Entra en casa, la madeja se enreda por las estanterías y enredará tus tobillos.
En la puerta de mi habitación el viento vuela mis textos.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Nubarrones
El aire ha estrujado mi ventana y ha roto en un solo golpe el cristal, el frío del otoño avisaba, pero nadie podía escucharlo. Yo me he dejado llevar, he soñado otra vez que estaba en London, que la vida no se me derramaba en acciones de papel. He soñado, he vuelto a respirar. Voy a apretar muy fuerte los ojos, como si pudiese desaparecer.
¿Dónde está el corner shop? Me miro por si he vuelto a bajar en pijama ¿Y mi pijama verde?
Siento esa horrible sensación del miedo, de la garganta agarrotada, no puedo tragar. Me consumo en un pensamiento circular que me araña las neuronas. Me convierto al escepticismo en un golpe de aire, me dejo arrastrar por las olas de la nada y consumo los minutos como cigarrillos de recuerdos que ya he olvidado.
Vuelvo la vista un instante, por si me he dejado algo en el hotel, pero como siempre, lo llevo todo. Cierro la puerta y estoy en mi cama, desierta y muda, como mi garganta paralizada. Voy a mirarme los pies durante un buen rato, tal vez así consiga enfocar la vista esta vez. Pero los ojos bailan su danza particular y ya no me obedecen. Me dejo llevar, el vértigo no me asusta.
No me tapo con la sábana sucia porque me recuerda a los días del verano, me he guardado un resto de sudor en el bolsillo, para rebozarlo en la cama antes de depositarme.
Good nigth, darling!
viernes, 14 de septiembre de 2012
Agarraos
- ¿Baile?
- ¿Cómo dice?
- Baile
- Y..?
- ¡Bah!
Y cada uno salió por una de las puertas de la cafetería.
Yo me los encontré después, en el cine, quise preguntarles cómo se encontraban, por sus gestos estaban verdaderamente tristes, verdaderamente tristes, pero no me atreví. Me quedé petrificado, mirando sus siluetas desaparecer en el contrasol de la calle Atocha. Eran como todos, realmente nada les diferenciaba del resto de peatones, sin embargo para mí eran especiales. Se habían colado en uno de los párrafos del Orlando mientras leía en el vagón número 4 de la línea 10. Me recordaron de pronto una absurda canción y decidí cerrar el libro para mirar fijamente la pasta hasta que llegase a casa. Aún me quedaban 20' pero tal vez seguiría mirándola fijamente al salir del metro, mientras caminara por la calle.
Tal vez.
- ¡Oh! ¡No! ¡Otra vez me he quedado dormida!...(respiración cansada) Otra vez tengo ganas de vomitar.
Me pregunto cuándo acabará esta náusea interminable.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Timetable
He desarrollado una nueva técnica de autolesión, creo que esta vez he logrado perfeccionarla tanto que podré patentarla en alguna potente multinacional, creo también que tendrá éxito y que podré hacerme millonaria con ella.
Pasa el tiempo, pero ya no me doy cuenta, he conseguido esquivar el Madrid de charanga y pandereta, he visto a mis colegas deslizarse por un parque acuático de cerveza, anegarse los órganos sexuales con burbujas de cebada y pasar página, como si nada.
Viajo en el metro y escucho hablar de estos días de verano, observo como los urbanitas portan sus botines vacacionales cual fetiches que les aten a una vida que temen, siento como evitan en el pecho que el collar se deslice hasta rozar demasiado la piel. Evitan mirar sus pequeños souvenirs.
Por eso he decidido clavarme entre los senos un pequeño collar que compré en un puesto de quinta mano en una calle de Nothing Hill. Me he sentado en el canal para ver la caída del sol mientras me clavaba en el pecho las pequeñas bolitas. Nada ha pasado.
Por un instante mi cuerpo se ha llenado de grasa y he sentido la fetidez de la carne, la putrefacción de los animales muertos, el olor a tristeza de los ojos los peces. He saboreado un trozo de mi camisa de Amsterdam, pero ya no sabía a nada. Y cuando estaba desprevenida, Alicia me ha disparado las flechas de su reloj rojo de comunión con un arco invisible y me ha abierto las heridas.
Ahora, simplemente me desangro sola en la casa. Todas duermen y yo despierto a la noche con el sonido loco de mi teclado que una vez acarició Sinpalabras.
lunes, 10 de septiembre de 2012
Me alcoholizo o no me alcoholizo...
this is the question. Me he asomado a la puerta de casa y casi me caigo al acantilado, ¡oh, no! ¿dónde está el balcón? This is Spain?
Me voy a la nevera, cojo 1 cerveza, cojo 2, cojo, 3 cojo 4, cojo 5, cojo 6... Me emborracho sin que nadie se dé cuenta y me autoinmolo. Ya no obedezco a nadie, ya no quiero a nadie, ya no espero a nadie, ya no tengo a nadie, ya no autorizo a nadie, ya no soy nadie.
