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viernes, 28 de noviembre de 2014

Brixton

Me gusta tanto cruzar la Gran Avenida de Brixton para tomar el metro. 



Cuando caminas entre la gente, de pronto te olvidas de quién eres, porque ya no estás, porque tu presencia deja de ser en este centro del mundo. 







Cuando cruzo la Gran Avenida de Brixton para coger metro, parezco parte de una red que se entrelaza sin chocar. Porque cuando cruzamos entre los coches tocándonos sin sentirnos, somos parte de una ciudad invisible porque el semáforo que atraviesa la Gran Avenida de Brixton es una ciudad de paso donde sus habitantes caminan y entran y salen y se mueven en esporas.

viernes, 22 de agosto de 2014

http://wildclubspitalfieldsfarm.tumblr.com/


He cambiado mi coche por una bicicleta, el colegio  por una granja, Copasa por el huerto de mujeres de Brick Lane y los huevos anónimos por huevos de gallinas con nombre, el café por el té, desayuno Marmite y hoy, me he sentido aliviada cuando ha llegado la lluvia.

lunes, 14 de julio de 2014

jueves, 10 de julio de 2014

viernes, 23 de mayo de 2014

...sábado...la ratonera...


La verdad es que parecía que ya vivíamos, o vivía, sin ser pasado imperfecto de subjuntivo, en una casa normal, una casita pequeña, pero muy cuca.
Entonces Alicia otra vez, la casa se ha vuelto pequeña, tan pequeña que ya no es habitable. Nos hemos arrinconado en el espacio que hay entre el sofá y el suelo, pero es muy incómodo, sobre todo para ella, que sin ser Alicia, es gigante. Yo intento no moverme, pero como no paro de toser a cada golpe de tos me doy con la espalda en el suelo del sofá y me está saliendo un moratón horrible. Ella quiere mirarlo a toda costa, pero yo le dijo que no se mueva, que luego no va a poder volver a encontrar la postura y con lo que aquí tardan en venir para solucionar cualquier reparación pues que se le pueden ir los meses, no sé, la verdad es que ya no sé qué decirle porque la situación es tan descabellada que disimular es peor que no, pero una siempre piensa con esta moralina cristiana que le dejó no se sabe quien, que mejor no hablar de lo malo, aunque sea evidendente, porque así todos se sienten mejor. Yo me pregunto si ella se siente mejor.
Hoy no comemos, se nos ha olvidado con tanto pensar en como acomodarnos, y otra vez la tos.

jueves, 27 de marzo de 2014

Itaka, Constantino Kavafis


Cuando emprendas tu viaje a Itaka 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaka en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaka te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el 

jueves, 13 de marzo de 2014

...sunday...espirales...

En las tardes de verano...


...

Puedes entrar en el agujero o estar en el agujero, puedes caer por la rampa invisible y creer que estás escribiendo canciones, puedes soñar, sin soñar, y recoger la madeja que dejó tu madre descuidadamente sobre el  brazo del sofá e intentar tocarla sin tocarla y soñar que te has dormido con la ropa del miércoles por la noche y sentirte en una nada de cuatro paredes que se ha secado de tanto esperar.
Puedes caer por el agujero, sin darte cuenta, sin saltar, sin mirar, sin pensar, pero estás cayendo, caes sin reconocer tu cuerpo y tampoco te miras desde el borde del agujero. Alicia hace mucho que llegó a la fiesta, que toma el resto de su bizcocho mojado en té y que ya se le ha quedado frío de tanto esperar. Alicia ya no se acuerda de ti, hace mucho tiempo que miró hacia atrás y te vio cayendo. Alicia está vestida, su delantal no se ha manchado en el camino, las raíces son tan solo visiones, sueños o pesadillas, pero Alicia no tiene miedo, no siente cada noche el contacto caliente de todas las presencias.
Tu cama está mojada, tu cama se encharca del sobrante de tu cuerpo, te pierdes en tus sueños que no son agujeros, que no pertenecen a países a lugares a tiempos. Y todos vuelven, todos se sientan en el borde de tu cama, para hablarte al mismo tiempo, en distintas sintonías que tú no puedes absorber, porque tu cuerpo está sudado y pejagoso y las manos se resbalan por tu piel, en la noche, sin que puedan rozarte. 
Y no puedes pensar, porque la cabeza se va desgastando y se funden las ideas y el alienamiento y la pesadez y te encuentras a ti misma sin poder verte. Ves el ojo, el agujero oscuro.
Y creas nadas invisibles que ni tan siquiera tú puedes ver y te olvidas del aire que deja tu cuerpo al pasar, porque ya no hay nada, pero creas estructuras invisibles cargadas de sinsentidos y canciones imposibles y trazos incoloros con pinceles chinos. Y te inventas para no olvidarte, para no dejar de mirarte a ti misma, cayendo por el agujero, como hacía Alicia.


