no tengo a nadie, ya no autorizo a nadie, ya           no soy             nadie.
Vuelvo al hogar, tengo un paraguas, una garrapata y un sombrero, pero como no sé qué hacer con ello, pues decido tirarlo a la basura. Paso bajo la enorme puerta y busco el corner shop, where is? No idea. Ok, me voy. Subiré a casa y compartiré con el monstruo la leche podrida, mi té se abrirá como un caleidoscopio y podré escarbar entre mis dientes trozos de nata cortada. Así será.
Me rasco obsesivamente en la trastienda de mi brazo y trozos de gomaespuma se derraman sobre la cocina. Ahora ya no estoy aquí, pero mi cocina, sigue siendo la misma, ¿la misma?
Tengo sueño, parece que me voy a la cama. Antes, me esconderé en el desagüe del lavado y me anegaré en su suciedad, comeré pelos mugrientos y plenos de moho gris y coagulado.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Nothing


He mendigado restos de sudor congelado desde que volví a España, aquí todo es acero congelado, el sol derrite los átomos y ya no es más maleable. La epidermis se te llena de partículas diminutas que se clavan en tu piel como purpurina. La noche brilla y nadie puede verse. Todo es oscuridad, todo es dolor, todo es vacío y restos de una fiesta sin invitados. La sala está llena de patatas fritas inmaculadas, las vírgenes rezan a la noche para invocar el sabor de las meriendas de la infancia. Nadie sueña, nadie ha vuelto a soñar en este espacio de huecos, porque la oquedad deja siempre un vacío disolvente que arrincona todos los recuerdos.
Ahora vivo en paréntesis, hoy por ejemplo, he bajado del autobús y he corrido como siempre a punto de caerme, siempre me resulta difícil mantener el equilibrio entre el segundo piso y el primero cuando el conductor arranca. Me he reído, como siempre, por dentro, pero desde mi silencio las caras sin rostro me han mirado sin ojos. Estás vacía, estoy vacía...como la fiesta. 
He intentado comerme una patty pero la verdura especiada me ha reventado en la cara y me ha salpicado el pensamiento. Imposible tragar. La tortura de respirar un aire viciado y refrito.
Recuerdo los días del sonoro vaivén de las hojas enfriadas, recuerdo el murmullo del tren que relataba mi vida, recuerdo el sabor de los pasteles de colores que ya no tienen momento, recuerdo que estoy aquí, me recuerdo que estoy aquí, leo mis labios con el verbo deletreado y me pellizco los brazos con la rabia adulterada. Escupo en mi entrepierna.

lunes, 3 de septiembre de 2012

31/8/2012


Ultimo dia. Mi viaje ha terminado. Mi ordenador blanco y pequeño escribe ahora en modo ingles y no tengo tildes. Escribo esta entrada con el dolor encajonado en la maleta de mano, escribo porque el tiempo pasa implacable y los acontecimientos no puedo detenerlos. Me hubiese gustado tantas veces cambiar el eje del planeta. Hoy por ejemplo, ella estaba entre mis brazos, me sostenía con fuerza increpando mi belleza en el arsenal de la niebla. Me empujaba contra la columna y ahogaba mis palabras. Me soñaba con fuerza de luchadora de esgrima y me decía, Don’t give up.
London me espera en Angel, Am I an angel, my love?
Volvere a tus brazos,  volvere a este London de sudor repetido, volveré a sus calles humedas de envoltorios de comida, volveré a Hackney, volveré a ¡casa! volveré a mi vida, volveré con una maleta diferente que no contendrá ropa, que contendrá simplemente tazas para el te. Una maleta llena de envoltorios de caramelo azul.
Hay días confusos, días en los que no se puede vivir, porque la vida es inmasticable. Hoy por ejemplo, no logro pasar por mi garganta este trozo de tarde que se me ha atravesado.
Quiero un planeta para mi sola, quiero olvidar mi existencia en orgasmos, quiero deglutir esta espuma amarga que me deja siempre la vida en las comisuras de los labios. Quiero que pase el tiempo y agotar en mis besos el absurdo. Quiero beber agua en tragos absurdos y locos.
Hoy no es un dia para escribir, pero nadie me ve. Llevo aquí dos meses y me he convertido en las letras pensadas, ahora nadie me ve. He logrado derrotar al tiempo. He logrado dar esquinazo a la ansiedad que me quería derramar en el aeropuerto. Pero sigo siendo un párrafo.  No, no es un dia para escribir. Pero mi blog se merece una ultima entrada para London’s diary y es esta. Pobre entrada en un dia donde el limite entre la vida y la muerte, la razón y la cordura, se besaron antes de entregar el pasaporte.
Esta tarde, he vencido a la locura.
London’s diary acaba aquí, no necesito mas este diario. Volvere a Londres, pero ya no contare los días.
Lo vivido esta aquí solo en una pequeña parte, porque este diario nunca entenderá que yo no fui a Londres de vacaciones, que no fui de viaje, que no lleve ninguna maleta. Pero este diario hablaba cuando yo aun no sabia que podía decir, cuando yo era un puente entre old y new. Ahora ya no necesito relatar como una tarde en una acera de Dalston Kinsland encontré un pedazo de mi camiseta de rayas. Ahora ya no necesito narrar. La búsqueda acaba aquí. La interrogante se cierra  en una piel oscura, en el segundo piso de un autobús, en un trago de alcohol. La interrogante queda como una pieza de museo. Porque pensar ya no es pensar, pensar es solo seguir pensando. Los valores se han destrozado, el caos impera en el descansillo. Ya no tengo casa, ya no existe la casa, porque la casa es un espacio infinito donde me escondo en un pijama verde.
Tal vez en un rato me quede dormida.
Solo una cosa mas.  A veces, no puedo reconocer la realidad, como ahora.
Tengo que pensar, mañana.

