martes, 24 de diciembre de 2013


                                                            Postpunk...? (...)

domingo, 22 de diciembre de 2013

Silencios


Esta mañana tenía frío, puse tanto empeño ayer en deshojarme las metáforas que me quedé desnuda. Hoy también hacía frío, en Madrid el viento sopla sin piedad de la epidermis y te asurca el rostro.
Sigo teniendo frío, el maldito frío que se me incrustó desde que perdí peso. Tengo frío otra vez y otra vez y otra vez y de una a otra se desdibuja el límite del tiempo y se vuelve una constante. 
Problemas de física, fórmulas químicas. En la habitación hay una lluvia de números silvestres, de recuerdos de los que renegabas cuando ibas al colegio. Problemas, la tabla periódica, los dibujos planos que explican el movimiento del universo, la ley de la gravedad o el presente perfecto simple, del que ahora también reniego, porque es como una fórmula matemática, como un absurdo estúpido que quiere tener razón, que opina que el tiempo tiene una explicación única y que todos pensamos igual. 
No hay presente perfecto, por qué iba a haberlo y si lo hubiese, por qué acotarlo en una fórmula lingüística. Todo son abstracciones estupefactas, ellas no tienen esencia, ni ser, ni voz siquiera.
Y yo...ando sola, paso a paso, todo ahora me resulta familiar, y sin embargo, sobrevuelo. Mi respiración ahora ha cambiado y ya solo la siento cuando estoy en la cama, allí se hace pesada, se agita y acecha a los sueños, a las pesadillas, a las noches espesas que ya no son yo, las noches pobladas de seres sin piedad, como el viento de Madrid.
He pasado los dos últimos días bailando, he bailado con extraños, con conocidos, con caras que me sonaban. No he necesitado apenas hablar en castellano, he sudado, he perdido mi ropa, he estado sola, acompañada de los danzantes, de sus figuras compactas y organizadas, de sus sonidos hedonistas, cercanos al orgasmo o en el clímax incluso. Me sumerjo, me confundo, respiro en babas o en gotas de sudor, me olvido de todos, y mis pies aún, pierden más referentes. 
Gravedad, soy como un globo de papel pinocho, soy como una flauta de rocío, soy como el humo de la hierba mojada, soy de pino y de sal, de cereza caída, de la brisa de la mañana, de la nada también y del vacío y del viento que no puede con las hojas de este otoño. 
Días de infancia que se agazapan mojados bajo las capas que cubren los parques, nada es visible pero hoy, ya no es otoño.

martes, 17 de diciembre de 2013

Incertidumbres



He llegado a casa a la hora de siempre, con la ropa de siempre, con el tiempo justo. Apenas me ha dado tiempo a tomar un té porque tenía que salir corriendo. He cogido el metro sin mirar qué estación tenía que tomar, qué dirección tenía que seguir. No me he bajado en mi destino, porque en el camino he olvidado adónde iba. 
Incertidumbres de algodón en rama que se alargan por las macetas de mi osamenta, reconozco que no es rama.
Repeticiones vírgenes, circunferencias de hierba mate, recorridos nocturnos por los pasillos de arena.
Camino furioso que no tiene caminante...recorridos, otra vez.

Una figura de plata como una bailarina en una servilleta de papel como encontrarse por la noche, debajo de tu cama, los restos deshojados de tu vaso de agua.

jueves, 5 de diciembre de 2013

VIAJAR

                         

I

IR

Camino de casa, camino de ninguna parte. El viejo reloj gotea brisa congelada, nada es como en el verano.
La camiseta rota y la piel infantil, la sonrisa de arena.
Los viajeros.

Destinos
Viajar siempre tiene un destino, un destino aún más  verdadero que el que te prendes en la solapa cuando vas a trabajar. Entonces tomas una dirección, tan solo una dirección.
Direcciones
Tener una dirección es tener una casa o tal vez tan solo una agenda. Antes…cada año en enero renovábamos la agenda o el almanaque, con bolígrafo, en papel. Ahora nadie vive en casas… direcciones de correo electrónico. ¿Quién llama a tu puerta? Nadie.
Viajar hacia el Este, a favor de la luz y el verano; viajar hacia el Norte, a favor de la lluvia, cuando la lluvia era lluvia y antes de que dejase de serlo, casa; viajar a la Isla Grande… ya he hablado demasiado.
Un viajero con una maleta, con una noticia, con un pretexto, con un destino. En el vagón del tren puedes encontrar destinos de todos los tamaños.
Él va a encontrarse con su madre, lo hace periódicamente, como una rutina. Viaja, ha cogido el tren, como siempre. Lleva un traje gris que le ciñe el talle y una servilleta de papel en la mano, se le quedó prendida antes de darle un beso fugaz, sin pensar, como los que se daban últimamente, besos con sabor a café en las comisuras. Besos de papel, recién estrenados y frágiles. Se sorprende arrugando su servilleta. Mira de nuevo por la ventana, no se mueve. Aseado y limpio se pregunta cuánto tiempo queda para llegar a casa.
El autobús va vacío, está entrando en las dársenas. Madrid, Méndez Álvaro. La pequeña con su mochila es tan diminuta que apenas se sabe si tendrá cabeza. Tiene miedo, hace frío y es de noche. Se aprieta dentro de la mano, en el bolsillo del pantalón, los restos de pan duro de un bocadillo de queso.
Aviones, leyendas, poemas, máquinas asesinas del tiempo cuando creíamos que el tiempo existía; cuando pensábamos que el tiempo se podía acumular en las agendas de papel; en los almanaques del viento; en el reloj que llevaba para dar la clase; en el rincón de cocina, cargado de polvo…



II

VOLVER

En las metáforas de las aceras heladas se agazapan las nadas, recoges algún guijarro de vacío y te lo calzas sin miedo, porque ya no reconocías tu pavor deshojado en margaritas agostadas, porque el verano no está y ni siquiera lo has visto debajo de tu cama. Y sin embargo, y sin embargo… y sin embargo nada…

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Pesadillas


Hace varios días que estoy intentando escribir y no lo consigo. El teclado inglés está a un metro y medio de mí, el ordenador pequeño a 98 centrímetros y el teclado español inalámbrico a 99. De las máquinas de Ella prefiero no hablar, porque hay tantas máquinas en esta casa que ahora, cuando intentamos escuchar lo que dice la una a la otra, resulta que tampoco podemos vernos porque los ordenadores se amontonan en el pasillo y yo, además, aún llevo en la cabeza la pantalla negra del ordenador de casa...whatever...
Me doy cuenta de que cuando llegue no estará allí, pero que tal vez la lleve en mi cabeza, aunque realmente, no sé si podré pasar en el aeropuerto con ella. Aquí son bastante "persistentes" con la seguridad y aunque no sea Stanted...será otro.