...marzos....


Cruzo el puente de London Bridge, la ciudad, los dos lados del río. Es como si no estuviese aquí, como el sueño de un recuerdo anticipado. 
Londres, no es la ciudad de mis sueños, cruzo el puente del río, una vez, otra vez, una más. No, no es la ciudad de mis sueños, mis piernas pedalean sobre London Bridge, los dos lados de la ciudad, el puente del río.

jueves, 23 de enero de 2014

...Thursday...


Ahora tengo un nuevo trabajo, apagar fuegos. Es muy interesante, creativo y hasta bonito; lo único malo que tiene es que es poco ecológico y a mí la ecología siempre me ha preocupado muchísimo.
Cada mañana me despierto llena de esperanza, ¿cuál será mi próximo fuego? ¿será grande? ¿será peligroso? ¿habrá víctimas, heridos leves, graves, mujeres, niños, ancianos, hombres con pelos en el pecho...? Intento entonces aguantar cinco minutos más en la cama, porque de verdad que la ansiedad por ducharme, vestirme de bombera y ponerme el abrigo casi me hace olvidar, cada día, que tengo que pasar quince minutos serenamente delante de mi té y prepararme el lunch.

Esta semana no ha habido muchos fuegos en London y la verdad que eso me hace deprimirme bastante, pero le he prometido a Ella que no voy a estar triste, que la ciudad está llena de incencios y de peligros y que aunque yo solo esté en la brigada de fuegos pues que it´s coming. Vamos que seguro que con el tiempo todo irá mejor y podré salir corriendo en cuanto suene la trompeta del móvil, a no sé dónde.

Aunque la verdad, no se lo he dicho, pero está lloviendo tanto...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

...miércoles...



En mi otra vida en Londres fui a trabajar a un colegio que estaba en Blackhorse Road, para llegar allí pasaba por diferentes calles y siempre me perdía. La gente de ese barrio habla diferente y como no les entendía bien, siempre cogía la dirección contraria y caminaba y caminaba y caminaba...
En Blackhorse Road la gente mira, te mira con cara de marinero deshojado y la piel les huele a mar.
Blackhorse... Hihgate Leyon... Chingford... Showsth...
Las ciudades son lugares increíbles...
Y entonces pare un momento, les pregunté que si les podía hacer una pregunta y les pregunté que cuántas lenguas hablaban en esa clase y me fueron diciendo uno por uno, uno por uno, y hablaban doce lenguas entre todos y era una clase de no más de veinte alumnos. Así fue.

...miércoles...Ella...


Cada vez que Ella llega a casa una tormenta de piedras se nos cae encima, intentamos hablarnos desesperadamente, pero es imposible, porque no podemos oírnos, el ruido es tan brutal que intentamos decir una palabra para saber siquiera si la otra está ahí y nada. Hoy por ejemplo nos ha entrado la risa, porque en medio de la tormenta hemos confundido la palabra tea con perra y una de las dos, ya no recuerdo cuál, se ha enfadado muchísimo, porque ha pensado que la otra la llamaba perra y claro, a nadie le gusta que le llamen perra, sobre todo si eres mujer o female como aquí.

