Mostrando entradas con la etiqueta El monstruo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El monstruo. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2015

Just be normal


He estado con ella, hemos visto el mar en la noche. El Mediterráneo que se parece al Atlántico y esta ciudad que ya no se parece a nada. Hormigón, tetrabriks, ropa de todo a 100. Es más hermoso el olor del Guadalquivir, el sabor de las flores del naranjo, el olor de la madera quemada, la lluvia, tal vez la lluvia.
Tengo los dedos pegados entre sí, escribo saltando desde las esquinas curvas de mi mano unidédica. Miro el teclado y quiero salir corriendo. ¿Dónde va la gente cuando sale corriendo de casa? 
Presente perfecto, el pasado que se alínea con el ahora, dicen también que es el pasado que está más cerca del presente. Será tal vez el recuerdo inmediato, ¿es el recuerdo inmediato más perfecto que el pasado, el lejano?
Aún he estado con ella, aún hemos visto el mar de noche. Tan solo porque fue ayer, aunque no fue perfecto. 
He escrito, hace unos minutos he escrito y he querido salir corriendo. Tengo los dedos pegados, había rebabas de asfalto derretido en el camino hacia casa, se me ha quedado pegado entre los dedos y ahora me cuesta escribir. 
El recorrido, el descenso, la planicie, la lluvia, al menos la lluvia, el asfalto, los edificios blancos grises blancos con aluminio y blancos sin alumninio, cortados con la fresadora de una máquina descomunal y los parques en proceso, los cables del riego automático, el underoverground sin letra cursiva y el monstruo derretido, gigante, ha crecido, visible, ha avanzado avanzaba* por el túnel y también como a mí se le ha quedado quedaba* pegado al cuerpo el asfalto a la masa que hoy ha formado y se ha hecho más grande y me ha mirado miraba* con ojos de asfalto y ha decidido no tocarme esta vez. Yo no me he movido, le he mirado a los ojos y he permanecido inmóvil, como ahora, con los dedos pegados y el pecho alineado.

Y siempre el paisaje, la anchura de esta tierra, los horizontes de arena y tierra seca, los árboles alineados, las casas desconchadas y la soledad, el vacío, la nada. El paisaje, tan solo el paisaje que perdona y persigna y se calla, se calla. 

*Obviously the Imperfect is more perfect than the Present Perfect. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

sábado, 7 de septiembre de 2013

Costumes


Ha llegado impecable, la chaqueta del traje sin una arruga, el pañuelo de la pechera recién doblado y una parajarita de terciopelo azul metálico ceñida al cuello, como a él le gusta, apretada, muy apretada, para poder así disfrutar lentamente el placer de mi asfixia, de mi asma, de mi respiración que se corta en la mitad de pecho, a la altura del centro del universo y muy lejos del centro de mí misma. Yo me he dejado, como siempre. Me admiro de mí misma cada vez. Una vez más me desplomo en el filo de su uña de plata, recién afilada, absolutamente afilada. Esta vez no hay duda, voy a sangrar. 
La luna hoy está oculta entre las nubes y en la mañana las horas se han disfrazado de pesadilla. 
He vuelto a soñar. Eran las cinco y diez de la tarde, pero aún era por la mañana. Veíamos pasar la calle desde nuestro gran ventanal. Yo me ahogaba, sabía que él lo estaba percibiendo y sabía que jugaba a la indiferencia. 
Él recorre perfectamente el camino entre mi vacío y su carcajada. 
Salgo fuera, ya no puedo respirar, me estoy muriendo, voy perdiendo los últimos gramos de mi cuerpo adormecido, me estoy muriendo. Me repito esto una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Es algo que me hace sentirme más segura, es una máxima. La muerte es obvia y por lo tanto, es un referente.
Me armo de valor, esta vez sí voy a entrar y voy a mirarle a los ojos y voy a decirle que me marcho y me voy a girar y voy a caminar hasta el final de la calle y cuando llegue a la esquina dejará de verme y no podrá verme más y yo ya podré respirar de nuevo, como antes de conocernos, como cuando no nos conocíamos. E imagino que voy corriendo entre las fachada y los coches, me imagino en Londres y sueño con llegar algún día hasta Caledonian Road y con montar de nuevo en mi bici, que está oxidada y cubierta de telarañas después de todos estos años, y sueño con que recordaré cómo se hablaba en inglés y cómo se volvía a casa y dónde estaba la biblioteca y en dónde dormía cuando ya no vivía allí pero aún no había llegado a casa. Y volveré a creer que Peter Pan, tal vez existe y que una vez fui una niña y ya no puedo respirar y él está a mi lado. Me recoge pulcramente del brazo, como si yo fuese una bailarina de papel de servilleta, humedecida después de la comida y danzando patética. Y de nuevo me recojo, como si fuese un tablero de Monopoli y me doblo en cuatro partes, una de ellas cortada, perfectamente cortada, para que todo sea perfecto. Porque con él, todo es perfecto, sin mancha, impecable como su atuendo, como el tiempo que invierte en desdoblarme, como el peso del vacío.
Vacía.