Otro...se me revuelve el estómago...¿por qué voy al aeropuerto? ¿qué es Espana? ¿por qué se escribe con mayúscula?... un momento por favor, solo quiero decirle a mi amiga A. que...no sé, lo he olvidado...epilepsia...alarido seco, recorremos en babas la ciudad, pero nadie nos mira, aquí nadie te mira...pesadillas, pesadillas, pesadillas, pesadillas...sí, ya me acuerdo...solo quería decirte...ya da igual.

Días Bestias...why not?...always...again. 3, 2, 1... ¿Tea? ¿Tea? ¿Tea?...perdida otra vez...me revuelvo en la cama, he vuelto a dormir con calcetines y la cama está llena de migas, he decidido que no voy a volver a beber agua, es para no recordar qué agradable era cuando llevaba el vaso de cristal por la noche, mientras apagaba las luces, mientras cerraba la cortina a trompicones, mientras me delineaba la piel con los recodos de las puertas, con el silencio de la casa, con las ventanas, con la madera, con las palabras, las palabras, palabras. Mi casa está llena de palabras: Los días bestias, Los días bestias II, Los días bestias III...creo que esto es lo que quería decirle a A, ya no importa. 

London I, London II, London III, London IV, London V, London VI, London VII, London VIII...he perdido la cuenta. Recuerdo que antes, cuando no soñaba, sabía perfectamente cuantos Londres eran, ahora...no recuerdo. Cada noche me sumergo en el Montón. 
Prefiero no hablar de este lugar, apenas aquí nadie más que las prostitutas lo conocen. Me gusta ir por las noches, mientras Ella duerme, porque he visto que esta es la única manera de no tener pesadillas. 
He decidido no dormir más, también me acuerdo cuando decidí no hablar, recuerdo que no logré conseguirlo, sin embargo ahora es fácil. Vivo en el balcón, rodeada de macetas y con la boca llena de arena, cuando llueve, todos días, la arena se reblandece dentro y me da una naúsea. Me gusta contenerla, porque el sabor de la arena mojada me recuerda a las macetas de Cualquiera, y la contengo. A veces paso así horas, mirando las hojas de los árboles. Nunca me había dado cuenta de cuanto tiempo lleva al árbol este proceso, pero es porque nunca había vivido en un balcón, ni en una biblioteca, ni en el rincón de un pasillo.

No me respondas.

Pesadillas, pesadillas, pesadillas...minuto uno, el aeropuerto; minuto dos, vacío; repetición, fotogramas dibujados con cúter; frontera, recoge, revienta, muerde...
Pesadillas.

Me gusta aquí, porque no soy nadie.

Arena

miércoles, 13 de noviembre de 2013

...miércoles...



En mi otra vida en Londres fui a trabajar a un colegio que estaba en Blackhorse Road, para llegar allí pasaba por diferentes calles y siempre me perdía. La gente de ese barrio habla diferente y como no les entendía bien, siempre cogía la dirección contraria y caminaba y caminaba y caminaba...
En Blackhorse Road la gente mira, te mira con cara de marinero deshojado y la piel les huele a mar.
Blackhorse... Hihgate Leyon... Chingford... Showsth...
Las ciudades son lugares increíbles...
Y entonces pare un momento, les pregunté que si les podía hacer una pregunta y les pregunté que cuántas lenguas hablaban en esa clase y me fueron diciendo uno por uno, uno por uno, y hablaban doce lenguas entre todos y era una clase de no más de veinte alumnos. Así fue.

...miércoles...Ella...


Cada vez que Ella llega a casa una tormenta de piedras se nos cae encima, intentamos hablarnos desesperadamente, pero es imposible, porque no podemos oírnos, el ruido es tan brutal que intentamos decir una palabra para saber siquiera si la otra está ahí y nada. Hoy por ejemplo nos ha entrado la risa, porque en medio de la tormenta hemos confundido la palabra tea con perra y una de las dos, ya no recuerdo cuál, se ha enfadado muchísimo, porque ha pensado que la otra la llamaba perra y claro, a nadie le gusta que le llamen perra, sobre todo si eres mujer o female como aquí.

La verdad es que mi vida en Londres...es increíble, es algo así como...mi vida en Londres.

El otro día me estuve fijando en todo lo que me ha inspirado esta ciudad, ¡una barbaridad! La verdad. Porque desde que llegué aquí no he parado de abrir Etiquetas con algo que dice Londres. No sé...será la novedad...

El caso es que ahora me estoy quedando embebida porque acabo de fijarme en las cascadas del pasillo y en los cercos de humedad y han desaparecido. ¡Qué despistada he debido de estar últimamente! porque ni me había fijado, pero debe ser porque ya no caía agua... El caso es que ahora también de la cascada están cayendo piedras. Esto sí que me da un poco de miedo, porque con el agua tenía frío y los cercos de humedad siempre me han dado grima, pero las piedras...no sé, ahora tengo miedo a cruzar el pasillo para ir a la cama, esta noche me he dado cuenta cuando dormía de que mi cabeza se ha vuelto muy pequeña y es que todo en mí se está haciendo muy pequeño. Pero ahora, tengo miedo, porque con esta cabeza tan pequeña...y seguro que me golpean las piedras, porque caen sin cesar. Seguro que mi cabeza se abrirá por la mitad y todo el pasillo se llenará de sangre y cuando Ella llegue ya habrá coagulado y no tendremos tiempo de no oírnos, porque yo ya no podré hablar. Seguro que a mí me da un poco de pena, pero Ella...Ella se va a morir de pena y va a gritar en el pasillo y todos los vecinos la escucharán incluso también nuestros amigos y K, que vive en Caledonian Road, sin embargo, Ella no podrá oírse a sí misma porque con el ruido de las piedras, no podrá escucharse.

martes, 12 de noviembre de 2013

...martes...la vida aburrida...