La verdad es que mi vida en Londres...es increíble, es algo así como...mi vida en Londres.

El otro día me estuve fijando en todo lo que me ha inspirado esta ciudad, ¡una barbaridad! La verdad. Porque desde que llegué aquí no he parado de abrir Etiquetas con algo que dice Londres. No sé...será la novedad...

El caso es que ahora me estoy quedando embebida porque acabo de fijarme en las cascadas del pasillo y en los cercos de humedad y han desaparecido. ¡Qué despistada he debido de estar últimamente! porque ni me había fijado, pero debe ser porque ya no caía agua... El caso es que ahora también de la cascada están cayendo piedras. Esto sí que me da un poco de miedo, porque con el agua tenía frío y los cercos de humedad siempre me han dado grima, pero las piedras...no sé, ahora tengo miedo a cruzar el pasillo para ir a la cama, esta noche me he dado cuenta cuando dormía de que mi cabeza se ha vuelto muy pequeña y es que todo en mí se está haciendo muy pequeño. Pero ahora, tengo miedo, porque con esta cabeza tan pequeña...y seguro que me golpean las piedras, porque caen sin cesar. Seguro que mi cabeza se abrirá por la mitad y todo el pasillo se llenará de sangre y cuando Ella llegue ya habrá coagulado y no tendremos tiempo de no oírnos, porque yo ya no podré hablar. Seguro que a mí me da un poco de pena, pero Ella...Ella se va a morir de pena y va a gritar en el pasillo y todos los vecinos la escucharán incluso también nuestros amigos y K, que vive en Caledonian Road, sin embargo, Ella no podrá oírse a sí misma porque con el ruido de las piedras, no podrá escucharse.

martes, 12 de noviembre de 2013

...martes...la vida aburrida...


La verdad es que a mí si me lo llegan a decir no me lo creo, si es cierto que me dijeron de todo, sin embargo nadie me dijo que me aburriría. Pues sí, la verdad es que vivir en Londres puede llegar a ser tan apático como vivir en cualquier otro sítio, porque al final te das cuenta de que aunque esta ciudad huela a caucho y a gofre, es solo una apariencia. El ritmo y la mirada en el suelo mientras devanas la lana de tus agonías no cambia y entonces es cuando te das cuenta de que no sientes la ciudad y, podrías sentirte completamente perdida en tu universo de bombero. Pero no, porque las emociones se han secado y ya solo saltan como fósiles mojados, tan solo un brote, la muestra de lo humano, pero luego lo pierdes en la ignorancia de tu inglés, imperfecto y mancillado. Y pasé de la pulcritud de no hablar a este ahogo que me viene cuando tengo que explicarme y quiero charlar y describir eso pequeño que siento, pero solo consigo articular conceptos generales que al final llevan al camino de siempre, donde me encuentro con todos los muebles viejos apilados en cualquier parte.
Y como iba diciendo, el amor no existe, es solo una gota en la punta de una hoja que nunca será acebo, porque el amor, solo es un accidente, y por qué no todo lo demás. Te colocan aquí, como un accidente más y encima te crees que eres parte de algo. Eso es lo que me gusta de Londres, aquí no tengo que sentirme parte de nada, porque nada está consolidado, porque puedes vivir en la biblioteca y guardar tu casa en una maleta, porque no tienes amigos y la calle no tiene referentes, porque cada vez que una emoción cruza tu pensamiento, pierdes una palabra.
Y me da miedo volver a casa y mirar lo que he dejado y mirarlos y me da tanto miedo.

Una foto demasiado bella para una entrada como esta.

martes, 8 de octubre de 2013

...lunes...I am here...