sábado, 25 de agosto de 2012

24/8/12



Escalfada, en aguas podridas, marrones y turbias. Sola sin brazos. Recordando lo olvidado. No estoy, me busco en el agua berenjena y los ojos se me llenan de fango. Tengo apenas 12 años, la adolescencia llama a mi puerta y me interroga, quiere saber si me hallo, me trae el reloj, me agarra con violencia la muñeca para calzarme sus agujas. Yo me deshago, me desprendo, me desaprieto, me corro con mi dedo índice y me renuevo gastada. No hay nada que decir, no hay ya nada de lo que hablar. He olvidado mi idioma, he perdido mis referentes, no soy nada y no me pienso, ya no me tengo.
Vivo sin días, recorro mi voz para no reconocerla y me encuentro con tus manos oscuras. Tengo apenas 12 años. No he tenido tiempo para crecer. He salido apenas de tu regazo porque nunca me quisiste, porque me empuñaste sin ganas y me abandonaste en un cajón vacío, pero allí estaba la madre, la verdadera madre, la que me acompañó pero nunca me perteneció.
He bajado al Thames a ver si te encontraba, pero tú nunca estabas. No te llamaba, porque me anegaba en orines líquidos y me quedaba exahusta. Manejaba las noches con torpeza reconocida, me escondía en los pasillos oscuros caminando sin hacer ruido, recogía mis destrozos en la lavadora soñando con  no ser descubierta.

Podría herirme, pero se lo he prometido.

martes, 21 de agosto de 2012

21-8-12


This is the thinking's balcony, this is the passings's balcony, this is the doubts's balcony...this is my English.

lunes, 20 de agosto de 2012

Ganas de vomitar


Nada ha cambiado, en Essex Road estaban asfaltando la calle y he vuelto a sentir esa sensación de que la vida sigue su curso. He estirado el brazo en el segundo piso del autobús, creí que se me escapaba un globo, nadie me ha mirado salvo cuando me he golpeado la cabeza contra la barra. He vuelto a calcular mal, he perdido el globo, alguien me ha tranquilizado y sin embargo no ha sabido responder a mis preguntas. Tengo frío porque llevo los calcetines rotos y la lluvia se me cuela entre los dedos todos los días. He recorrido varias veces el camino al cuarto de baño para intentar vomitar, pero no sale nada. Se me he indigestado el porvenir y la náusea no me deja respirar. El miedo intoxica mi sangre y solo quiero dormir. Voy a luchar contra él, la vigilia me adelgazará las manos y podré dejar de escribir definitivamente. La comida se pudre en la nevera y he decidido andar desnuda por la casa. Sé que hoy no vendrá el monstruo, tal vez más tarde saldré a gritar al balcón, para llamarle, sé que de nuevo escandalizaré a los vecinos, pero ya no me importa. Se me han roto todas las tazas de lunares entre las manos y me sangran los dedos. Así es mejor, porque me olvido del frío. No voy a dormir no, no voy a dormir...
Si hoy fuera el otro día, hablaría de Londres, escribiría como las ciudades son igual que los grupos de amigos, diría que cuando se juntan seres magníficos la espiral asciende del círculo y todos se paran a mirar, todos sienten envidia y desean pertenecerles, diría cómo esta ciudad es como esos grupos, como esos amigos que se encuentran y todos quieren serles. Diría más y más cosas, podría pensar y desarrollar ideas que ahora están en mi nevera, pudriéndose con la leche amarga que me recuerda al té inacabado. Si hoy fuera el otro día...