La verdad es que a mí si me lo llegan a decir no me lo creo, si es cierto que me dijeron de todo, sin embargo nadie me dijo que me aburriría. Pues sí, la verdad es que vivir en Londres puede llegar a ser tan apático como vivir en cualquier otro sítio, porque al final te das cuenta de que aunque esta ciudad huela a caucho y a gofre, es solo una apariencia. El ritmo y la mirada en el suelo mientras devanas la lana de tus agonías no cambia y entonces es cuando te das cuenta de que no sientes la ciudad y, podrías sentirte completamente perdida en tu universo de bombero. Pero no, porque las emociones se han secado y ya solo saltan como fósiles mojados, tan solo un brote, la muestra de lo humano, pero luego lo pierdes en la ignorancia de tu inglés, imperfecto y mancillado. Y pasé de la pulcritud de no hablar a este ahogo que me viene cuando tengo que explicarme y quiero charlar y describir eso pequeño que siento, pero solo consigo articular conceptos generales que al final llevan al camino de siempre, donde me encuentro con todos los muebles viejos apilados en cualquier parte.
Y como iba diciendo, el amor no existe, es solo una gota en la punta de una hoja que nunca será acebo, porque el amor, solo es un accidente, y por qué no todo lo demás. Te colocan aquí, como un accidente más y encima te crees que eres parte de algo. Eso es lo que me gusta de Londres, aquí no tengo que sentirme parte de nada, porque nada está consolidado, porque puedes vivir en la biblioteca y guardar tu casa en una maleta, porque no tienes amigos y la calle no tiene referentes, porque cada vez que una emoción cruza tu pensamiento, pierdes una palabra.
Y me da miedo volver a casa y mirar lo que he dejado y mirarlos y me da tanto miedo.

Una foto demasiado bella para una entrada como esta.

miércoles, 30 de octubre de 2013


                                                                I do
                                                
                                                             You are there

                                                                    Number 105



 Any number
                                                         

Empty faces

...martes...multitud


Hay veces que la necesidad de escribir se convierte en un vómito o en un aullido, yo ya lo sabía. Pero el aullido se vuelve hiel cuando no puede salir en forma de bocanada rabiosa o de mariposa bocetada. Y ahí estás, con toda la bilis encajada en tus encías, empujando, intentando hacer entender a todos que es una necesidad imperiosa. Pero la boca no se abre y no hay salida y cuando no hay salida, se vuelve de nuevo hacia atrás, absurdamente hacia atrás y hacia atrás no es retroceder ni cambiar ni siquiera renegar, hacia atrás es, no vomitar. Es tan solo volver para atrás lo que venía empujando, dejar que la bilis recorra el camino de retorno y que vuelva a algún lugar, porque tú te has quedado con las ganas y te das cuenta entonces de que vomitar no era nada especial y de que podrías vivir aguantándote las ganas, más de lo que pensabas, pero también sabes que si eres honesta contigo misma, no podrías resistir eternamente, no podrías aguantar el vómito por mucho tiempo. Es igual hacia adelante o hacia atrás, simplemente no podrías.
Y pasan algunos días, y te preguntas de nuevo por qué has vuelto a perder el camino desde la cama al cuarto de baño, te preguntas por primera vez cómo es posible olvidar algo que ya creías saber de memoria o que sabías de memoria, pero no. 
Entonces empiezas a pensar donde podrás arreglarte y te acuerdas de la biblioteca y la añoras y entonces parece que ya tienes pasado, que eres algo y que te pareces a todos los que ves por la ventana, a los que van a trabajar o vienen de comprar leche o llevan el periódico en la mano o el paraguas o esperan el autobús, como Ella. Y tú te quedas en el pasillo, mirando todas las manchas de humedad que han quedado impresas en las paredes y todavía escuchas el sonido del agua goteando en la cocina y no te atreves a encender la luz, porque es demasiado brillante y ya no hace gracia.
Y vuelves a soñar y vuelves a soñar y vuelves a soñar...y te acuerdas de cuando te sentabas en el balcón. 
Y hace frío otra vez. 
Y cada noche lo mismo otra vez. 
El aeropuerto, la maleta, María que a veces es otra vez pequeña y mamá y papá que me miran sin resentimiento y el aeropuerto, cada día diferente pero siempre un aeropuerto y el tiempo y el reloj y la prisa porque no puedo olvidarme de que tengo que llegar a tiempo, porque el avión despega y yo ya no me puedo arrepentir ya no puedo pensar y a veces voy con Ella, pero no siempre. Cada noche, cada noche, cada noche...eternamente y sin pasado, cada noche, cada noche...
Y se convierte en algo cotidiano soñar cada noche con que te vas de España y es ya una rutina despedirte cada noche y podría ser ya un hábito de vida o tal vez mi pasado en la Isla, pero el caso es que es tan solo un sueño, un sueño nocturno que se repite incesantemente, insaciablemente, incansablemente, implacablemente...
Sola, muda.
A mi alrededor el sonido aumenta, ruge, crece, se enrabieta y yo sigo golpeando el teclado, con la luz blanca de la pantalla que me delata y tal vez nadie me mira y tal vez...multitud.

jueves, 10 de octubre de 2013

miércoles, 9 de octubre de 2013

martes, 8 de octubre de 2013

...lunes...I am here...




  
Nada, espacios de papel pinocho donde se deshace la ausencia. El vacío sin huecos, que me recorre la piel. Tu camino. El recorrido infinito entre la nada y tú misma, tú mismo, alguien mismo, sí. Procuro recorrerme la piel con las yemas de los dedos, para no hacerme etérea, para pasar a la tarde completa, a ser posible o vacía para sentirme algo. 


Cosa, estupidez sumisa en la materia muerta, pretende tener sentido y está vacía. Nadie la nombra, nadie la toca, nadie la esculpe. Derrite su amargura entre las sílabas preconcebidas y arbitrarias del tiempo indeciso. 