  
Nada, espacios de papel pinocho donde se deshace la ausencia. El vacío sin huecos, que me recorre la piel. Tu camino. El recorrido infinito entre la nada y tú misma, tú mismo, alguien mismo, sí. Procuro recorrerme la piel con las yemas de los dedos, para no hacerme etérea, para pasar a la tarde completa, a ser posible o vacía para sentirme algo. 


Cosa, estupidez sumisa en la materia muerta, pretende tener sentido y está vacía. Nadie la nombra, nadie la toca, nadie la esculpe. Derrite su amargura entre las sílabas preconcebidas y arbitrarias del tiempo indeciso. 

Verano, agonía, furia sin razón y dejarse morir entre las páginas de un libro. Me levanto, y entonces me levanto, y me levanto y te escupo mi nombre como si tuviese sentido, como si yo existiese, estuviese, contase los días. Y entonces me alejo, porque lo reconocido ya lo conozco y aunque traté de reconstruirlo e inventarlo, los días de verano languidecen sin sentidos y vuelvo a reducirme y a renacerme y a reconstruirme y a maldecirme y a romperme y a desdoblarme y a retorcerme como un animal húmedo, maloliente y repugnante. Escribo mi nombre sobre las plantas de mis brazos, reuelen a otoño, el otoño que me amenaza desde que llegué a la isla, y me grabo y relleno y me reescribo en un intento de reinventarme o de retorcerme o de retenerme. Y me eludo, porque la piel se me transparenta y porque el pelo me humea y me desvela. Y cruzo la calle y te encuentro y resumes mi mañana en el recodo de tu palabra gastada y no dices nada, porque al final, nunca dices nada; porque no tengo orejas y mi estulticia reducida, te responde en silencio.

Autumn wishes…????

miércoles, 2 de octubre de 2013

...Miércoles...

                                                 
                          Bicicletas mojadas,
                                          laberintos de agua,
                                                            sueños que se derriten en la noche.
                                                                                                     Escamas

...miércoles, el vacío, el laberinto, los rotos...agujeros en la casa, las cascadas...


Estoy en la ventana del jardín, nos hemos mudado de casa, la anterior se nos había quedado pequeña y ya no podíamos guardar todos los despertadores que necesitábamos para levantarnos de la cama por las mañanas e ir a trabajar. Desayunar se había convertido en un trabajo inabarcable, intentábamos escuchar, apagar, encender, ordenar, asignar y atender a todas las alarmas, pero la casa era demasiado pequeña y cada vez que una de las dos tomaba la decisión adecuada y corría por el pasillo hacia la siguiente señal del despertador, todos los muebles que se habían acumulado en él durante la noche y las horas muertas, nos impedían pasar. Entonces nos mirábamos, como sin vernos, como si no nos viéramos, como si no pasase nada e imitábamos los gestos cotidianos, los de vestirse y modelar la nada con crema de cacao y mantequilla y colonia de té verde. 
Y nada más, porque después ya era tarde y como siempre llegábamos tarde y de nuevo te encontrabas a la estatua en el pasillo, escribiendo tu nombre sobre las paredes de cal, sobre los azulejos, sobre las caras de los niños. Y siempre chirriaba y a mí me daba dentera, como siempre, y de nuevo me imaginaba los dientes descomunales de mi abuela arañando el pasillo, y eso era peor, porque aún me producía más irritación y se me erizaba el bello y sentía otra vez ese deseo vacío de vomitar.
Vacío, nadie, la radio se apaga sin que nadie la toque, la puerta respira afanada en seguir el ritmo cuatro por cuatro de los pasos de Ella. Siempre rápida, siempre avanzando dos pasos en uno, siempre inclinada hacia delante y hacia abajo, al mismo tiempo, como si su deseo fuese ir pero la fuerza de la gravedad acortase su talle. Descendida, encogida, visible y esforzada, triste. Coteja la esquina, respira sin querer pensar en el verbo, está triste, está triste otra vez y da esquinazo a la mañana. La pierdo de vista, la pierdo de vista otra vez. Porque al irse, la figura se va haciendo más y más pequeña, se declina, se oscurece y se pierde, y en ese momento ya solo tienes la nada, el vacío y el recuerdo es la única esperanza de rellenar la casa y de nuevo los muebles y los despertadores y ella y yo chocándonos por el pasillo y los recuerdos que ya no caben en las repisas de la cocina, que se congelan en el refrigerador y yo que me devano pensando que este no es el lugar adecuado pero es que ya no me quedan más espacios vacíos en la casa, es que la casa es muy pequeña. 
Y entonces, me doy cuenta de que ya no cae agua desde las esquinas que forma la pared con el techo, que ya no escucho el sonido continuo de las cataratas en corredor, que en balcón sigue estando el agujero y que aún tengo miedo a salir, porque me puedo caer y es muy temprano y los zorros aún van a tardar mucho tiempo en llegar.

