miércoles, 18 de julio de 2012

17-7-2012


Recorro calles de nuevo, esquinas que vi por primera vez a mi llegada. Cuando no sabía nada y ya me dejaba llevar por esta ciudad con sabor a galleta revenida. Cuando no reconocía nada, solo un poco por los días que vine, por las primeras veces, cuando no viví, cuando solo venía. London Fields es un espacio que reconozco poco a poco, pero que he pisado ya varias veces con mis deportivas. Allí hay un prado inmenso y hoy he sentido el frescor atlántico en mi rostro, el olor a hierba recién cortada, como dice blogopausas. Su nostalgia es mi mirada ingenua, una mirada que a veces no mira porque se envaga entre ensoñaciones y supervivencias.
Mis alumnos dicen que sus diarios son muy subjetivos. Como si eso importase. Mi diario es mi respiración en esta ciudad donde puedo respirar desde el primer día. Mi diario es mi agradecimiento a sus calles que me permiten posar las suelas de mis Doc Martens una y otra vez. Mi respiración pausada y mi mirada ondulada que puede pasarle desapercibida.
Hoy he querido fotografiar London Fields, el parque de los perros diferentes donde giro cada día, para que me duelan las piernas, porque necesito sentir los músculos clamándo adormecidos en su insomnio doloroso.

1 comentario:

Resistencias nulas dijo...
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