Verano, agonía, furia sin razón y dejarse morir entre las páginas de un libro. Me levanto, y entonces me levanto, y me levanto y te escupo mi nombre como si tuviese sentido, como si yo existiese, estuviese, contase los días. Y entonces me alejo, porque lo reconocido ya lo conozco y aunque traté de reconstruirlo e inventarlo, los días de verano languidecen sin sentidos y vuelvo a reducirme y a renacerme y a reconstruirme y a maldecirme y a romperme y a desdoblarme y a retorcerme como un animal húmedo, maloliente y repugnante. Escribo mi nombre sobre las plantas de mis brazos, reuelen a otoño, el otoño que me amenaza desde que llegué a la isla, y me grabo y relleno y me reescribo en un intento de reinventarme o de retorcerme o de retenerme. Y me eludo, porque la piel se me transparenta y porque el pelo me humea y me desvela. Y cruzo la calle y te encuentro y resumes mi mañana en el recodo de tu palabra gastada y no dices nada, porque al final, nunca dices nada; porque no tengo orejas y mi estulticia reducida, te responde en silencio.

Autumn wishes…????

miércoles, 2 de octubre de 2013

...Miércoles...

                                                 
                          Bicicletas mojadas,
                                          laberintos de agua,
                                                            sueños que se derriten en la noche.
                                                                                                     Escamas

...miércoles, el vacío, el laberinto, los rotos...agujeros en la casa, las cascadas...


Estoy en la ventana del jardín, nos hemos mudado de casa, la anterior se nos había quedado pequeña y ya no podíamos guardar todos los despertadores que necesitábamos para levantarnos de la cama por las mañanas e ir a trabajar. Desayunar se había convertido en un trabajo inabarcable, intentábamos escuchar, apagar, encender, ordenar, asignar y atender a todas las alarmas, pero la casa era demasiado pequeña y cada vez que una de las dos tomaba la decisión adecuada y corría por el pasillo hacia la siguiente señal del despertador, todos los muebles que se habían acumulado en él durante la noche y las horas muertas, nos impedían pasar. Entonces nos mirábamos, como sin vernos, como si no nos viéramos, como si no pasase nada e imitábamos los gestos cotidianos, los de vestirse y modelar la nada con crema de cacao y mantequilla y colonia de té verde. 
Y nada más, porque después ya era tarde y como siempre llegábamos tarde y de nuevo te encontrabas a la estatua en el pasillo, escribiendo tu nombre sobre las paredes de cal, sobre los azulejos, sobre las caras de los niños. Y siempre chirriaba y a mí me daba dentera, como siempre, y de nuevo me imaginaba los dientes descomunales de mi abuela arañando el pasillo, y eso era peor, porque aún me producía más irritación y se me erizaba el bello y sentía otra vez ese deseo vacío de vomitar.
Vacío, nadie, la radio se apaga sin que nadie la toque, la puerta respira afanada en seguir el ritmo cuatro por cuatro de los pasos de Ella. Siempre rápida, siempre avanzando dos pasos en uno, siempre inclinada hacia delante y hacia abajo, al mismo tiempo, como si su deseo fuese ir pero la fuerza de la gravedad acortase su talle. Descendida, encogida, visible y esforzada, triste. Coteja la esquina, respira sin querer pensar en el verbo, está triste, está triste otra vez y da esquinazo a la mañana. La pierdo de vista, la pierdo de vista otra vez. Porque al irse, la figura se va haciendo más y más pequeña, se declina, se oscurece y se pierde, y en ese momento ya solo tienes la nada, el vacío y el recuerdo es la única esperanza de rellenar la casa y de nuevo los muebles y los despertadores y ella y yo chocándonos por el pasillo y los recuerdos que ya no caben en las repisas de la cocina, que se congelan en el refrigerador y yo que me devano pensando que este no es el lugar adecuado pero es que ya no me quedan más espacios vacíos en la casa, es que la casa es muy pequeña. 
Y entonces, me doy cuenta de que ya no cae agua desde las esquinas que forma la pared con el techo, que ya no escucho el sonido continuo de las cataratas en corredor, que en balcón sigue estando el agujero y que aún tengo miedo a salir, porque me puedo caer y es muy temprano y los zorros aún van a tardar mucho tiempo en llegar.

Tengo frío, el maldito frío.

jueves, 26 de septiembre de 2013

...jueves...Time



y es como si estuvieras de paso, aunque hayas dejado la biblioteca, aunque hayas recogido los infinitos Pilot de tu estuche de ganchillo de colores vivos, los que te sobraron del último colegio, el de Madrid. Porque has perdido la noción del tiempo a la hora de comer, porque ya nunca sabes cuándo sientes hambre, porque ya no suena el timbre en el pasillo dejando a todos sordos y entonces ya no te acuerdas de cuánta hambre se sentía a la hora del recreo. Porque tu inmensa maleta dorada sigue con la ropa de invierno y aquí ya huele a invierno, aunque en Madrid sea ya siempre verano y antes de salir desesperada porque te ha llamado la agencia para suplir en alguna que otra basura, te acuerdas de que tu maleta está en el trastero de A. Trasteros, casas de verano, cajas y cajitas, disco duro y voces y recuerdos que te atraviesan por los pasillos cuando intentas recoger de nuevo, inútilmente, el agua que se sigue derramando por las paredes. Y ya no das a basto y de pronto, me doy cuenta de que se está empezando a formar moho en los rincones y en los zócalos y en algunos recovecos de los muebles y en la manta que también está en lo alto del armario, donde yo no alcanzo. Y cada pan que se hornea te recuerda desde la levadura que has disminuido tu talla, que aquí eres pequeña, delgada, frágil y te miras otra vez en el espejo y reconoces otra vez tu cuerpo de rana, como el de las niñas que aún no tienen pechos y piensas, que ahora sería tan fácil que te quebrase una rama.Y los árboles otra vez, los descomunales que me hablaron el primer día, cuando llegué a casa. Los mismos que ahora esperan a que vuelva. Porque aquí todo el mundo sabe esperar, y yo a veces me voy, muy lejos, tan lejos que desde la lejanía lo miro todo con desprecio, con indiferencia, con insensatez.
Y las preguntas y las respuestas y los vacíos y los arrepentimientos y las huidas y las huidas y las huidas...
Atareada, agitada, ocupada, tremendamente ocupada y pensaba, no puedo pensar no puedo sentir y de pronto las horas vacías y las carreras locas atravesando la crazy city y la soledad de Londres. La infinita soledad de esta ciudad de huérfanos donde todos se cuidan unos a otros y siguen estando solos. La soledad del silencio y de la imposibilidad y otra vez el balcón y los árboles y A. que pasa por el parque que tenemos enfrente de casa y yo y otra vez yo y yo, a la que me encuentro en cada rincón desbordado de la casa y abro la ventana, porque la humedad ya no me deja respirar, aunque haga frío. Porque aquí ya es invierno.

domingo, 22 de septiembre de 2013


...las dos últimas boyas (la inteligencia y la belleza, cuales si no) con las que el mar nos brinda la posibilidad de prolongar un poco más el naufragio,...