Vuelvo al hogar, tengo un paraguas, una garrapata y un sombrero, pero como no sé qué hacer con ello, pues decido tirarlo a la basura. Paso bajo la enorme puerta y busco el corner shop, where is? No idea. Ok, me voy. Subiré a casa y compartiré con el monstruo la leche podrida, mi té se abrirá como un caleidoscopio y podré escarbar entre mis dientes trozos de nata cortada. Así será.
Me rasco obsesivamente en la trastienda de mi brazo y trozos de gomaespuma se derraman sobre la cocina. Ahora ya no estoy aquí, pero mi cocina, sigue siendo la misma, ¿la misma?
Tengo sueño, parece que me voy a la cama. Antes, me esconderé en el desagüe del lavado y me anegaré en su suciedad, comeré pelos mugrientos y plenos de moho gris y coagulado.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Nothing
Ahora vivo en paréntesis, hoy por ejemplo, he bajado del autobús y he corrido como siempre a punto de caerme, siempre me resulta difícil mantener el equilibrio entre el segundo piso y el primero cuando el conductor arranca. Me he reído, como siempre, por dentro, pero desde mi silencio las caras sin rostro me han mirado sin ojos. Estás vacía, estoy vacía...como la fiesta.
He intentado comerme una patty pero la verdura especiada me ha reventado en la cara y me ha salpicado el pensamiento. Imposible tragar. La tortura de respirar un aire viciado y refrito.
Recuerdo los días del sonoro vaivén de las hojas enfriadas, recuerdo el murmullo del tren que relataba mi vida, recuerdo el sabor de los pasteles de colores que ya no tienen momento, recuerdo que estoy aquí, me recuerdo que estoy aquí, leo mis labios con el verbo deletreado y me pellizco los brazos con la rabia adulterada. Escupo en mi entrepierna.
lunes, 3 de septiembre de 2012
31/8/2012
Ultimo dia. Mi viaje ha terminado. Mi ordenador blanco y pequeño escribe ahora en modo ingles y no tengo tildes. Escribo esta entrada con el dolor encajonado en la maleta de mano, escribo porque el tiempo pasa implacable y los acontecimientos no puedo detenerlos. Me hubiese gustado tantas veces cambiar el eje del planeta. Hoy por ejemplo, ella estaba entre mis brazos, me sostenía con fuerza increpando mi belleza en el arsenal de la niebla. Me empujaba contra la columna y ahogaba mis palabras. Me soñaba con fuerza de luchadora de esgrima y me decía, Don’t give up.
Volvere a tus brazos, volvere a este London de sudor repetido, volveré a sus calles humedas de envoltorios de comida, volveré a Hackney, volveré a ¡casa! volveré a mi vida, volveré con una maleta diferente que no contendrá ropa, que contendrá simplemente tazas para el te. Una maleta llena de envoltorios de caramelo azul.
Hay días confusos, días en los que no se puede vivir, porque la vida es inmasticable. Hoy por ejemplo, no logro pasar por mi garganta este trozo de tarde que se me ha atravesado.
Quiero un planeta para mi sola, quiero olvidar mi existencia en orgasmos, quiero deglutir esta espuma amarga que me deja siempre la vida en las comisuras de los labios. Quiero que pase el tiempo y agotar en mis besos el absurdo. Quiero beber agua en tragos absurdos y locos.
Hoy no es un dia para escribir, pero nadie me ve. Llevo aquí dos meses y me he convertido en las letras pensadas, ahora nadie me ve. He logrado derrotar al tiempo. He logrado dar esquinazo a la ansiedad que me quería derramar en el aeropuerto. Pero sigo siendo un párrafo. No, no es un dia para escribir. Pero mi blog se merece una ultima entrada para London’s diary y es esta. Pobre entrada en un dia donde el limite entre la vida y la muerte, la razón y la cordura, se besaron antes de entregar el pasaporte.
Esta tarde, he vencido a la locura.
London’s diary acaba aquí, no necesito mas este diario. Volvere a Londres, pero ya no contare los días.
Lo vivido esta aquí solo en una pequeña parte, porque este diario nunca entenderá que yo no fui a Londres de vacaciones, que no fui de viaje, que no lleve ninguna maleta. Pero este diario hablaba cuando yo aun no sabia que podía decir, cuando yo era un puente entre old y new. Ahora ya no necesito relatar como una tarde en una acera de Dalston Kinsland encontré un pedazo de mi camiseta de rayas. Ahora ya no necesito narrar. La búsqueda acaba aquí. La interrogante se cierra en una piel oscura, en el segundo piso de un autobús, en un trago de alcohol. La interrogante queda como una pieza de museo. Porque pensar ya no es pensar, pensar es solo seguir pensando. Los valores se han destrozado, el caos impera en el descansillo. Ya no tengo casa, ya no existe la casa, porque la casa es un espacio infinito donde me escondo en un pijama verde.
Tal vez en un rato me quede dormida.
Solo una cosa mas. A veces, no puedo reconocer la realidad, como ahora.
Tengo que pensar, mañana.
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