jueves, 9 de agosto de 2012

9-8-12


Acabo ahora de barrer la entrada de mi casa, mi verdadera casa no tiene techo, solo un balcón por donde veo pasar la vida desdibujada, donde entiendo en este pliego de frases que se diluyen en la lluvia londinense detrás del cristal que, no hay palabras, que no puedo leer la vida, que finalmente el libro que llevo toda mi vida buscando en las librerías de viejo, no se ha editado. Tantos días perdidos en las ferias del libro, en las bibliotecas, en los kioskos, en las esquinas...tantos días para olvidarlo finalmente...no libro.
Pero, entonces me doy cuenta de que no sabía leer, claro, me digo, aquellos métodos infantiles...no leer, solo escribir, escribirme a mí misma para no ser. No ser. Olvida el principio de la frase, no tiene coherencia, ¿buscar la coherencia? ¿a la vida? ¡Ja!
He barrido como siempre hago, porque hay acciones, olores o sabores que siempre se cuelan en tu maleta, porque no es posible dejar todo en casa, ¿casa? ¡casa!
Mi maleta es una porquería, ayer fui a coger unas bragas limpias y resulta que se está derritiendo.
He colocado de nuevo la esterilla en su sitio y no he regado el laurel. Hoy no me toca.

martes, 7 de agosto de 2012

...el monstruo


Ayer me volvió a visitar el monstruo, era ya muy tarde y yo estaba dormida, en el suelo, con la ropa de los tres últimos días. No había comido nada en todo el día y me dolían las células. "Que no venga esta noche, que no venga esta noche, que no venga esta noche, que no venga esta noche...". Yo había cerrado la puerta, había cerrado la puerta...llamó, abrí el pestillo, le rogué que entrase. Me dijo que no, le supliqué que entrase, me dijo otra vez que no y que no, me arrodillé, le lamí los pies llenos de estiércol y tragué los coágulos de sus guerras, le rogué que me arrojase, le pedí que me besase. Me besó. Llenó mi garganta otra vez de fango y me puso vertical, rígida, el fango se secaba en mi laringe y yo solo podía saborearlo apenas, apenas, porque la gravedad lo empujaba hacia mi ano y allí no podía alcanzarlo con mi lengua. Le ofrecí mi cuerpo, una vez más, se lo ofrecí y lo rechazó, intenté postrarme otra vez, intenté seducirlo, intenté todo, lo juro y él me rechazó. Le ofrecí mi sexo. Lo miré, él, solo él sabía lo que le ofrecía, por un momento tembló, por un momento pensó en penetrar mi vagina con su verga, solo por un momento. Yo la sentí, la sentí dentro y vomité. El fango salió en arcadas rabiosas, yo gritaba y el fango equivocaba el camino, invadía mis pulmones y rasgaba mis venas temporales. Dejé de respirar, lo hice yo, pensé que así sentiría pena por mí y volvería a hundirme su lengua entre los pliegues de mis piernas. Apestaba a podredumbre y yo sentía nauseas otra vez. 

Olía a té turco.
El viento levantó apenas la alfombra de la balconada. 
Se marchó, se alejó apoyando su mano en la baranda y dejó detrás de él un rastro de coágulos menstruales. 
Yo no podía moverme de la puerta, no podía moverme de la puerta, no podía.
Y en un espasmo bestial, se abrió mi boca encajándoseme la mandíbula, me quedé así, con los maxilares rozando ya las encías, me oriné.
Entonces amaneció, eran las cuatro y media de la mañana y amaneció. 
Pasa el tren.

7-8-2012



Rosas rosas, rosas mentirosas, rosas olorosas, rosas embaladas, rosas acompañadas, rosas confundidas, rosas mezcladas, rosas estampadas, rosas soledadas, rosas que gritan, rosas que agarran, rosas que escupen, rosas que amarran, rosas que callan, rosas que aguardan, rosas abandonadas, como mi perra, abandonada. Olvidada en la trama de mi confusión de los días bestias, rosas con el olor de mi perra que también olía a rosas. Rosas de Proust, rosas inglesas, rosas inglesas, rosas inglesas, rosas de Londres, rosas estúpidas, ingenuas, destrozadas, magestuosas, rosas y rosas y rosas y rosas y rosas y rosas y más y más rosas. Rosas como las que recibía mi madre entre borbotones que eran nauseas de hombre desesperado, rosas con pelos, rosas desnudas, rosas que me enseñan su coño virgen, rosas vírgenes, rosas vírgenes, rosas vírgenes, como era yo, ayer.
Me acurruco, me duermo, me estampo, me busco, me llamo.
Me lamo.