                                                                                          Juan Fernández

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Silencio


Todo es de silencio. En los pasillos internos de mi cuerpo todo se está volviendo silencio. Nadie habla. Por los dedos me escurren palabras insonoras, nada emite ya ningún sonido. Él se ha marchado esta noche y la luna recorre sin ruido las esquinas enmarcadas de mi cuerpo. Como cuadros abatidos y anónimos. Turbiedades, entumecidas tardes de vacíos silenciosos. Refugios del pánico donde se aprietan las ganas de esculpir palabras de cuerdas inaudibles. La música no toca, el kiosco de la plaza mira hacia otra parte y entre los brazos se me deslizan palabras opacas que no se reconocen. Miedo. Escupo ramalazos de preguntas que se desplazan en hileras, como ejércitos ciegos de soldados sordos. Escupo sin ruido, para deslabazarme y rebanarme y añadirme entre silencios. Nada y vacío, estupor. Mañanas de papel pinocho sin alambre que se deshacen sin resentimiento. Margaritas de sílabas de penumbra que no recuerdan el color de sus sueños, retazos de minutos perdidos y entre la noche y el día, tan solo el viento que deja la esquirla de una palabra perdida, el color de mi sombra y el aroma de mis sueños. Dejo para mañana las gotas de lluvia.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Maneras


Sentirse emigrante en Europa cuando vienes de España hace que percibas tu piel más oscura, tu pelo más negro y encrespado, tus ojos demasiado marrones y hasta pedigüeños y tu altura doblada. Rebuscas en las mangas de tu camisa el orgullo de ti misma y sientes que te has vuelto invisible, que estás rodeada de sillones ocupados por gentes de todas partes y que has venido a sellar a la cola del paro de Londres. Tu voz se vuelve más baja y decides sacar tu libro de Javier Marías para sentirte una intelectual, pero no logras concentrarte. Entonces escuchas tu nombre, casi no lo reconoces, ¿soy yo? te preguntas y corres con tu inglés que se te va cayendo de la bolsa de Adidas porque sin darte cuenta habías sacado demasiadas cosas, como siempre.
Y poco a poco te vas sumergiendo en la ciudad, tu ropa se vuelve londinense, porque aunque la has traído de España, ya no la combinas igual, y aunque tu inglés aún es demasiado pequeño para tu bolsa de Adidas, ya no tienes que pensar antes en castellano y pasas una entrevista y otra entrevista y otra y otra, y hablas por teléfono con gente a quien no conoces y escribes diferentes mail y charlas con los vecinos y con el chico del gas y con el cartero y ya no se confunden en el pub cuando pides una half
Y el olvido otra vez, estaba pensando algo y ya no me acuerdo de qué era...sí, estaba en una conferencia, escuchando soluciones para atajar problemas.

Aquí piensan diferente, porque lo hacen desde la idea, no desde la ideología. Y me acordé de España, del dolor político de empequeñecerlo todo desde el juicio, ¿de donde viene la idea?... ¡ah! entonces no...no, no, no... Yo también era así. Aquí lo importante es encontrar soluciones, buscar la manera de acabar con el problema, no importa de dónde vengas, ni quién seas, ni como te vistas, ni cómo pienses. Por que aquí no es importante como pienses, si no lo que hagas, o lo que quieras hacer.

Otra cosa es el dinero, me pagan antes de dar la clase...increíble no!!!

¿Instituto Cervantes? Sí, dígame??? ¿Sabría usted decirme quién escribió Así que pasen 5
años.... Es que ya hemos cerrado, la biblioteca cierra a las 6 pm y son menos 1 minuto... Un taller de qué...??? Ah! pues aquí no sabemos nada, envié un mail a administra-ción. -ción sufijo que sustantiva al verbo, en este caso, por su terminación siempre es femenino.

Entonces cojo mi bicicleta, atravieso de nuevo Londres... Buckingham Palace, Trafalgar Square, Charing Cross, las obras otra vez, pero ahora no me tengo que desmontar de  mi bicicleta, huele a café, the hill... A. siempre dice cuando pronuncio esta palabra, ah!... not, not, not... y otra vez mi ropa de trabajo que huele a sudor... Angel... casa!

Angeles sin tildes que viajan en el trasportín de mi bici.

Y vuelo con mis ideas por Upper Stret, por Essex Road, por el canal... y entonces me doy cuenta de aquí es posible, de que ellos creen en las propuestas, en los proyectos, en las ideas diferentes, y entonces te preguntan que si tienes un local y que cuanto pagas por el espacio, y que tienes una energía maravillosa y que es una idea estupenda y que sí, que te escribo, que me interesa lo que me propones. Y subes de nuevo a tu bicicleta y se te ocurre una nueva idea y otra y otra... como las entrevistas de agosto y las llamadas de septiembre y el olor a pan a las cuatro de la mañana, cuando aún es de noche, y la lluvia que moja el suelo de madera cuando entra por el balcón y mi bicicleta y el canal y mis conversaciones por Skype y el silencio y el vacío y el desencuentro y el correo electrónico y ser invisible, invisible, invisible, invisible...

Y es que, hay maneras diferentes de Ser.

Good morning, London!

jueves, 12 de septiembre de 2013

...thursday...


Hay muchas cosas que me callo cuando camino por Londres, las frases se detienen frente a las hojas de los árboles y no dicen más. Las palabras pierden su sonoridad y ya no se escucha nada. Me pregunto por qué, a veces con algo de rabia, y sigo caminando. Pero sé que hay algo que no he podido decir.
Ya no he vuelto a soñar desde hace una noche, las pesadillas se han vuelto silencio.
Siento la extrañeza de los días sin cultivar, el pequeño vacío entre la hierba y el naranjo, la pequeña rama caída que se cubre de huecos mojados por la última lluvia de verano. Aquí no existe la última lluvia de verano, porque el sol desaparece y todo se colorea con tardes grises desde Madrid.

  

sábado, 7 de septiembre de 2013

España


Madrid, el tiempo se te ha quedado prendido en el verano. 
Verano, ya siempre serás verano. 