domingo, 14 de julio de 2013

Infancia


Bajaba con mi paraguas de plástico transparente y me saludó la vecina del tercero, yo no estaba muy habituada a este tipo de disciplinas pero respondí como si fuese algo normal. 

Lluvia...

Impresiones calculadas con escuadra y cartabón, recursos vacíos que te escupen al pasar y tú disimulas, como con la vecina. 

Vuelve, solo para empujarme en la calle solitaria, solo para que pueda escuchar como me ruegas, que de nuevo te lea el nombre de todos los vecinos en cada uno de los buzones, con tu voz de saliva reseca, con tu aliento de corazón apagado, con tu vagina informe que no es vagina.

Ruégamelo una vez más, sueña con mi voz virgen, de incalculada impresión, pídeme que resurja, invoca a mis genes y clama por mi retorno.

Ella aún espera, sus piernas aún incapaces, se cruzan en medio de la albufera. 

Barco...capitán...espada...te busco.

Infancia, esquinas equivocadas donde nadie va a parar.

martes, 26 de febrero de 2013

Mi chaqueta de Londres


Hoy el monstruo me ha visitado de nuevo, me lo encontré en Madrid, de noche, en mitad de la calle. Hacía frío esta noche y aprovechó esa hora en la que todos duermen entre el final y el inicio. Me crucé de acera, tuve suerte, porque era de madrugada y no pasaba ningún coche, sin embargo, me vio, es imposible darle esquinazo. Soy demasiado visible para él. Volví a cruzar, fui a su encuentro, ¿qué podía hacer? me esperaba como siempre al otro lado de la acera y yo fui a su encuentro. Como me había jurado que no volvería a hablar, no le saludé. Creo que no le gustó, pero siempre sabe disimular un pequeño enfado y gana. Empezó él a hablar esta vez, intenté taparme los oídos muy fuerte, imaginariamente. A él no le gusta que yo me mueva de un modo extraño, por eso lo hice imaginariamente. 
Entonces me lo dijo, me dijo que Londres no existe, que esa ciudad nunca ha existido, que aunque todos digan que está en la isla gigante, es todo una mentira, que Londres es una invención del mundo, que todos creen que es, pero que en realidad es solo un dibujo inventado de los cartógrafos. Me dijo que yo no había estado este verano en Londres, que no, que no había ido nunca a Londres, ni siquiera aquella primera vez, cuando fui como turista.
Nunca he estado en Londres, nunca he estado en Londres, nunca he estado en Londres...  Entonces miré hacia abajo y vi la mancha, como en el libro de Javier Marías, vi la gota que se iba dibujando entre mis piernas y cerré los ojos, imaginariamente, y me dije que iba a dormir y me dormí de pie, en la calle, con todo ese frío. Pensé que esto no estaba pasando y apreté los dientes y se me movían las muelas en la boca como queriendo llorar muy fuerte. Y pensé en big thing y soñé que me enseñaba su mano y que me indicaba el camino de vuelta y escuché la canción de Orfeo y Eurídice y volví a pensar en ella, y apreté los ojos muy fuerte, para ver si sentía otra vez los darditos. Y olía a mar. Y soñé que estaba en la playa y que el mar rugía enfurecido (él siempre está furioso), pero a mí me gusta. Leía. Mi pelo estaba húmedo y yo imaginaba que se me iría rizando cada vez más, que llegaría a casa con la melena llena de tirabuzones y que mi madre se reiría a carcajadas en la cocina (casi no recuerdo cuando tenía el pelo largo, ¿cuándo me lo corté? creo que fue en el mismo tiempo en que empecé a adelgazar). Y soñé con María, soñaba con los niños que pintaban la playa en las rocas. Y la playa se empezó a llenar de agua y busqué a los niños que estaban a salvo y me caían espigas de centeno sobre los ojos y no podía ver bien, pero el centeno traía el olor del pan recién cocido en la arena. Y volví a mirar a los niños mientras el agua me cubría las piernas y se llevaba la toalla, y los niños seguían pintando y soñaban con lavar sus manos de acuarelas en la orilla. Y ella venía, trotando por la pista, soñándome en los años venideros, buscando la acequia donde pararía cada mañana a beber, y me miraba vigilante, desde las rocas, como una gaviota herida, como una mariposa. Y soñé con su piel oscura y con sus manos de gigante y con las acuarelas mojadas y con la sal, con la sal, y me lavé las heridas mientras el sol se hacía de noche y me quedé detenida, mientras los demás se movían. Detenida.