Alicia

Ayer me desperté con la boca llena de árboles y eso me hizo reír a carcajadas. No estaba sola, todos los árboles me comentaban como había sido el último atardecer. Es curioso pensé, creía que había tenido una pesadilla. El bullicio era tan enorme que ni siquiera podía escuchar mi risa, creo que me reía a carcajadas. Me entraron ganas de vomitar, un poco, era por la risa. París se despertaba. La luz era temprana y había dormido entre los árboles, arropada. 
¿Dónde estoy? me pregunté, miré hacia abajo y el agujero no tenía final, ¿de dónde vengo? El humo de la oruga subía azul y me mareaba. 
Miré mis manos, se aferraban a las raíces que salían de los árboles. No sentía ya peso como en mi pesadilla, me reí de mis pensamientos pequeños y me impulsé con ahínco, pude entonces sacar la cabeza y ver otra vez el sol de la merienda, mi hermana se habrá dormido, pensé, la siesta la acurruca entre las ramas de agua. No quiero salir, pero antes de saltar vi algo, algo que distrajo otra vez mis pensamientos...

jueves, 2 de agosto de 2012

Sin título


DeStRuIdA, dEsTrUcCiÓn, ArRaSaR.....vAcIaR,

Árboles



La casa se llena de árboles, entran por el balcón y llenan toda la casa de árboles, la cama está llena de árboles, tomo el vaso de agua que dejé por la noche sobre la madera y el vaso está lleno de árboles.
Me siento libre.

2-8-2012

Es la primera vez que escribo en el blog de día, es curioso, será por lo del paréntesis, igual es porque me estoy desintegrando o mejor descomponiendo o pudriéndome como la basura de mi pequeño cubo azul. Todo orgánico, ¿cómo yo? Diría que sí por aquello de la carne pero no lo creo. La mente no es orgánica, está absolutamente adulterada y contaminada, es un centro de pensamientos transgénicos que apestan. Quisiera no pensar más, la verdad es que en los últimos cinco meses he pensado menos que en toda mi vida y sin embargo he hecho más cosas que nunca. Tal vez me estoy volviendo más orgánica, por eso será que apesto y me enmohezco como mi basura inglesa. Llevo todo el día en pijama para contradecir a la noche, he vuelto a dormir con el chandal, me meto en la cama con ropa para olvidar que es de noche, que estoy durmiendo y que mi cuerpo horizontal no puede saltar y ser torpe. 
Desde que he venido aquí me acosan las pesadillas y por lo que veo, ahora la literalidad me atufa también el blog. Realmente el hedor es tan insoportable que no soporto esta cuquicocina. Voy un momento a taparme la nariz.
Ahora que recuerdo, esta noche he soñado que bajaba a por leche otra vez y que de pronto me avergonzaba por mi pijama, era de noche y yo estaba en la tienda, he intentado disculparme con el tendero que siempre me coge el monedero para que no me confunda con el cambio y me ha dicho que no me preocupe, que es de día, que solo me cuide un poco más, que estar tan despistada y bajar por la mañana a por la leche en pijama no puede ser bueno. Me ha preguntado si estoy estresada, si tengo mucho trabajo, si tengo problemas económicos. Yo le he dicho que no, que estaba bien, que solo sufro ataques epilépticos y mientras se lo decía, me tocaba entre las piernas, por si me había hecho pis...no sé. Entonces he subido a casa, era de día y no me acordaba de cuál era la puerta, estaba a punto de saltar al jardín desde mi cuarto piso, cuando el vecino de la bicicleta que antes me encontraba todo el tiempo, me ha salvado, según él, de no caerme por el balcón.
Estoy preocupada, porque ayer estuve tres horas gritándole a la pared, hoy me duele la garganta y apenas puedo hablar. Tengo vergüenza de que mis vecinos se den cuenta, de que hayan descubierto que algunos días el monstruo viene a visitarme.
Intento disimular el olor, ayer compré en Camdem incienso del que me gusta, pero no me ha dado tiempo aún a ponerlo.
Cuando viene el monstruo tenemos sexo bestial, repugnante y doloroso. Cuando viene el monstruo me viola en la regadera y me atormenta con su piel de barro hedienta que se cuela en mi vagina. Cuando el monstruo viene solo quiere tomarme y babearme y yo no puedo hablar, porque me acuerdo de la lámpara y siempre tengo miedo del cable. 
Esta noche ha venido el monstruo, me estaba cambiando de ropa, porque me he dado cuenta de que era de día, de que había bajado a por leche en pijama, de que tengo que tener cuidado con el balcón y de que no he comido desde ayer por la tarde. Entonces, me he dado cuenta de que he dormido con el monstruo, tengo todo el cuerpo lleno de mierda.
Voy a llamar a mi vecina turca, ojalá me invite a un té en su alfombra y le pueda convencer de que yo nunca he estado en el Atlántico.