Costumes


Ha llegado impecable, la chaqueta del traje sin una arruga, el pañuelo de la pechera recién doblado y una parajarita de terciopelo azul metálico ceñida al cuello, como a él le gusta, apretada, muy apretada, para poder así disfrutar lentamente el placer de mi asfixia, de mi asma, de mi respiración que se corta en la mitad de pecho, a la altura del centro del universo y muy lejos del centro de mí misma. Yo me he dejado, como siempre. Me admiro de mí misma cada vez. Una vez más me desplomo en el filo de su uña de plata, recién afilada, absolutamente afilada. Esta vez no hay duda, voy a sangrar. 
La luna hoy está oculta entre las nubes y en la mañana las horas se han disfrazado de pesadilla. 
He vuelto a soñar. Eran las cinco y diez de la tarde, pero aún era por la mañana. Veíamos pasar la calle desde nuestro gran ventanal. Yo me ahogaba, sabía que él lo estaba percibiendo y sabía que jugaba a la indiferencia. 
Él recorre perfectamente el camino entre mi vacío y su carcajada. 
Salgo fuera, ya no puedo respirar, me estoy muriendo, voy perdiendo los últimos gramos de mi cuerpo adormecido, me estoy muriendo. Me repito esto una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Es algo que me hace sentirme más segura, es una máxima. La muerte es obvia y por lo tanto, es un referente.
Me armo de valor, esta vez sí voy a entrar y voy a mirarle a los ojos y voy a decirle que me marcho y me voy a girar y voy a caminar hasta el final de la calle y cuando llegue a la esquina dejará de verme y no podrá verme más y yo ya podré respirar de nuevo, como antes de conocernos, como cuando no nos conocíamos. E imagino que voy corriendo entre las fachada y los coches, me imagino en Londres y sueño con llegar algún día hasta Caledonian Road y con montar de nuevo en mi bici, que está oxidada y cubierta de telarañas después de todos estos años, y sueño con que recordaré cómo se hablaba en inglés y cómo se volvía a casa y dónde estaba la biblioteca y en dónde dormía cuando ya no vivía allí pero aún no había llegado a casa. Y volveré a creer que Peter Pan, tal vez existe y que una vez fui una niña y ya no puedo respirar y él está a mi lado. Me recoge pulcramente del brazo, como si yo fuese una bailarina de papel de servilleta, humedecida después de la comida y danzando patética. Y de nuevo me recojo, como si fuese un tablero de Monopoli y me doblo en cuatro partes, una de ellas cortada, perfectamente cortada, para que todo sea perfecto. Porque con él, todo es perfecto, sin mancha, impecable como su atuendo, como el tiempo que invierte en desdoblarme, como el peso del vacío.
Vacía.

domingo, 1 de septiembre de 2013

.Sábado.


He pensado en muchos títulos para esta entrada, he ido añadiéndolos en mi cabeza mientras me despertaba, aún en la cama; mientras iba en bicicleta por Hackney; mientras pasaba el sábado. Incluso he pensado en ponerla aparte. Aparte, aislada, fuera. Al final sin pensar llego ahora a la conclusión de que no merece estar aparte lo que se destaca de un modo particular.
Incluso sentí la necesidad VITAL de escribir nada más levantarme y me angustié pensando en que no tendría suficiente tiempo en el espacio que quedaba entre salir de la cama e ir a contact.
Hoy es septiembre, qué mes tan pesado, empeñado siempre en cargarse de metáforas. Pero hoy es septiembre y ayer el último día de agosto y mañana el primer día de colegio y yo, no voy a volver. Eso es lo que pensé ayer por la mañana cuando abrí los ojos. Entonces se me cruzó por la cabeza la palabra venganza...qué cosas!
Entonces me acordé de Sinpalabras y de Tea y de abril y de mayo y de todos los pequeños momentos en que vivía en ninguna parte y me distraía mirando el más allá, y fue en ese momento cuando pensé que todo era una venganza. La revancha del heavy metal, la poesía pura llegó primero pura, vestida de inocencia.
¿Dónde están mis alumnos? ¿Qué será sin mí ahora en sus cabezas? Preguntas al aire o pregúntale al aire, mejor si vas en bicicleta atravesando barrios por la ciudad de Londres. Y pasas de Angel a Hackney y de Hackney a Stoke Newton y en Stoke Newton cambias a otro lugar, un mundo diferente. Gentes de negro, con largas madejas de pelo colgando por encima de las orejas. Mujeres que me recuerdan a las películas de los años 50, niños que parecen adultos de 50. Gentes ordenadas, limpias, de piel blanquísima. Hablan sin hacer ruido, pasean como una familia feliz (porque las familias felices...), con sus propias normas desde dónde existen y son o no son, porque realmente todo me parece un juego de Play Station.
He recogido plantas aromáticas para la ensalada de esta noche, últimamente tengo hambre. A veces los platos son como estampas de los libros de cocina, y no sabes muy bien si estás cenando o eres un nuevo juego de la Play Station.
Ahora me cuesta menos escribir en inglés, lo hago. También tengo que pensar menos al hablar y me tomo el tiempo de corregirme delante de las caras de los ingleses que tienen mi palabra en la punta de su lengua. It´s funny! Sometimes I´ll like to laugh! I do, maybe inside.
En Londres pasas de cualquier parte del mundo a cualquier otra, puedes viajar por el planeta en tu bicicleta sin parar en la aduana. Vas notando en un momento, sin brusquedad, que algo ha cambiado. Entonces el color ya no es el mismo, la luz incluso puede cambiar, tal vez por los árboles. Ahora me parece que en el barrio donde viven los Hasidic los árboles son más altos, y sin tantas ramas por abajo, creo que por eso la luz llegaba con más color hasta el asfalto. También el asfalto cambia y las fachadas, pueden pasar de ser más ruinosas a perfectamente cuidadas, pero todas, todas, parece que tienen los jardines abandonados, cuando las miras por delante.
Un parque puede ser un bosque, el canal un río, barcos que son casas...

- Is this the end of London?
- No, my darling.

Y parece que estás fuera de Londres, porque no se oye ningún ruido urbano. La ciudad de los zorros, el país de Nunca Jamás, porque el otro día intenté escribir que cuando uno se muda de Ninguna Parte al país de Nunca Jamás...

