sábado, 14 de abril de 2012

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Despiertas entre colchones de maderas hacia arriba y tu piel se encuentra rasgada por el sopor. Intentas desperezarte, pero una astillita se te ha clavado en el omoplato, sí, en el omoplato hueso, y está ahí, incrustada hacia abajo y tu brazo no da tanto la vuelta como para extraerla. 
Te duele la epidermis de rascarte con la noche inserena, a pesar de que has dormido. El cerebro es de corcho y suele descansar entre almohadones, pero esta noche se ha fugado con el embozo. Dijo que volvería por la tarde y yo...ahora estoy sin cabeza !!! ¿Qué hacer? Me pregunto retóricamente mientras me busco por la cama. Claro, es que está demasiado oscuro y por eso no me veo. Decido cesar en mi búsqueda, puede que me agote, y estas blogonoches necesitan de energía, no me queda mucha, por eso tengo que guardarla para dormir. Pero...y ahora...dónde están mis ojos. Dicen que se han marchado al bosque, para restregarse entre ramas. ¡Ay! Me escuecen. Voy a cerrarlos muy fuerte, así creeré que nada de esto está pasando. ¿De qué me suena esta frase? Esto no me está pasando a mí. A ver...a ver...no recuerdo...


Me voy a la cama otra vez. Son repeticiones remotas de unas vidas que se doblan en mil pliegues y de cada plieguecito brota un segundo insomne. Plieguecitos de horas añadas que ya me pesan en el sombrero. ¿Por qué no me quito el sombrero? ¡Tiene gracia! Me quito el sombrero señora, me quito el sombrero ante usted y le beso la mano en una nausea maldita, sin embargo vive en mí. 
¡Fuera!


¿Por qué los minutos se marchan? y ¿los días me esquivan? ¿por qué la vida tiene que pasar y por qué yo tengo que notarlo? ¿Por qué tengo que vivir? ¿A quién se lo debo? No quiero responderme, pero el reloj...me gustaría simplemente olvidar. No recordar quién soy, ni quién fui...olvidar el futuro como en una tercera parte de un folio blanca...blanca, blanca, blanca manchando mis manos desiertas. ¡Plántame una palmera! ¿Sí? Plántame una palmera en la planta de mi mano, me gustaría que echase raíces por mi cuerpo seco y que se fuese la sangre. Solo la madera retorcida, la madera flexible por la lluvia. Y no pensar que qué...No, adiós, hasta nunca.


Tengo frío, ¿dónde dejé la madeja? Me cubriré esta noche con sus hilos, solo para tener algo menos de frío. Algo menos de frío, solo un poco de calor, por favor...

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