jueves, 9 de agosto de 2012

9-8-12


Acabo ahora de barrer la entrada de mi casa, mi verdadera casa no tiene techo, solo un balcón por donde veo pasar la vida desdibujada, donde entiendo en este pliego de frases que se diluyen en la lluvia londinense detrás del cristal que, no hay palabras, que no puedo leer la vida, que finalmente el libro que llevo toda mi vida buscando en las librerías de viejo, no se ha editado. Tantos días perdidos en las ferias del libro, en las bibliotecas, en los kioskos, en las esquinas...tantos días para olvidarlo finalmente...no libro.
Pero, entonces me doy cuenta de que no sabía leer, claro, me digo, aquellos métodos infantiles...no leer, solo escribir, escribirme a mí misma para no ser. No ser. Olvida el principio de la frase, no tiene coherencia, ¿buscar la coherencia? ¿a la vida? ¡Ja!
He barrido como siempre hago, porque hay acciones, olores o sabores que siempre se cuelan en tu maleta, porque no es posible dejar todo en casa, ¿casa? ¡casa!
Mi maleta es una porquería, ayer fui a coger unas bragas limpias y resulta que se está derritiendo.
He colocado de nuevo la esterilla en su sitio y no he regado el laurel. Hoy no me toca.

1 comentario:

Resistencias nulas dijo...
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