Hoy he visto a Oliver Twist, estaba en casa, aburrido y sucio, sin nada que hacer porque no tiene nada. Mirar al río ya le cansa y hoy no quiere ser visto, porque si no, podría salir a pescar con el sedal. Pero hoy, no quiere ser visto. 
Escucha con repulsión las voces que suben de la calle, el apestoso olor a sudor, a tabaco y a cerveza. Su madre tampoco subirá hoy a cenar, y Oliver Twist no cenará esta noche, porque no quiere, como tampoco quiere pescar. 
Una prostituta, con la voz quebrada se zafa de un viejo borracho que se le cae encima, nadie la ayuda, porque es una prostituta y todo el mundo lo da por hecho, como en España. 
Sin embargo el lugar me parece idílico, el campo, el sendero, los barcos, el canal, la baranda, el banco de madera y nosotras. Todo en una hilera de líneas paralelas, como nosotras, como el amor, paralelo.
Vuelvo a casa, qué es casa..?
Un cementerio. Solo aquí puedes ver lo que ves. El cementerio es un Parque Natural, supongo que lo declararon zona protegida después, me refiero a que primero fue un cementerio, y como aquí no cuidan las cosas, pero tampoco las tiran, es decir, que simplemente las usan con toda naturalidad. Entonces de pronto, entre las tumbas comienzan a crecer plantas increíbles, especies únicas que ahora se vuelven protegidas y ella me dice que este es un lugar perfecto para venir a pasear y traerte un bocadillo y un libro y pasar aquí la tarde. Ella es londinense. 
Seguro que por la noche está lleno de zorros. Yo ahora tengo un zorro en casa, lo que pasa es que lo tengo en el parque, porque ella aún no me deja subirlo a casa ni darle de comer, pero todas las noches nos miramos a los ojos. Yo desde el balcón y él desde el rincón del parque y sube su cola y un poco sus orejas, y yo, pues no sé, porque no puedo verme. Pero me pongo muy contenta y hasta pienso que si no veo al zorro algo no está bien.
Y turkish bread, with potaoes, en el mejor sitio de Londres, no quema, bicicleta otra vez, y un domingo cualquiera para mí es una aventura, un gran viaje.


jueves, 29 de agosto de 2013

...jueves...


A veces siento un agujero en el estómago cuando me voy a la cama, no sé muy bien por qué...es verdad, otra vez me he olvidado de comer. 
La bolsa de té se me quedó toda la tarde sobre la encimera ahogándose dentro de la taza; el café, dormido delante de mí, en la hora del lunch y la comida en la nevera, junto a la sopa de miso. La verdad es que no fue un día muy agradable.

De pronto se me borran las ideas, es el vacío en el estómago, en el calendario, en la bandeja de entrada, en los rostros detrás de la pantalla del ordenador, en las calles de Madrid, en los vasos de cerveza que nunca me puedo terminar, y la lista interminable, la riada de guiones imparable que me escruta desde el cuaderno rojo.
Cierras la puerta otra vez, de nuevo te veo bajando las escaleras desde el hueco de cristal y susurro sin que puedas oírme, porque se me ahoga la voz...bye, y nada más. Se cierra la puerta sin ruido, no quiero volverme, sé que otra vez la casa esta girando en su rutina conocida. No estoy hoy preparada para recoger el agua que chorrea desde la pared, tengo miedo a cruzar el pasillo, sé que de nuevo, el hueco es demasiado ancho para mi pequeño cuerpo.
Ordeno la rutina en la caja de zapatos que nos ha sobrado en el caos de nuestro cuarto, intento que todo quepa sin que quede ningún espació vacío. Me sobra espacio, me pregunto si esto es también un espacio vacío. Pienso en buscar más objetos para rellenar la caja, pero no sé si esto será engañarme a mí misma. No quiero hacerlo. Me quedo un rato paralizada delante la caja, no sé qué hacer.

Olvidos

Cuando no se estudia gramática no se puede olvidar lo que es un verbo porque no se concibe, porque lo que no se concibe no existe. 

Cuando se ha vivido, no se puede olvidar lo vivido, porque va sumando conceptos en la epidermis y cada día se recuerda, se relee o incluso a veces, lo reescribimos con el paso del tiempo. 

Y entonces, vivir en el susurro, apagar el racimo de rumores que se cuelan por el tiempo, recubrir la colcha de la cama con tapioca y leche, rebajar los sonidos que tamizan mi espalda en la mañana, y volver a dormir, y despertar en la noche mojada de sudor, y recordar los barrotes de mi cama agarrotada y murmurarte sin miedo que me cuentes cómo has sido con el paso del tiempo, cuándo descubriste el calor de las tardes cansadas.

Llego tarde otra vez, el reloj no ha esperado a que llegase, en la puerta de la calle de nuevo tengo que recoger por la acera todos los minutos perdidos, los segundos alterados cuando quería ganar tiempo al tiempo, las esperas sumadas y gastadas en vacíos, los gestos repetidos, las voces conocidas, el paso del tiempo.

Pasa un zorro. Cuando pierdo la cuenta de su día a día, me siento perdida. Tal vez es porque ya no viene debajo de mi balcón, porque ya no me observa con los ojos brillantes, más certeros que los míos, que se vuelven de aguas estancadas con el paso del tiempo.

Y perder las secuencias mientras bajas la escaleras por trescientas sesenta y cinco veces en este verano y al subir pisarlas sin prestar atención, porque no quieres pensar, porque te estabas olvidando de recordar y de pronto se te escurren las memorias y te encuentras agotada de tanto vacío. Es el paso del tiempo, pero cuando el tiempo no existe ya no se puede recordar, porque el recuerdo pertenece al tiempo y el tiempo ya no existe. Es el paso del tiempo.

Salgo a la calle, me diluyo entre el aroma mojado de la ciudad sin tiempo, me escurro haciéndome la invisible y paso desapercibida. Nadie te mira; nadie te toca; nadie ni tan siquiera te roza. En la ciudad de la lluvia nada se dilata, me siento en el escalón de Angel, los zapatos avanzan, he perdido mi caja babeada de nodles, hoy no llevo la falda. Ya no sonrío. 
Sin embargo, los días se repiten, pero no dejan rastro

domingo, 25 de agosto de 2013

...sábado...