Tengo frío, el maldito frío.

jueves, 26 de septiembre de 2013

...jueves...Time



y es como si estuvieras de paso, aunque hayas dejado la biblioteca, aunque hayas recogido los infinitos Pilot de tu estuche de ganchillo de colores vivos, los que te sobraron del último colegio, el de Madrid. Porque has perdido la noción del tiempo a la hora de comer, porque ya nunca sabes cuándo sientes hambre, porque ya no suena el timbre en el pasillo dejando a todos sordos y entonces ya no te acuerdas de cuánta hambre se sentía a la hora del recreo. Porque tu inmensa maleta dorada sigue con la ropa de invierno y aquí ya huele a invierno, aunque en Madrid sea ya siempre verano y antes de salir desesperada porque te ha llamado la agencia para suplir en alguna que otra basura, te acuerdas de que tu maleta está en el trastero de A. Trasteros, casas de verano, cajas y cajitas, disco duro y voces y recuerdos que te atraviesan por los pasillos cuando intentas recoger de nuevo, inútilmente, el agua que se sigue derramando por las paredes. Y ya no das a basto y de pronto, me doy cuenta de que se está empezando a formar moho en los rincones y en los zócalos y en algunos recovecos de los muebles y en la manta que también está en lo alto del armario, donde yo no alcanzo. Y cada pan que se hornea te recuerda desde la levadura que has disminuido tu talla, que aquí eres pequeña, delgada, frágil y te miras otra vez en el espejo y reconoces otra vez tu cuerpo de rana, como el de las niñas que aún no tienen pechos y piensas, que ahora sería tan fácil que te quebrase una rama.Y los árboles otra vez, los descomunales que me hablaron el primer día, cuando llegué a casa. Los mismos que ahora esperan a que vuelva. Porque aquí todo el mundo sabe esperar, y yo a veces me voy, muy lejos, tan lejos que desde la lejanía lo miro todo con desprecio, con indiferencia, con insensatez.
Y las preguntas y las respuestas y los vacíos y los arrepentimientos y las huidas y las huidas y las huidas...
Atareada, agitada, ocupada, tremendamente ocupada y pensaba, no puedo pensar no puedo sentir y de pronto las horas vacías y las carreras locas atravesando la crazy city y la soledad de Londres. La infinita soledad de esta ciudad de huérfanos donde todos se cuidan unos a otros y siguen estando solos. La soledad del silencio y de la imposibilidad y otra vez el balcón y los árboles y A. que pasa por el parque que tenemos enfrente de casa y yo y otra vez yo y yo, a la que me encuentro en cada rincón desbordado de la casa y abro la ventana, porque la humedad ya no me deja respirar, aunque haga frío. Porque aquí ya es invierno.

jueves, 12 de septiembre de 2013

...thursday...