Esta noche hace frío y miedo.

(Ruge el mar, está tan lejos que ya no me habla, donde dejé mi pelo, María, María, María...nadie soñaba esa noche. El sueño estaba amortajado y sin olas.)

miércoles, 30 de enero de 2013

( )


bien reposa la fiera en el antro escondido

Rosalía de castro

e u R í D i C e


ella cabalga aba por el paraje mo
salta teaba las ros ecillas silvestres e hilarantes

ha perdido su boca, de su rostro derretido se desprenden los ojos insonoros, tiene un cordel absurdo en la mano, pero ya no ha vuelto a soñar
tiende su mano   ¿tiende su mano? ...
la mano retoca un bordado de mármol empastado   pero se enfría, el mármol extiende su tacto por la piel tan fina  
la mano

sueña con la muerte, al salir de casa le dijeron que estaría en su camino
piensa Eurídice   piensa
¿Piensa Eurídice?

ha perdido el camino de retorno, no extenderá su mano a Orfeo, porque Orfeo no está, no recuerda nada, pierde la retama de su espalda, se le taponan los oídos con los restos desprendidos de su piel macilenta
está muerta
estaba muerta desde ella

- ¿Estás bien?
- Sí, claro

Resuena el espasmo de Eurídice
Eurídice
¿Quién te ha olvidado?
Orfeo cabalga en su potro inclinado, se borra de la senda el fragmento cansado de las ramas caídas

light here speaks of spring

De nuevo se escucha la voz de la tempestad, tengo pavor a aferrarme a la entena caída, se abalanzan sobre mí, la voz de mi padre se mezcla con el trueno, resuena el sonido de casa en el viento salado, no encuentro el camino a casa.
- Eurídice, escucha, mira, oye, palpa...Eurídice, te am...aba. Se escucha el clamor del silencio, el silencio roto...la mano   otra vez derrotada. Eurídice, escucha. 
Orfeo se gasta, se enloda en su llanto de arena. Orfeo, vuelve, lucha, canta, cierra tus ojos al viento lejano, no escuches la voz de la lanza, recuerda, ama...Orfeoooooo...... 
Pero Orfeo es sordo, Orfeo es ciego, Orfeo ya no canta, Orfeo se ha vuelto de mármol, Orfeo...mi voz se desplaza. Orfeo no me escucha, Eurídice se marcha, la luz se apaga, no hay sonido, no huele a nada. Busco el sulfuro del aire, quiero encontrar el sabor de esta casa. 
No hay casa.

Eurídice, desde ella, no soñaba.

Eurídice sin prisa
Eurídice sin prisa 
Eurídice sin prisa
Eurídice sin prisa
E........