EL LISTADO

- Empinarse sobre los talones para llegar hasta la parte de arriba de los armarios, los tallarines, la harina, el corcho sobre el que se colocan los platos calientes, las pajitas de colores, el vinagre de manzana, el aceite de sésamo...anything else?

- Estar a punto de preguntar a tu alumno que de dónde es y recordar que ella odia que le hagan esa pregunta, porque es de Londres, y de pronto te das cuenta de que en España todo el mundo haría esa pregunta, porque allí, todo se da por hecho.

- Cambiar la hora del reloj y perder la hora de España y tener ya todos los relojes con la hora inglesa y volver a sentir el miedo a olvidar mis datos personales y acordarme de todas las bolsas de plástico llenas de ropa mientras caminaba en verano hacia el contenedor y me quedaba paralizada delante de la abertura, porque nunca recuerdo si he cerrado las bolsas de plástico, y distraerme mirando a mi vecina, inmensa con su perro diminuto.

- Trabajar con dos ordenadores, tres teclados, dos de ellos en idiomas diferentes, tres o más soportes para guardar datos, y enviarme los archivos por mail desde el ordenador español al inglés, en donde también tengo abierto mi correo electrónico y descargar luego los archivos y desde el mismo guardarlos en el disco duro.

- Huellas de felino en el paso de cebra.

- La proyección de una película desde la casa de enfrente sobre el muro de ladrillo de la casa del vecino.

- Tener frío.

- Estar en silencio.

- Y mudarse de ninguna parte al país de Nunca Jamás...Peter Pan...?

- ...

jueves, 22 de agosto de 2013

...jueves...



El tiempo es algo extraño, pasas la mayor parte de tu vida esperando a que pase para luego tener de nuevo tiempo de poder esperarlo de nuevo. Esperamos a que pase el tiempo y nos sentamos en una silla indiferente y hacemos planes y recordamos y organizamos el día y nos arreglamos para ir a trabajar, como hace ella ahora, con una rutina que adelanta el momento del lunch. Bien es cierto que hay personas, como ella, que no habitan el tiempo, que saltan por encima de los instantes sin percibirlos, porque cuando no piensas en el tiempo, cuando no sientes el tiempo, el tiempo no te transita y la vida te pasa, como a ella, en una sucesión de instantes conquistados. 
It's a skill.

Esta mañana, el tiempo se había detenido en la mesita de noche, como uno diferente, significando el verbo detener con un nuevo matiz, el literal; con el sentido físico, el de permanecer inmóvil, estático, observante, juguetón. Esta mañana, el tiempo había olvidado su sentido poético adquirido. 

Hay muebles, como la mesita de noche, que realmente no se corresponden con sus significados, igual que el tiempo. La mesita de noche puede ser una estantería desubicada o las patas de una mesa que huyeron, simplemente, huyeron. Y el tiempo se había congelado y yo lo miraba y nos mirábamos desde el acantilado turbio de los significados adquiridos. Y simplemente no hablaba, pero podía mirar, y yo podía retener entre las cuentas de su collar, los vapores evadidos de la noche pasada. Y las palabras me pesaban de tantas connotaciones, y me costaba abrir los ojos, porque al mirar al tiempo los recuerdos empujaban desorganizadamente, caóticamente, bestialmente, ruidosamente, como un ejército de hombres salvajes con sus penes agitados. Y yo trataba de ser literal, de ponerme el pijama y salir de la cama con el té en la mano, de recorrer el espacio inmenso entre la ventana y la cocina, de escalar a la silla y asomarme a la ventana de la casa, trataba. 
El tiempo me estaba esperando, el tiempo que duerme ahora en la estantería de noche, el tiempo que sobrevuela mis sueños y no puede rozarla. Y cada noche, mis sueños superan al ejército de hombres con sus penes erectos, y el tiempo observa y mis hombres se revuelven y los recuerdos se defienden falsamente, tan solo para disimular, tan solo por la absurda obligación de recordar el pasado, de recordar mi vida. Y se ahogan, y enmudecen, y se congelan, y yo ya no recuerdo nada, y el tiempo pasa como por rutina, como sin personalidad y vuelvo a soñar y de nuevo se me amontonan entre las marcas que deja la sábana en mi piel desnuda cada noche, secuencias descomunales, imágenes deshabitadas, retazos inservibles que me habitan y me desbordan, de nuevo sin sentido poético. Y cada mañana, mis sueños nocturnos conquistan mi cuerpo y dominan mi decisión y me recuerdan que me pueblan y desaparezco y pienso en ellos y los llamo y comparto mi tiempo con ellos sin poder comprenderlos nunca. 
Porque esta mañana, cuando me desperté, el tiempo era un pedazo de aliento de papel.



sábado, 17 de agosto de 2013

...sábado...


Me estaba quedando dormida en el sofá, como si fuese domingo. Los domingos la biblioteca está vacía y yo me hago a la idea de que vivo en un castillo. Es así como victoriana, como vieja, como sucia y funciona. Me siento ya aquí un poco más en casa porque resulta que he puesto unas fotocopias en el corcho con mi foto, anunciando clases particulares y así, pues cuando me doy una vuelta me recuerda un poco al salón de mi casa. A veces me obsesiono un poco con esto de los carteles y hago lo mismo que en la biblioteca. Me acuerdo una vez que en mi casa no podíamos pasar al cuarto de baño porque la puerta estaba cubierta con los papeles, reconozco que ahí se me fue un poco la mano, pero al final escribí una entrada en el blog.
El caso es que cuando me desperté y fui a la cocina para hacerme un té, aquí en la biblioteca podemos, este país es diferente. Pues oí un ruido extraño, como de manifestación, me quedé muy quieta en la puerta. Me di la vuelta y abandoné la idea de tomarme el té, alredor de la ketel había un montón de gente, gritaban no sé qué, pero yo me aburrí enseguida de mirar la manifestación y me volví a mi sitio. Lo bueno de vivir aquí es que siempre puedo elegir sitio y no tengo que hacer la aburrida cola cada mañana.

Qué gracia, alguien había sacado ayer el pétalo del vaso y lo había puesto en el borde del lávabo, me hizo reír. Yo lo dejé ahí, pienso que seguirá todavía en el mismo sitio donde lo dejé. No es como lo de la ketel, la verdad es que en la cocina nunca puedo encontrar las cosas y las que me gustan están demasiado alto. Por eso me olvido de comer.