jueves, 5 de julio de 2012

4-7-2012


Otra vez he recorrido su piel, de nuevo he deambulado por la rugosidad de  su tersura de vieja, una vez más ignoro si la amo, vuelvo a recordar como la deseaba, como la buscaba imposible cuando desconocía el significado de la palabra huida, cuando yo era tan joven que ni yo sabía que era tan joven.
Ulises no previó esto, Ulises, el desprovisto, no sabe caminar porque desconocía que en una ciudad marchasen tantas personas, Ulises recuerda a sus soldados, cierra fuerte los ojos para sentir apenas con todo su único deseo la presencia amada de su presente Leónidas, lo llama esquivando los darditos que pinchan sin rebotar en sus ojos.
-Leónidas, te amo, te amé siempre, Leónidas, nunca olvides los días del amor, Leónidas... Pero Leónidas no responde más.
Ulises  camina invisible, camina entre todos, pero todos caminan hacia una dirección conocida porque están ocupados, mientras, Ulises fija su mirada en las piernas de los otros. La calle se ha vuelto piernas, pies que se dirigen a todas partes, ojos ciegos que saben dónde van, que ya no piensan. La guerra les ha alienado y Ulises de nuevo llama en silencio a su amado, el que siempre miraba hacia la casa.
-Ulises, estás solo, Ulises, camina.

Miro hacia las esquinas y los fantasmas me aguardan, siento que yo tampoco soy invisible, nadie me ve. Busco algo donde refugiarme pero no consigo desaparecer.
Me guardaré de las llaves.

Y una vez más el sueño hipnótico me secuestra otra noche, como en los días bestias.

2 comentarios:

Resistencias nulas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Resistencias nulas dijo...
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