Hay muchas cosas que me callo cuando camino por Londres, las frases se detienen frente a las hojas de los árboles y no dicen más. Las palabras pierden su sonoridad y ya no se escucha nada. Me pregunto por qué, a veces con algo de rabia, y sigo caminando. Pero sé que hay algo que no he podido decir.
Ya no he vuelto a soñar desde hace una noche, las pesadillas se han vuelto silencio.
Siento la extrañeza de los días sin cultivar, el pequeño vacío entre la hierba y el naranjo, la pequeña rama caída que se cubre de huecos mojados por la última lluvia de verano. Aquí no existe la última lluvia de verano, porque el sol desaparece y todo se colorea con tardes grises desde Madrid.

  

domingo, 1 de septiembre de 2013

.Sábado.


He pensado en muchos títulos para esta entrada, he ido añadiéndolos en mi cabeza mientras me despertaba, aún en la cama; mientras iba en bicicleta por Hackney; mientras pasaba el sábado. Incluso he pensado en ponerla aparte. Aparte, aislada, fuera. Al final sin pensar llego ahora a la conclusión de que no merece estar aparte lo que se destaca de un modo particular.
Incluso sentí la necesidad VITAL de escribir nada más levantarme y me angustié pensando en que no tendría suficiente tiempo en el espacio que quedaba entre salir de la cama e ir a contact.
Hoy es septiembre, qué mes tan pesado, empeñado siempre en cargarse de metáforas. Pero hoy es septiembre y ayer el último día de agosto y mañana el primer día de colegio y yo, no voy a volver. Eso es lo que pensé ayer por la mañana cuando abrí los ojos. Entonces se me cruzó por la cabeza la palabra venganza...qué cosas!
Entonces me acordé de Sinpalabras y de Tea y de abril y de mayo y de todos los pequeños momentos en que vivía en ninguna parte y me distraía mirando el más allá, y fue en ese momento cuando pensé que todo era una venganza. La revancha del heavy metal, la poesía pura llegó primero pura, vestida de inocencia.
¿Dónde están mis alumnos? ¿Qué será sin mí ahora en sus cabezas? Preguntas al aire o pregúntale al aire, mejor si vas en bicicleta atravesando barrios por la ciudad de Londres. Y pasas de Angel a Hackney y de Hackney a Stoke Newton y en Stoke Newton cambias a otro lugar, un mundo diferente. Gentes de negro, con largas madejas de pelo colgando por encima de las orejas. Mujeres que me recuerdan a las películas de los años 50, niños que parecen adultos de 50. Gentes ordenadas, limpias, de piel blanquísima. Hablan sin hacer ruido, pasean como una familia feliz (porque las familias felices...), con sus propias normas desde dónde existen y son o no son, porque realmente todo me parece un juego de Play Station.
He recogido plantas aromáticas para la ensalada de esta noche, últimamente tengo hambre. A veces los platos son como estampas de los libros de cocina, y no sabes muy bien si estás cenando o eres un nuevo juego de la Play Station.
Ahora me cuesta menos escribir en inglés, lo hago. También tengo que pensar menos al hablar y me tomo el tiempo de corregirme delante de las caras de los ingleses que tienen mi palabra en la punta de su lengua. It´s funny! Sometimes I´ll like to laugh! I do, maybe inside.
En Londres pasas de cualquier parte del mundo a cualquier otra, puedes viajar por el planeta en tu bicicleta sin parar en la aduana. Vas notando en un momento, sin brusquedad, que algo ha cambiado. Entonces el color ya no es el mismo, la luz incluso puede cambiar, tal vez por los árboles. Ahora me parece que en el barrio donde viven los Hasidic los árboles son más altos, y sin tantas ramas por abajo, creo que por eso la luz llegaba con más color hasta el asfalto. También el asfalto cambia y las fachadas, pueden pasar de ser más ruinosas a perfectamente cuidadas, pero todas, todas, parece que tienen los jardines abandonados, cuando las miras por delante.
Un parque puede ser un bosque, el canal un río, barcos que son casas...

- Is this the end of London?
- No, my darling.

Y parece que estás fuera de Londres, porque no se oye ningún ruido urbano. La ciudad de los zorros, el país de Nunca Jamás, porque el otro día intenté escribir que cuando uno se muda de Ninguna Parte al país de Nunca Jamás...