lunes, 12 de noviembre de 2012

Aeropuertos


El monstruo ha venido hoy conmigo al aeropuerto y mientras sacaba mi pasaporte que parece que es el único visado para entrar en este país, pues como iba diciendo, mientras sacaba mi pasaporte a duras penas porque me temblaban las manos y quería disimular y tenía que disimular y esta jodida manía de no pasar desapercibida y la policía restregando su sexo en el esquinazo del escáner y el monstruo que empujaba con su dedo, que empujaba con su dedo, que empujaba con su dedo...como siempre. Entonces, no me he desmayado. Cada vez, cuando estoy en este aeropuerto sueño con desmayarme, en una ocasión me concentré de veras, apreté los dientes con fuerza y dejé de respirar por quince minutos, estuve a punto de desmayarme, pero nada, no lo conseguí. La gente me miraba con asco. Yo, no miraba a nadie.
Hoy otra vez he estado en ese aeropuerto, apestaba a azufre y a carne, apestaba a cuerpos sucios de no lavarse en semanas. 
El suelo se deshacía levemente y todo el mundo caminaba con cuidado. Si alguien rozaba las junturas de los azulejos podía ser expulsado y perder su avión y perder su avión y perder su jodido y repugnante avión, el avión que le llevará de vuelta a casa home sweet home. Y nada otra vez. 
Yo no podía caminar con cuidado, porque tenía miedo de la nada, el vacío otra vez, la descorazonadora idea de romperse el corazón. 
El monstruo empuja con el dedo, restriega su uña ennegrecida por mi piel, por la parte trasera de mis muslos y se ríe de mí. Me recuerda que una noche hicimos el amor en el balcón, delante del tren y que los vecinos no nos vieron, pero que tal vez mi vecina turca nos escuchó y que por eso nunca volvió a saludarme por la mañana y que ya nunca más podré volver a Londres y que no voy a encontrar mi pasaporte y que mi tarjeta de embarque ha caducado y que me sonarán todas las alarmas y que la guardia de la aduana me violará silenciosamente y que nadie se dará cuenta y que con sus garras desarmará mi osamenta y desprenderá pequeñas tiras de mi piel. 
El monstruo me quiere bien, el monstruo me quiere, sí. Nadie nos comprende, pero el monstruo es bueno conmigo. Y empuja de nuevo su uña ponzoñosa y me sonríe con su baba maloliente y me mira de reojo, como en el balcón y yo siento la arcada y no puedo contenerme esta vez y vomito en la aduana y estoy sola porque nadie se ha quedado esta vez a despedirme en la cinta de tela y la de seguridad ha venido a pedirme algo en inglés y mi boca estaba paralizada y el monstruo me empujaba con su uña y yo, pero si yo tenía que estar en la aduana. 
- Por favor, es que voy a perder el avión...por favor...

No me escucha, ella hace su trabajo como si diese una clase de gramática, como si escribiese un libro, como si compusiese una obertura, como si diseñase un edificio moderno, como si le oliese el aliento y me echa el aliento en mis labios, y me lame con la visera de su gorra gris llena de caspa y me dice que es lesbiana y que yo no tengo ni idea de quién soy, que mi pasaporte es falso que en este país se pasan el DNI por los cojones, que mi tarjeta de embarque ha caducado...y yo..."pero si es que llevo una hora en la cola...", pero a ella le da igual, sigue restregándome los brazos y sonriendo con su mueca estúpida.
He perdido el avión. Me acuerdo perfectamente, estaba en el suelo, jugando a morir, simulando que el cuerpo me reventaba, que la presión de las venas bajo la sangre era incontenible, que tal vez explotarían, pero que antes de explotar mi cabeza habría reventado y que antes de reventar yo ya no sería y que antes de no ser tendría que soportar un poco más esta agonía. Una agonía absurda, porque termina y nunca se recicla porque recorre mi cuerpo un líquido putrefacto de basura orgánica de varias semanas en bolsa desechable y que no me lamo, aunque me gustaría.

La foto es demasiado hermosa para tantos aeropuertos...............fffffflllllllllaaasss............

Y cayó en picado.

martes, 7 de agosto de 2012

...el monstruo


Ayer me volvió a visitar el monstruo, era ya muy tarde y yo estaba dormida, en el suelo, con la ropa de los tres últimos días. No había comido nada en todo el día y me dolían las células. "Que no venga esta noche, que no venga esta noche, que no venga esta noche, que no venga esta noche...". Yo había cerrado la puerta, había cerrado la puerta...llamó, abrí el pestillo, le rogué que entrase. Me dijo que no, le supliqué que entrase, me dijo otra vez que no y que no, me arrodillé, le lamí los pies llenos de estiércol y tragué los coágulos de sus guerras, le rogué que me arrojase, le pedí que me besase. Me besó. Llenó mi garganta otra vez de fango y me puso vertical, rígida, el fango se secaba en mi laringe y yo solo podía saborearlo apenas, apenas, porque la gravedad lo empujaba hacia mi ano y allí no podía alcanzarlo con mi lengua. Le ofrecí mi cuerpo, una vez más, se lo ofrecí y lo rechazó, intenté postrarme otra vez, intenté seducirlo, intenté todo, lo juro y él me rechazó. Le ofrecí mi sexo. Lo miré, él, solo él sabía lo que le ofrecía, por un momento tembló, por un momento pensó en penetrar mi vagina con su verga, solo por un momento. Yo la sentí, la sentí dentro y vomité. El fango salió en arcadas rabiosas, yo gritaba y el fango equivocaba el camino, invadía mis pulmones y rasgaba mis venas temporales. Dejé de respirar, lo hice yo, pensé que así sentiría pena por mí y volvería a hundirme su lengua entre los pliegues de mis piernas. Apestaba a podredumbre y yo sentía nauseas otra vez. 