martes, 31 de julio de 2012

PÁNICO o 30-7-2012


Cuando me he levantado estaba colgada de la lámpara de la cocina. No sé de qué modo extraño he llegado ahí y me he quedado dormida. El viento entra por el resquicio de la ventana y me da en el rostro. Ya no me recuerda a nada, qué extraño, me digo. Escucho en mi cabeza la guitarra de Jimmy Hendrix y quiero salir al balcón de la calle. Quiero ver pasar el tren detrás del cristal de la baranda por si es un lugar común, un punto de referencia. 
No sé cómo bajar de la lámpara y me está entrando hambre. Tengo que aprovechar porque la comida se me está pudriendo en la nevera, la casa se llena de polvo y la suela de mis Doc Martens está cubierta. 
Se me ha bloqueado la garganta y no puedo tragar saliva, siento que no puedo respirar. Es curioso, me digo, porque es el primer día que me pasa desde que he llegado. 
La guitarra sigue sonando, me pregunto si alguien ha subido el volumen del equipo y se está riendo de mí, por mi extraña ubicación.
Me gustaría llamar a la vecina turca, pero no me sale la voz. Miro al suelo y en la basura se pudre una flor. 
Estoy sola y la calle también está sola. De pronto me pregunto si soy el único ser vivo sobre el planeta y me viene la ansiedad. Aquí en la lámpara es más complicado, porque no puedo moverme por si se rompe el cable y la inmovilidad, acrecienta mi ansiedad. 
Tenía miedo a irme a la cama y aquí en la lámpara no puedo alcanzarla. No sé cuánto tiempo me queda aquí, en la lámpara, pienso que tal vez no pueda volver a pasear por estas calles ni subirme al segundo piso del autobús.
No me importa no comer, pero tengo miedo por si me siento inmensamente sola.

viernes, 27 de julio de 2012

26-7-2012


I'm exhausted.
My eyes sting.
I have worked all day on my theatre monologue.
I have gone out to the balcony so that the breeze caresses my skin.
I want to see the view from afar.

miércoles, 25 de julio de 2012

martes, 24 de julio de 2012

23-7-2012


Me he despertado con la ropa de ayer llena de barro por todas mis pesadillas. Esta noche, la cama se ha revuelto y no he podido conciliar el sueño. Casi no me da tiempo a dormir de noche. En el Círculo Polar apenas dura la luna. Yo intento eludir al amanecer, pero me acosa implacable.
He viajado muy lejos para no encontrarme a nadie por la mañana cuando bajo a comprar la leche, para reordenar todas mis contradicciones mientras me distraigo con esta sonrisa feliz a todas horas, como si estuviese encantada, mientras intento entender qué moneda tengo que sacar ahora. 
He querido borrarme del mapa camino a casa, el sol delataba la soledad y la puerta se cerraba sin ruido. 
En casa, en el balcón corredero donde asoman todas las puertas, he encontrado la paz. Hay un pequeño escalón donde me hago la ilusión de que es verano, de que estoy en casa, y este aire atlántico que continuamente me roza el rostro sin que yo quiera. No puedo esconderme de él, es demasiado sexual para eludirlo y me huele y me encuentra, aunque esté cansada, aunque esté distraída, aunque esté concentrada. No respires, viene una ola de arena...fffffffffffffffffffffffffffff.....plaf!!!
Los vecinos viven en Turquía, su país tiene dos metros cuadrados y se apuntala sobre una alfombra que siempre está tendida en la baranda, como para dismular, como para que ese aire natal, como mi océano, no les dé todo el tiempo en el rostro y sientan demasiado la añoranza.
El verano es extraño porque pone estos brillos que delatan quién eres.