Hoy he visto a Oliver Twist, estaba en casa, aburrido y sucio, sin nada que hacer porque no tiene nada. Mirar al río ya le cansa y hoy no quiere ser visto, porque si no, podría salir a pescar con el sedal. Pero hoy, no quiere ser visto. 
Escucha con repulsión las voces que suben de la calle, el apestoso olor a sudor, a tabaco y a cerveza. Su madre tampoco subirá hoy a cenar, y Oliver Twist no cenará esta noche, porque no quiere, como tampoco quiere pescar. 
Una prostituta, con la voz quebrada se zafa de un viejo borracho que se le cae encima, nadie la ayuda, porque es una prostituta y todo el mundo lo da por hecho, como en España. 
Sin embargo el lugar me parece idílico, el campo, el sendero, los barcos, el canal, la baranda, el banco de madera y nosotras. Todo en una hilera de líneas paralelas, como nosotras, como el amor, paralelo.
Vuelvo a casa, qué es casa..?
Un cementerio. Solo aquí puedes ver lo que ves. El cementerio es un Parque Natural, supongo que lo declararon zona protegida después, me refiero a que primero fue un cementerio, y como aquí no cuidan las cosas, pero tampoco las tiran, es decir, que simplemente las usan con toda naturalidad. Entonces de pronto, entre las tumbas comienzan a crecer plantas increíbles, especies únicas que ahora se vuelven protegidas y ella me dice que este es un lugar perfecto para venir a pasear y traerte un bocadillo y un libro y pasar aquí la tarde. Ella es londinense. 
Seguro que por la noche está lleno de zorros. Yo ahora tengo un zorro en casa, lo que pasa es que lo tengo en el parque, porque ella aún no me deja subirlo a casa ni darle de comer, pero todas las noches nos miramos a los ojos. Yo desde el balcón y él desde el rincón del parque y sube su cola y un poco sus orejas, y yo, pues no sé, porque no puedo verme. Pero me pongo muy contenta y hasta pienso que si no veo al zorro algo no está bien.
Y turkish bread, with potaoes, en el mejor sitio de Londres, no quema, bicicleta otra vez, y un domingo cualquiera para mí es una aventura, un gran viaje.


jueves, 29 de agosto de 2013

...jueves...


A veces siento un agujero en el estómago cuando me voy a la cama, no sé muy bien por qué...es verdad, otra vez me he olvidado de comer. 
La bolsa de té se me quedó toda la tarde sobre la encimera ahogándose dentro de la taza; el café, dormido delante de mí, en la hora del lunch y la comida en la nevera, junto a la sopa de miso. La verdad es que no fue un día muy agradable.

De pronto se me borran las ideas, es el vacío en el estómago, en el calendario, en la bandeja de entrada, en los rostros detrás de la pantalla del ordenador, en las calles de Madrid, en los vasos de cerveza que nunca me puedo terminar, y la lista interminable, la riada de guiones imparable que me escruta desde el cuaderno rojo.
Cierras la puerta otra vez, de nuevo te veo bajando las escaleras desde el hueco de cristal y susurro sin que puedas oírme, porque se me ahoga la voz...bye, y nada más. Se cierra la puerta sin ruido, no quiero volverme, sé que otra vez la casa esta girando en su rutina conocida. No estoy hoy preparada para recoger el agua que chorrea desde la pared, tengo miedo a cruzar el pasillo, sé que de nuevo, el hueco es demasiado ancho para mi pequeño cuerpo.
Ordeno la rutina en la caja de zapatos que nos ha sobrado en el caos de nuestro cuarto, intento que todo quepa sin que quede ningún espació vacío. Me sobra espacio, me pregunto si esto es también un espacio vacío. Pienso en buscar más objetos para rellenar la caja, pero no sé si esto será engañarme a mí misma. No quiero hacerlo. Me quedo un rato paralizada delante la caja, no sé qué hacer.