Olía a té turco.
El viento levantó apenas la alfombra de la balconada. 
Se marchó, se alejó apoyando su mano en la baranda y dejó detrás de él un rastro de coágulos menstruales. 
Yo no podía moverme de la puerta, no podía moverme de la puerta, no podía.
Y en un espasmo bestial, se abrió mi boca encajándoseme la mandíbula, me quedé así, con los maxilares rozando ya las encías, me oriné.
Entonces amaneció, eran las cuatro y media de la mañana y amaneció. 
Pasa el tren.

jueves, 2 de agosto de 2012

2-8-2012

Es la primera vez que escribo en el blog de día, es curioso, será por lo del paréntesis, igual es porque me estoy desintegrando o mejor descomponiendo o pudriéndome como la basura de mi pequeño cubo azul. Todo orgánico, ¿cómo yo? Diría que sí por aquello de la carne pero no lo creo. La mente no es orgánica, está absolutamente adulterada y contaminada, es un centro de pensamientos transgénicos que apestan. Quisiera no pensar más, la verdad es que en los últimos cinco meses he pensado menos que en toda mi vida y sin embargo he hecho más cosas que nunca. Tal vez me estoy volviendo más orgánica, por eso será que apesto y me enmohezco como mi basura inglesa. Llevo todo el día en pijama para contradecir a la noche, he vuelto a dormir con el chandal, me meto en la cama con ropa para olvidar que es de noche, que estoy durmiendo y que mi cuerpo horizontal no puede saltar y ser torpe. 
Desde que he venido aquí me acosan las pesadillas y por lo que veo, ahora la literalidad me atufa también el blog. Realmente el hedor es tan insoportable que no soporto esta cuquicocina. Voy un momento a taparme la nariz.
Ahora que recuerdo, esta noche he soñado que bajaba a por leche otra vez y que de pronto me avergonzaba por mi pijama, era de noche y yo estaba en la tienda, he intentado disculparme con el tendero que siempre me coge el monedero para que no me confunda con el cambio y me ha dicho que no me preocupe, que es de día, que solo me cuide un poco más, que estar tan despistada y bajar por la mañana a por la leche en pijama no puede ser bueno. Me ha preguntado si estoy estresada, si tengo mucho trabajo, si tengo problemas económicos. Yo le he dicho que no, que estaba bien, que solo sufro ataques epilépticos y mientras se lo decía, me tocaba entre las piernas, por si me había hecho pis...no sé. Entonces he subido a casa, era de día y no me acordaba de cuál era la puerta, estaba a punto de saltar al jardín desde mi cuarto piso, cuando el vecino de la bicicleta que antes me encontraba todo el tiempo, me ha salvado, según él, de no caerme por el balcón.
Estoy preocupada, porque ayer estuve tres horas gritándole a la pared, hoy me duele la garganta y apenas puedo hablar. Tengo vergüenza de que mis vecinos se den cuenta, de que hayan descubierto que algunos días el monstruo viene a visitarme.
Intento disimular el olor, ayer compré en Camdem incienso del que me gusta, pero no me ha dado tiempo aún a ponerlo.
Cuando viene el monstruo tenemos sexo bestial, repugnante y doloroso. Cuando viene el monstruo me viola en la regadera y me atormenta con su piel de barro hedienta que se cuela en mi vagina. Cuando el monstruo viene solo quiere tomarme y babearme y yo no puedo hablar, porque me acuerdo de la lámpara y siempre tengo miedo del cable. 
Esta noche ha venido el monstruo, me estaba cambiando de ropa, porque me he dado cuenta de que era de día, de que había bajado a por leche en pijama, de que tengo que tener cuidado con el balcón y de que no he comido desde ayer por la tarde. Entonces, me he dado cuenta de que he dormido con el monstruo, tengo todo el cuerpo lleno de mierda.
Voy a llamar a mi vecina turca, ojalá me invite a un té en su alfombra y le pueda convencer de que yo nunca he estado en el Atlántico.