lunes, 14 de mayo de 2012

Música maestro


Exorcización de las nubes resquebrajadas.
Exhalación de los días derrotados.
Estupidez de las palabras maldichas.
Encontronazos con las costuras del verbo.
Escapatoria imposible, soñada.
Espirar y expirar.
Entonces, ¿qué?
Encontrarte y desencontrarte y no darme cuenta de que has pasado y ver que el amor se vuelve siempre diminuto en la calle y pensar que así se desmembraron todos los amores, caminando en un desmayo cuesta abajo, cuesta arriba, en línea recta.


Desafiar al instante, retarle y vencer o fingir que has vencido y caminar en un desmayo.


Escupir en algún nombre y alienarse en frases repetidas hasta la nausea.


Difuminar el contorno y derrotar la superficie. Soplar y dar la espalda.


Envolver tu cobertura con cuidado y creerte a salvo. 
Estudiar tus líneas de las manos y lanzarte en picado hacia tus palmas y colarte dentro y traspasar el mundo real y no querer volver.
Escribir en el autobús.
El calor en la piel y de nuevo no identificar la temperatura que se mezcla con el recuerdo de los días ordenados. Como vivir por primera vez en coordenadas desconocidas que descubren estaciones. La piel tiene memoria y sin embargo, se desconecta como todo lo demás de aquellas sensaciones no infantiles. Tal vez allí todo era puro. 

4 comentarios:

Resistencias nulas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
la mujer del sombrero de ala ancha de caracol dijo...

Tal vez...las calles de la ciudad se repiten interminablemente cotidianas en mi vida.

Resistencias nulas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
la mujer del sombrero de ala ancha de caracol dijo...

Sabio